La esquina

Protesta sindical con sordina

LAS manifestaciones de los dos sindicatos mayoritarios contra la insinuada reforma del sistema de pensiones han desencadenado la tradicional guerra de cifras. Es una polémica irresoluble, pero ni los mismos convocantes se atreverían a asegurar que han sido masivas, clamorosas y espectaculares. Los movilizados apenas han trascendido el limitado círculo de los propios líderes, aparatos y activistas del sindicalismo organizado.

La capacidad de movilización de CCOO y UGT es, sin duda, bastante superior a la mostrada en estas marchas. Eso quiere decir o que la reivindicación planteada no es tan sentida por las bases y los trabajadores en general como se pretende, o que las dos centrales no se han empleado a fondo para sacar a la calle a sus huestes. Lo primero indicaría que la reforma de las pensiones no es lo dañina que se dice; lo segundo, que los sindicatos mayoritarios se han limitado a darle un pellizco al Gobierno. "Un aviso de guante blanco a Zapatero", tituló expresivamente El País.

Llamar pensionazo, con toda su carga semántica de recorte social catastrófico, a esta modesta reforma ya denota un rechazo más simbólico que real. El Gobierno se encargó de dejar en el limbo su primitiva intención de aumentar el número de años cotizados a efectos del cálculo de las pensiones de jubilación y, horas antes de las manifestaciones, Zapatero terminó de quitarle hierro al asunto subrayando que el retraso de dos años en la edad para jubilarse (de 65 a 67) no se hará por decreto, sino por consenso, con los sindicatos como destacados protagonistas. No faltaron en la movilización de Madrid algunos diputados socialistas, incluyendo la portavoz del PSOE en la comisión del Pacto de Toledo, que quiso darle el citado "aviso de guante blanco" al Gobierno que sustenta y defiende. En misa y repicando.

Los sindicatos se molestan cuando se les retrata en el espejo de su tibia respuesta ante los gobernantes actuales en comparación con las que han organizado a gobiernos de otro signo político (y también en comparación con la que dieron las mismas UGT y CCOO a los gobiernos de Felipe González). Dicen que Zapatero no recorta los derechos de los trabajadores, y por eso no organizan huelgas generales y cosas por el estilo. Más de cuatro millones han visto no recortado, sino directamente suspendido, su derecho al trabajo, que es uno de los fundamentales, y ningún sindicalista lograría convencernos de que con Rajoy en La Moncloa en estas mismas circunstancias no habrían paralizado ya el país.

Reformar el sistema de pensiones es una necesidad para garantizar su futuro (su sostenibilidad, diríamos ahora) y el Gobierno debe atreverse a hacerla por pura responsabilidad. Aunque los sindicatos le den avisos de guante blanco, y aunque pasen a mayores.

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