El verdadero valor del tiempo

  • El traslado de la Cofradía del Cautivo volvió a demostrar el poder de convocatoria en una cita que se consolida en el Sábado de Pasión.

HAY momentos en los que la verdad o la realidad establecida dan un giro de tuerca. Por esto, si es cierto que el tiempo es oro, no lo es sólo por lo que supone perderlo o por procurar su máximo aprovechamiento, sino que también lo es por lo que cuesta encontrarlo. Pero entre rocas como la rutina o las prisas, difíciles de quebrar, existen momentos que se aquilatan con el peso de una constante tan intangible como certera. Eso es lo que se vive junto al señorío, en todo su significado de Nuestro Padre Jesús Cautivo. El tendero, el florista o cualquier ciudadano de a pie sabe que la mañana del Sábado de Pasión, al igual que lo fue la del Lunes Santo años atrás, es uno de esos días, o quizá el día, en el que las manecillas deciden no caminar por unas horas y que sea la propia luz del día la que marque los tiempos. Y el primer toque de atención lo da el mismo alba. Y el amanecer de ayer, como el de siempre, fue el momento en el que el Señor de Málaga junto a la Virgen de la Trinidad Coronada partió desde la iglesia de San Pablo para reencontrarse con su barrio y los muchos, miles que cada año no se pierden su cita con el de la túnica blanca.

A penas pasaban las 10:00 cuando los sagrados titulares de la cofradía del Lunes Santo entraron en las dependencias del Hospital Civil. Allí le esperaban el propio obispo de la diócesis, Jesús Catalá, el hermano mayor de la corporación trinitaria, Juan Partal, y representantes del cuerpo de Regulares, hermano honorario de la Cofradía del Cautivo. Amén de una cantidad de almas imposible de cifrar. Esta cita llegó hace mucho tiempo a un punto, en el que la afluencia masiva de público, cuando se trata de compartir el espacio y el tiempo con Jesús Cautivo, ya no es noticia. "¿Por qué te quiero tanto, Cautivo?" era una pregunta que lanzaba al aire Antonio Banderas en su pregón de la Semana Santa del pasado año. "Porque eres pueblo como yo", contestaba él mismo dándole voz a su personaje de Carmen. Y el pueblo sabe que es más una cuestión de sensaciones y sentimientos. Los cuales hacen que se paralicen cada uno de los mundos destruidos que se reconstruyen a su paso, aunque sea de forma fugaz. Así, lo demostraban las escaleras del Servicio de Urgencias del Hospital Civil que no se veían porque allí estaba de pie, un ejército de espíritus pacientes para los que no importaba esperar desde más de media hora antes de que el trono de traslado llegara hasta allí. Era una lista de espera que, el contrario de las habituales, no se recrudece con el transcurso de los minutos y que tampoco hay que lamentar porque se saben que el remedio, aunque sea breve llegará de un momento a otro. Al cruzar el muro del patio del recinto hospitalario se cumplió la tradición de que los portadores cedían los varales al personal sanitario del centro. Profesionales que trasladaron a las imágenes hasta la tribuna donde esperaban algunos enfermos para recibir la visita de Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad. Aunque sus instantáneas permanezcan cada día en varios rincones del hospital malagueño.

Durante la estación el Hospital Civil se vivieron momentos de mucha intensidad como el canto por saetas de Diana Navarro que, ataviada totalmente de negro y luciendo mantilla, provocó incluso el llanto de emoción de muchos de los presentes. También cantó una saeta el también malagueño Antonio Cortés. Sonaron incluso colombianas a cargo de las voces, entre otros, de María del Carmen Gaitán y Alberto Castellón. Por último antes de que las imágenes abandonaran el hospital sonó como siempre el Himno del Cautivo. Las ventanas del edificio se abrían mostrando más vida que nunca, quizá porque al otro lado no faltaba la esperanza. Esperanza que ayer se pintaba de blanco, y no en una bata sanitaria, sino en una túnica.

Pero extramuros del centro hospitalario, el tiempo seguía pasando según el ritmo que marcaban las imágenes. Toda espera era poca. Y como las ganas eran muchas, cada uno se agarraba a lo que podía, que generalmente en un clavel rojo. Una flor común donde las haya pero que cada vez que el Cautivo se traslada, aumenta su valor, como el del referido tiempo. Es el tributo que se entrega, y se lanza, para estar más cerca del Señor y de su madre. Es admirable con la puntería y el acierto con el que caen cada uno de los ramilletes a los pies de las imágenes. Tanto es así, que es imposible pensar en esta procesión y que la imagen mental no sea la de Jesús Cautivo y la Virgen de la Trinidad cubiertos hasta más arriba de la cintura. Una montaña que no deja de crecer tanto por delante como en la trasera del trono. El exorno floral, a parte del improvisado, eran dos piñas con claveles rojos. Ayer la casualidad hizo que, al caer, un clavel se prendiera de las potencias del Cautivo. También es habitual ver como una furgoneta recoge en puntos intermedios de recorrido algunas de las flores. Las mismas con las que se construye el monte sobre el que procesiona en la tarde del Lunes Santo la imagen el Señor.

Cada tallo, cada pétalo esconde una petición, una lágrima o un agradecimiento. Muchas eran la historias que resonaban o se imaginaban en cada lanzamiento; un pétalo por cada uno de los días en los que azota el desempleo, por cada día en los que la salud deja de estar presente o por cada día en el que el recuerdo de los que ya no están se hace más imborrable. Cada uno tenía sus motivos. Incluso rogar por algún punto que afiance al Málaga CF en la zona de Champions, como debió pensar su entrenador, Manuel Pellegrini, que tampoco faltó a la cita acompañado de su segundo entrenador.

Por su parte, la Virgen de la Trinidad Coronada salió ataviada de hebrea a la espera de ser vestida para la salida penitencial del Lunes Santo una vez que se entronizara en la misa tarde de ayer. En el apartado musical participó la banda de cornetas de Jesús Cautivo que siguió demostrando el gran nivel musical en el que se encuentra, tal y como se pudo comprobar recientemente en la jornada de traslados del Domingo de Pasión acompañando la Archicofradía de la Sangre. Tras el trono iba la banda de música de la Trinidad Sinfónica que este año celebra su quinto aniversario.

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