Barcelona-Málaga

Esto se pasa de la raya (2-0)

  • Un escandaloso fallo arbitral a los dos minutos, con Digne centrando detrás de la línea de fondo, condiciona la visita al líder. Buenas maneras y falta de tino ante un rival que no forzó

Messi protege el balón ante dos jugadores del Málaga Messi protege el balón ante dos jugadores del Málaga

Messi protege el balón ante dos jugadores del Málaga / EFE

Comentarios 1
El Málaga lo está haciendo bastante mal. Es víctima de su incapacidad y su fragilidad, queda clara. Pero también le miran los tuertos. Le crecen los enanos. Las meigas juguetean con él. Le han hecho vudú. Tiene el viento en contra. Y hasta le meten goles cuando el balón ha salido claramente por línea de fondo. Si a Míchel le tocara la lotería, seguro que perdería el décimo. Ya demasiado le cuesta a los blanquiazules en lo deportivo como para encima tener que estar pendiente de lo arbitral, lo extradeportivo y lo paranormal. Demasiada munición maneja el Barcelona en su casa para necesitar una vida extra; demasiado peso va en la mochila propia para sufrir errores trabas de ese calado. El partido del miedo a la goleada acabó como el partido del mosqueo.
No fue la derrota dolorosa que podía temerse por la diferencia entre líder y colista. Sí por las maneras. Un error impropio de árbitros de élite asestó un puyazo durísimo a los dos minutos que se cargó el resto del encuentro. Como si el partido ya hubiera empezado 1-0. Y esa sensación de que ya no se podía regresar a la pelea por los puntos presidió el resto del choque. No terminó de despegarse el Barcelona, y apenas un gol al poco de la reanudación evitó cualquier amenaza blanquiazul. A pesar de que los catalanes nunca apabullaron y los malaguistas nunca desconectaron.
De nada vale ya pensar qué habría ocurrido sin ese gol ilegal de Deulofeu, en el que además de demonizar tremendo fallo hay que tirar de las orejas por no haber seguido la acción porque el árbitro no había pitado. Pero lo cierto es que el Málaga estuvo cómodo en el Camp Nou. Más o menos hermético y con ganas de mostrarse arriba, porque Míchel apostó por uno de sus onces más ofensivos, si no el que más. Rolan y Peñaranda con Keko y Chory Castro por bandas. A falta de defensas y piezas, el técnico desnudó a los suyos. Y sin ropa jugaron más cómodos, qué cosas. Pensar en un 0-0 con el reloj avanzando y desesperándose es lícito. Pero también que en ese contexto el Barcelona habría quemado más rueda de lo que hizo ayer, pues la sensación es que estaba jugando con un sparring.
Chory Castro, el más productivo arriba, tuvo dos buenas opciones para igualar, pero le faltó alma en el remate. Lo peor no fue eso, sino ver a Rolan sentado en el césped llevándose la mano a la parte posterior del muslo. Porque el Málaga no solo tiene que recuperar puntos, también debe intentar seguir en pie pese a tanto revés en contra.
El resultado no fue dañino, el arbitraje sí. Tras errores que han ido quedando en anécdotas ante los desastres propios, ya rebosan del vaso. Y toca decir basta para centrar los cinco sentidos en la mejora propia. Para que los colegiados no se pasen de la raya. Como le ocurrió a Digne. 

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios