Las primeras universitarias andaluzas: los nombres que abrieron la puerta

8M

Andalucía no tuvo sus primeras alumnas universitarias hasta 1889-1890, 17 años después de la primera matrícula femenina en España

Antonia Monreal Andrés y Blanca de Lucía Ortiz encabezaron una lista marcada por permisos especiales, matrículas por libre y aulas bajo vigilancia

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Estudiantes en la biblioteca de la Escuela de Señoritas, creada en 1915.
Estudiantes en la biblioteca de la Escuela de Señoritas, creada en 1915. / Imagen publicada en el libro 'Renovación en las aulas', del Centro de Estudios Andaluces.
Cristina Díaz

07 de marzo 2026 - 07:00

El 8M suele contarse en cifras y consignas, con palabras como igualdad, derechos o techo de cristal. Pero hay una escena mucho más pequeña, casi doméstica, que explica mejor lo que significó, durante décadas, querer estudiar siendo mujer: una matrícula aceptada, un expediente abierto y, aun así, la puerta del aula cerrada.

En Andalucía, las primeras mujeres que entraron en la universidad lo hicieron en el curso 1889-1890, casi dos décadas después de la primera matrícula femenina registrada en España. Antonia Monreal Andrés y María Blanca de Lucía Ortiz rompieron barreras en un sistema que permitía la inscripción, pero imponía condiciones restrictivas para asistir a clase. La catedrática emérita de Historia de la Educación de la Universidad de Sevilla Consuelo Flecha ha documentado esas trayectorias y lo que revelan: el acceso formal no garantizaba igualdad real.

"Estas primeras mujeres se matriculaban por libre, no asistían a clases. Antes de 1910, las mujeres tenían que pedir un permiso al Ministerio para poder ir a las clases. Y cuando lo hacían, tenían que estar siempre protegidas por el profesor, lo esperaban en la puerta de la sala de profesores, iban con él al aula, se sentaban cerca de él y lejos de sus compañeros", explica Flecha.

No era una cortesía: era vigilancia. La presencia femenina se toleraba, pero bajo control, como si el aula fuera un territorio que había que proteger de la anomalía.

Ese clima se entiende mejor con la letra pequeña de la época. En 1882 llegó a suspenderse temporalmente la admisión de nuevas alumnas en la Enseñanza Superior y, en 1888, se permitió el acceso solo como alumnas no oficiales, sin asistencia presencial salvo autorización ministerial específica. Tampoco lo tuvieron fácil para validar títulos o acceder al doctorado: el sistema no estaba pensado para que una mujer llegara al final del camino.

1910: cuando dejó de ser un favor

El punto de inflexión llegó con una Real Orden publicada el 8 de marzo de 1910, que estableció que las mujeres podían matricularse sin necesidad de consultar al Ministerio. El cambio normativo convirtió en derecho lo que hasta entonces funcionaba como concesión excepcional. En el papel, se abrió la puerta. En la vida cotidiana, el cambio tardó más.

Flecha subraya además un detalle que rompe el tópico: muchas pioneras no procedían de élites, sino de familias de clase media con recursos, que veían en el título universitario una garantía de seguridad económica para hijas sin patrimonio. El estudio era estrategia; una red de protección ante la incertidumbre vital, especialmente en un contexto donde el matrimonio no estaba asegurado o podía ser una trampa.

María Elena Maseras y Dolores Aleu: las dos primeras que rompieron el molde

María Elena Maseras y Dolores Aleu, las dos primeras mujeres universitarias de España.
María Elena Maseras y Dolores Aleu, las dos primeras mujeres universitarias de España.

No eran andaluzas, pero fijaron el precedente que permitió que el resto fuera posible. María Elena Maseras Ribera se matriculó en Medicina en Barcelona en 1872. Dolores Aleu llegó dos cursos después y acabó convirtiéndose en la primera mujer en licenciarse en Medicina en España. En aquel tiempo, cada paso femenino era observado como si fuera un experimento: había que demostrarlo todo, una y otra vez.

Maseras terminó los estudios en 1878, pero no logró el permiso para examinarse de la licenciatura hasta junio de 1882. Se examinó en octubre de ese mismo año y obtuvo sobresaliente. Mientras esperaba los permisos para realizar el doctorado, estudió Magisterio. La burocracia, y el desgaste de ser siempre "la primera", acabó pesando: ejerció como maestra y falleció en 1905, con 52 años, por una enfermedad cardíaca.

Dolores Aleu ingresó en Medicina en 1874, terminó en 1879, pero no obtuvo la autorización para el examen de licenciatura hasta abril de 1882; y se examinó el 19 de junio. Se doctoró en Madrid, se especializó en Ginecología y Pediatría y ejerció con consulta propia en Barcelona durante años.

A partir de ahí, la cifra clave para Andalucía: 17 años separan aquella primera matrícula nacional y las primeras andaluzas. No es solo una distancia geográfica: es la medida de un ritmo desigual, de reformas que tardaban en bajar al sur y de mentalidades que seguían cerrando puertas.

Antonia Monreal Andrés: primera matrícula en Medicina desde Cádiz

Antonia Monreral Andrés, primera mujer matriculada en una universidad de Andalucía.
Antonia Monreral Andrés, primera mujer matriculada en una universidad de Andalucía.

Antonia Monreal Andrés fue, según Flecha, la primera mujer matriculada en una universidad andaluza. Lo hizo en 1889-1890 en la Facultad de Medicina, que dependía académicamente de la Universidad de Sevilla, pero estaba ubicada en Cádiz. "Esta gaditana completó la carrera y ejerció durante varios años, trabajando en Ceuta antes de que se perdiera su rastro documental", explica la investigadora, que apunta a un posible matrimonio y traslado a Inglaterra.

Nació en Cádiz el 18 de junio de 1872, hija de Pascual Monreal, comerciante cartagenero, y Josefa Andrés, natural de Cádiz. Antes de acceder a Medicina figuró entre las primeras alumnas que cursaron bachillerato en el Instituto Provincial de Cádiz (hoy el IES Columela). También cursó alemán. Se licenció en Medicina y Cirugía en 1896 con la máxima calificación.

Extracto del expediente del Instituto Provincial de Cádiz de Antonia Monreal y Andrés.
Extracto del expediente del Instituto Provincial de Cádiz de Antonia Monreal y Andrés.

Gertrudis Martínez Otero: la primera licenciada de la Universidad de Granada

Gertrudis Martínez Otero, primera licenciada de la Universidad de Granada.
Gertrudis Martínez Otero, primera licenciada de la Universidad de Granada. / UGR

Gertrudis Martínez Otero nació en 1878 en Sanlúcar de Barrameda y falleció en 1965. Su historia retrata otro rasgo de la época: para estudiar, muchas tuvieron que moverse entre ciudades, con el coste social y familiar que eso implicaba.

Comenzó con 8 años la Segunda Enseñanza en el Instituto de Jerez de la Frontera (hoy IES Padre Luis Coloma) y obtuvo el grado de bachillerato con brillantes calificaciones, convirtiéndose en la primera mujer en lograrlo en ese centro. Inició sus estudios universitarios en 1891 y, al año siguiente, se matriculó a la Facultad de Farmacia de la Universidad de Granada, donde fue solicitando permisos de matrícula libre (no le permitían asistir a clase) hasta terminar la carrera. Se graduó en 1896 con Sobresaliente. Es la primera licenciada de la Universidad de Granada.

En 1899 abrió una oficina de Farmacia en Sanlúcar de Barrameda. Once años después contrajo matrimonio con Roberto Witte Mergelina, lo que la llevó a abandonar temporalmente la profesión. Ya en 1932 volvió a ejercer y regentó, una tras otra, hasta tres farmacias propiedad de mujeres viudas en Sanlúcar y Sevilla.

Blanca de Lucía Ortiz: entre Sevilla, Madrid y Palma del Río

Retrato de al farmacéutica Blanca Lucía Ortiz.
Retrato de al farmacéutica Blanca Lucía Ortiz.

María Blanca de Lucía Ortiz nació en 1875 en Palma del Río. Estudió Bachillerato en el Instituto de Córdoba, realizó el curso preparatorio en la Universidad de Sevilla (común para las carreras de ciencias) y luego se trasladó a Madrid para estudiar Farmacia. Una vez licenciada en 1905, regresó a su localidad natal, abrió una farmacia en la calle Rafael Calvo y ejerció hasta su muerte.

Se casó con José María Velasco Álamo, que falleció en 1919, y no volvió a contraer matrimonio. Según testimonios, colaboraba con el Hospital de San Sebastián y fiaba medicamentos a quienes lo necesitaban.

Era católica practicante y de ideología conservadora, sin afiliación política. Sobre las reuniones celebradas en su casa o farmacia existen versiones contradictorias (Falange, Acción Nacional o Acción Católica). El 20 de agosto de 1936, en plena Guerra Civil, fue asesinada en Palma del Río por milicianos del Frente Popular. Tenía 62 años. Su cuerpo fue arrojado al Guadalquivir tras ser vejada y martirizada, según consta en su partida de defunción. Su cuerpo nunca se halló.

María del Carmen Oña Esper: “Le hicieron la vida imposible”

En la biografía de María del Carmen Oña Esper hay una escena que explica, sin necesidad de teoría, cómo se vivía el clima de la época. Consuelo Flecha recoge que, tras matricularse en el Instituto de Sevilla en 1887, acabó marchándose a Madrid porque "le hicieron la vida imposible": hostilidad, burlas, presión constante. No es una anécdota: es el entorno. El recordatorio de que, para muchas, el esfuerzo no era solo intelectual. Era resistencia cotidiana.

Oña (Sanlúcar de Barrameda, 1864 – Madrid, 1932) desarrolló una destacada trayectoria docente en las Escuelas Normales de Valladolid, Pontevedra y Guadalajara, donde impulsó innovaciones pedagógicas. Su formación comenzó tarde: inició el Bachillerato con 23 años, lo finalizó en 1892 y en 1895 se matriculó en Filosofía y Letras en la Universidad Central. Se licenció en 1898. Se matriculó en el doctorado, pero no defendió tesis.

En Guadalajara promovió actividades renovadoras: Conferencias de Pedagogía, la Sociedad para el Estudio del Niño (de la que fue vicepresidenta), excursiones de alumnas de Magisterio y actuaciones innovadoras en el aula.

Ángeles Gatica Rumazo: universitaria a los 42 años

Ángeles Gatica Rumazo nació en 1863 en San Fernando (Cádiz). Estudió Segunda Enseñanza en Cádiz y Sevilla. Ya era maestra cuando decidió matricularse en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid en 1905. Tenía 42 años. Se licenció en 1911. Ese mismo año inició estudios de doctorado, pero no los concluyó.

De alumnas a docentes: la primera catedrática andaluza en 1961

La normativa de 1910 también abrió el acceso femenino a concursos para plazas docentes y técnicas, lo que modificó incluso las preferencias de carrera. Pero el gran hito universitario en Andalucía, el que marca el techo de cristal, llegó muchas décadas después.

Asunción Linares Rodríguez, paleontóloga y natural de Pulianas, obtuvo en 1961 la primera cátedra ocupada por una mujer en Andalucía, la de Paleontología en la Universidad de Granada. En España, la primera mujer catedrática fue Ángeles Galino Carrillo en Madrid en 1953. Linares había ingresado como profesora en 1944 y no alcanzó la cátedra hasta 17 años después.

Entre las primeras matrículas femeninas andaluzas (1889-1890) y esa primera cátedra transcurrieron más de siete décadas. Un lapso que mide, mejor que cualquier eslogan, lo que costó abrir una puerta y lo que costó después que esa puerta llevara a puestos de poder.

Y por eso el 8M no es solo una fecha: también es una lista de nombres propios que, cuando se leen en voz alta, siguen sonando a conquista.

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