Editorial

Un programa para la vivienda

EL Plan Concertado de Vivienda y Suelo 2008-2012 de Andalucía, presentado ayer por Manuel Chaves y el consejero del departamento, Juan Espadas, tiene como objetivo ejecutar 132.000 actuaciones de vivienda protegida (300.000 en total), tanto en régimen de venta como de alquiler, a lo largo de los cinco años de vigencia. Se trata de que en el año 2012 cuatro de cada diez viviendas que se terminen de construir sean protegidas, para lo cual se prevé una inversión pública de 3.000 millones de euros y 9.000 millones de inversión privada. El plan, que ha sido negociado con empresarios, sindicatos y ayuntamientos, contempla una serie de acciones conjuntas de los sectores e instituciones implicados: ayudas públicas para los ciudadanos de rentas inferiores, sobre todo jóvenes, que pretendan acceder a una vivienda; incentivos económicos también para los promotores que participen en algunos de los programas previstos en función del número de VPO que planeen, y la participación de los ayuntamientos en las reservas de suelo y localización de las urbanizaciones, entre otros aspectos. Puede decirse que el plan es ambicioso, aunque llega después de muchos años de dejación de las autoridades autonómicas en una materia en la que está en juego el derecho constitucional a una vivienda digna. Y llega en una coyuntura poco propicia. Por un lado, el retraso en la adaptación de los planes urbanísticos locales a la Ley Orgánica de Urbanismo de Andalucía y los cambios en los planes de ordenación territorial dificultarán la oferta de suelo en condiciones de ser utilizado para las viviendas de protección oficial comprometidas. Por otro, la falta de liquidez del sector financiero no ayuda tampoco a agilizar las iniciativas de promoción inmobiliaria en este subsector de VPO, hasta ahora postergado en beneficio de la vivienda libre, de gran rentabilidad hasta el estallido de la crisis. Hará falta imaginación, consenso y esfuerzo de todos para que este plan, que se aprobará formalmente en las próximas semanas, no acabe siendo más un deseo bienintencionado que la realidad que urge.

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