Y a usted, ¿le atienden?

Pedro Caballero-Infante / Caballeroinf@hotmail.com

Estupefacientes

Carmela lleva un rato viendo cómo don José está abstraído manejando papeles, por lo que cree que su referente amigo no se ha percatado de su presencia.

Cuando el boticario levanta los ojos, por encima de las mínimas lentes que usa para ver de cerca, se encuentra con la indagatoria mirada de Carmela, cliente habitual de la farmacia, que le dice:

¡A la de Dió, que lo veo a usté más liaoquer moño una loca! Que, por sierto, como no lea usté deprisa, se le van a acabá las gafa! ¡Ya no le quea que una mijita de cristá!

-¡Qué te gusta un cachondeo, Carmela!

Como el farmacéutico no es capaz de trabajar bajo la mirada escrutadora de nadie, recoge recetas, listados y libretas con la intención de retirarse a su despacho no sin antes, por su extremada educación, explicar el porqué de esta apresurada huida.

-Perdona, Carmela, pero esto es muy importante.

- ya es hora de que contrate usté a arguien tanto papéý Mi cuñao, sin í más lejo, tiene las tarde libre y entiende de númeroý ¡tela!

-¿Sabes que esto, que tú llamas papeles, es una relación de estupefacientes?

Y así, el farmaceútico aprovecha la ocasión para explicar a la concurrencia que se trata de una declaración oficial de tóxicos que ha de presentar semestralmente, amén de las recetas dispensadas de estas sustancias cada tres meses.

El tema es tan importante que el boticario hace hincapié en la lógica y extremada burocracia que tiene la sola dispensación de un envase de cloruro mórfico.

-Cuando entra una persona con este tipo de prescripción me echo a temblar.

Y da dos razones que justifican esta preocupación. La primera, porque se trata, en la mayoría de los casos, de tratamientos analgésicos para procesos oncológicos terminales y la persona que porta la receta generalmente tiene su espíritu, y también su cuerpo, masacrado de dolor.

La segunda razón es que, con mucha frecuencia, la solicitud del estupefaciente viene incompleta. Falta la receta específica, o la de extradosis; el certificado médico u otro requisito.

-Y, ademá, estas droga tendrán que vení del extranjero y de más lejo.

-No. El opio se saca de una amapola.

-¿La de los trigales verde?

-Noý precisamente.

A la extrañeza consiguiente explica la diferencia entre la roja y la malva.

-Esta última es la Papaver somníferum que se cultiva aquí, en Andalucía.

-Así, ¿a la güena de Dió?

-No. Controlada por inspectores farmacéuticos.

Al existir en el mercado farmacológico una presentación en que una sola toma rebasa la mínima terapéutica, estas prescripciones de extradosis se han hecho más frecuentes.

-Y en estas condiciones, ¿cómo ponerle más pegas al familiar?

-¡Qué verdáý, usté! Entavía me acuerdo derprobesito de mi suegro, quen gloria esté, que hasta er Manolo aprendió a ponerle las inyesione porque arfiná rabiaba de doló.

- yo, hija, ¡qué quiere que te diga!, si Dió me manda argoasín, mejón me tiro ar tranvía.

-Pó si te coge en Sevilla, te tiene que tirá dos vese que te mate. ¡No va despasio ni !

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