Se va la CUT: enhorabuena, IU

ESTA semana se ha materializado al fin la tantas veces amagada amenaza de la Candidatura Unitaria de Trabajadores (CUT) de abandonar la coalición Izquierda Unida "para poner en valor su propio proyecto político desde su independencia orgánica y política". Enhorabuena a Izquierda Unida.

¿Qué es lo que ha perdido IU con esta salida periódicamente anunciada y siempre aplazada hasta ahora? Poca cosa. Apenas unos cuantos alcaldes y concejales y una apariencia de pluralismo interno que podía sustentar la imagen de que la coalición era algo más que un instrumento del PCA para tiempos poscomunistas. La CUT es sólo un pequeño partido, muy minoritario en algunas provincias andaluzas e inexistente en la mayor parte de la geografía regional.

A cambio, gana mucho. Se libra de los quebraderos de cabeza y chantajes a los que la sometían los dirigentes de la CUT cada vez que se aproximaban unas elecciones y había que colocarlos en las listas. Es lo que ha permitido a Sánchez Gordillo ser diputado reiteradamente, hasta que la legislación electoral le ha impedido compatibilizarlo con su alcaldía de Marinaleda.

Gana, sobre todo, en clarificación política, al desprenderse de una ganga de izquierdismo ruralizante y dogmático que ha sumado muy poco a la idea de una izquierda transformadora y radical, pero democrática, que está en el origen de Izquierda Unida. Ha sumado muy poco a IU -en votos, apoyo social y militancia-, y ha restado mucho. En solvencia, credibilidad y modernidad.

La CUT se ha instalado en la extravagancia. Por su discurso no pasa el tiempo: es el mismo que hace treinta años. Mientras su labor institucional y parlamentaria es perfectamente nula, sus métodos habituales de actuación -ocupaciones de fincas, asaltos a supermercados y otras golosinas televisables- la han situado en el extrarradio del sistema democrático. Con su marcha IU se libera de los impulsos antisistema (hay más antisistemas en IU, pero ahora tendrán menos aliados) y resulta un pelín más atractiva para ciertas capas medias urbanas sin las que la izquierda radical no puede ir muy lejos.

En fin, ya pueden los de la CUT presentarse "como fuerza andalucista, de izquierda anticapitalista, nacionalista y soberanista, ecologista y feminista, antiimperialista y antimilitarista" ( y dos huevos duros). Suerte en su andadura independiente. Y enhorabuena a Maíllo.

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