CARPE DIEM

Pedro Farias Batlle

'Doblá'

MAGDALENA fue visionaria. Su expresión de orgullo andaluz es ya una frase para la posteridad con muchos usos. Ha servido, sin ella quererlo, para aplicarse a infinidad de cosas. Fue capaz de adelantarse a lo venidero. Y me acordé de ella el otro día al leer un informe de la Unión Europea que afirma que el doblaje de películas y series dificulta el proceso de aprendizaje de otras lenguas, sobre todo del inglés. Qué razón tenía: antes partía que doblá.

El doblaje en el cine y sobre todo en la televisión se confirma como un elemento que no ayuda, sino perjudica al aprendizaje de idiomas. Que los niños, grandes devoradores de televisión, escuchen a Mickey o a Bob Esponja en inglés, aumenta espectacularmente su capacidad de entender y aprender la lengua. El dominio que del inglés tienen muchos nórdicos se debe en un alto porcentaje a que todo el consumo audiovisual lo hacen en formato original. El conocimiento del inglés en España sería mejor sin el doblaje, que por cierto es uno de los mejores del mundo por los muchos años que llevamos de práctica. Está demostrado que oír diariamente otra lengua, sea la que sea, es una magnífica escuela. Para muestra, un botón: mi sobrino murciano, cuando tenía 7 años, sorprendió a sus padres y a toda la familia hablando un muy correcto valenciano. Parecía un fenómeno paranormal pero la explicación llegó cuando tras indagar con la chica que lo cuidaba se enteraron de que llevaba un año viendo la Bola del Dragón en el Canal 9 valenciano. Créanme, funciona.

Y no digamos si los adultos tuviéramos que oír las películas en versión original por sistema. Incómodo, si, pero no iríamos por el mundo gritando plis, du yu espik spanish. Y podríamos disfrutar de las voces reales de los actores, elemento original que siempre perdemos de una buena película. Aunque hay voces que es mejor no oír ni siquiera en formato original. Hay políticos a los que sería mejor perder y doblar permanentemente para evitar que digan fluidas sandeces en cualquier idioma. Un político que parece tener facilidad para las lenguas es Aznar, que acaba de estar en Estepona. El mimetismo idiomático y los acentos del ex presidente nos han dejado, junto a sus comentarios, youtubes de gloria. Y suma y sigue.

A lo mejor sólo hay que desear hablar el idioma para conseguirlo. Esto es lo que dice la película El Secreto -en idioma original, por supuesto- y también el libro del mismo nombre. La obra de Rhonda Byrne lleva tres años, en Málaga y en el resto de España, entre los libros más vendidos y es la biblia del movimiento positivo. Postula que lo único que necesitas es desear algo con todas sus fuerzas para lograrlo. Afirma que así podemos hablar inglés o convertirnos en millonarios. Quién lo diría. Todos estudiando y trabajando como locos y era así de fácil. Seguro que el pensamiento positivo ayuda, pero me temo que ni en Semana Santa obra milagros. Así que, mientras tanto, enjoy the day o carpe diem.

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