EL PUCHERO

Teresa Santos

La paridad

ALGUIEN acaba de enviar un cuento corto a mi correo electrónico. Narra la historia de una mujer que es rechazada cuando pregunta a un hombre si se quiere casar con ella. Lo mejor del cuento es la moraleja. Consigue realizarse como ser humano gracias a ese rechazo, que trasladado a la cruda realidad supone que no hará gratis de fregona y podrá hacer de su vida lo que le venga en gana, incluso casarse cuando encuentre a un prenda capaz de convivir sin necesidad de imponerse. El problema, dice la autora de la historia, es que desde pequeñas las mujeres parecemos programadas para hacer realidad el otro cuento, el del príncipe azul, un comecoco que casi acaba con nuestra capacidad de raciocinio.

Lo cierto es que cuantos más pasos se dan a favor de la igualdad, más obstáculos va encontrando este derecho fundamental. La ley aprobada no impide que se siga cuestionando y que incluso a políticos nada sospechosos de ser retrógrados mentales se les haya podido escuchar alguna vez aunque oficiosamente eso de que la paridad acabará perjudicando a las mujeres porque "llegan arriba las peores, las más trepas". Y es que de acuerdo con el sistema de valores masculino, la vida más que una carrera de fondo se ve como una carrera de obstáculos.

Si nosotras en algunos casos parecemos no estar preparadas para saltar los límites que nos han impuesto durante siglos, ellos saben bien poco de entrega familiar, ya que también se han creído el cuento ese de que entregarse a la familia es llevar dinero a casa. Ellos, los no desprogramados, ven todo lo que huela a sacrificio como un puñetero obstáculo que conviene derribar.

Ese es el verdadero problema de la paridad, que aún no hemos sido capaces de desprogramarnos.

La paridad, por mucho que diga el Tribunal Constitucional, va a ser cuestionada cada vez que moleste. Ahora la discusión está en las listas electorales que algunos hombres miran con lupa y algunas mujeres también. Que se apunte un tanto el que no haya oído por estos días comentar "para que me hagan votar por esta o por aquella, prefiero a los de siempre".

Nadie me va a convencer de que no hay mujeres preparadas para acceder no sólo a las listas electorales, sino a los puestos de responsabilidad a los que optan los hombres sin que nadie los ponga en cuestión. Analicen qué mujeres, salvo las que están en la vida política, aparecen hoy en los medios de comunicación y saquen consecuencias. Es una trampa sutil atacar a las elegidas para salir del ámbito de lo privado a lo público, vaticinando que como mucho serán mujeres florero si es que el físico les da para ello.

Trampas y más trampas. Las cuotas serán necesarias hasta que nos tomemos en serio la educación en igualdad, tanto en la escuela como en las casas. Si el milagro se produce, nada importará que la cuota se incline hacia donde la causalidad -que no casualidad- decida.

Entre tanto, cada vez que se produzca una actuación de discriminación positiva, sumaremos un enconamiento del conflicto. Por otra parte, como dice la filósofa Alicia Miyares, no hay un solo derecho que se haya conseguido por consenso, sino fruto de la confrontación y la polémica.

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