Que no, que hoy no pienso hablar de lo que está hablando todo el mundo, de ese desplante de la Reina Letizia a su suegra impidiéndole -en un claro ejemplo de que aquí, Felipe, y en España si hace falta, que tengas claro que los que mandan son mis ovarios- que se fotografiara con la que puede ser la futura monarca de este nuestro país, la Infanta Leonor, y con la hermana menor de esta, de nombre también Sofía, a la salida de la celebración monárquica de la Pascua. Un desplante que no empezó ni acabó ahí, sino que comenzó con una Letizia poniendo el turbo a la entrada de la iglesia para dejar cuanto más atrás mejor a Juan Carlos y a Sofía como si su objetivo fuera a toda costa el de espantar cualquier intento de imagen con los suegros, mientras que su abnegado marido, Felipe, le repetía sin fortuna una y otra vez "más despacio Letizia"; y que continuó con la Reina limpiando posteriormente, sin cortarse ni un pelo, cualquier rastro salival o de carmín del beso que su majestad emérita le pudo dejar a la niña Leonor en la frente a la salida del templo. En las redes sociales han titulado, al estilo Jaime Peñafiel, esta tensa situación familiar con un: En todos lados cuecen habas. Y es que cuecen habas hasta en esa élite real en la que nada es lo que parece y en la que no parece todo lo que es, en la que, como en toda familia que se precie, hay quien no se dirige la palabra por una h o una b que siempre tienen que ver con algún tipo de interés y en la que por haber hay hasta un cuñado listo de esos que la vida te impone a la fuerza, de esos que suele tomar el nombre de la estirpe familiar en vano en beneficio propio, en este caso conocido como Iñaki y marido de esa hermana a la que cegó tanto ese amor casi psicotrópico que suele venir acompañado de elefantes de colores flotando en el ambiente que no se dio cuenta de nada.

Que no, que hoy no pienso hablar de lo que está hablando todo el mundo, hoy pienso hablar de alguien que no sólo se merece una columna, sino que se merece, como mínimo un monumento -te guste más o menos su música- por todo lo que le ha dado a España, el señor Miguel Ríos, muchísimo más que un rockero más, que un músico más, que un artista más, el rey del rock español. El señor Miguel Ríos en países como Inglaterra sería nombrado con el título de sir, sin duda. Y hablo de Miguel Ríos en un momento en el que de alguna forma ha resucitado de su retiro con un disco sinfónico para reivindicar su legado en un país en el que, al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, en otros países como Estados Unidos, solemos enterrar a nuestros creadores poco a poco a medida que van envejeciendo. Olvidamos pronto a gente que ha contribuido de una u otra forma con su arte a hacer un poquito más grande a este nuestro país, y una de esas personas es, sin duda, el rey del rock español.

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