Edu Casanova, en el Festival de Málaga: "El mayor problema del VIH es el estigma y la serofobia"

El actor y director estrena 'Sidosa' el próximo 23 de abril, producida por Jordi Évole

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Presentación de 'Sidosa' en el Festival de Málaga.
Presentación de 'Sidosa' en el Festival de Málaga. / Javier Albiñana

"Yo como persona con VIH he ido a recoger la medicación a escondidas, o la recogía otra persona por mí, he roto el cartón para que no se viera qué medicación estaba tomando". Esa es la realidad del actor y director Eduardo Casanova. Una realidad que plasma en su documental Sidosa, producido por Jordi Évole y presentado en el Festival de Málaga. Lo suyo no es un caso aislado: "Esto lo hago yo, pero esta es la realidad de muchísimas personas con VIH que sufren un estigma".

Para el cineasta, el documental también es una forma de ser la cara visible: "Yo me pongo como un punching ball para que si me tienen que dar golpes me los den a mí". Pero afirma que "lo importante es que se entienda que esto no es algo raro" que solo le pasa a él. En ese sentido, ha reconocido el papel de los medios en el debate que se está generando: "Estoy muy contento de estar aquí delante de la prensa, porque jugáis un papel fundamental en este momento".

Según el artista, el avance médico "está muy bien y tiene que seguir existiendo, pero lo que tiene que haber es avance social". Porque, a su juicio, el problema de fondo sigue siendo el mismo: "El mayor problema del VIH es el estigma y la serofobia". Por eso esta película habla sobre el estigma, la visibilidad y el poder del humor para hablar de aquello que durante décadas se ha mantenido en silencio.

La exposición pública también ha traído críticas y ataques, algo que Casanova afronta con una mezcla de ironía y calma: "El odio existe, el odio está ahí y el odio se recibe, pero el odio hace mucho más ruido que el amor". Aun así, ha subrayado que su experiencia ha sido mayoritariamente positiva: "Yo he recibido sobre todo mucho amor, así que creo que es importante no hacerle demasiado caso al odio".

Incluso ha respondido a quienes le acusan de buscar notoriedad con su visibilidad: "Se dice que saco rédito con esto, pero yo me negué a cobrar por este documental". Y es que parte de lo que se recaude irá a asociaciones como Apoyo Positivo o Seisida, que son organizaciones que "ayudan de verdad a las personas con VIH".

"Yo espero no ser referencia para nadie porque soy un cuadro en muchísimas cosas", ha dicho con humor en la rueda de prensa. "Pero entiendo que tengo una voz pública muy mediática y sé la posición en la que se me coloca", ha añadido. Aun así, ha recordado que hay muchas otras personas que han dado el paso antes que él, con menos visibilidad y menos "privilegios".

En su caso, la única manera posible de contar su historia era el cine: "Yo no me veía capaz de sentarme delante de Jordi en una entrevista y decir simplemente 'hola, tengo VIH'". Casanova "necesitaba" rodarlo y contarlo desde su mundo cinematográfico. Por eso dentro del documental hay una pieza de ficción dirigida por él mismo que refleja su experiencia desde un lenguaje más personal.

Esa relación con el cine atraviesa toda su vida: "La vida no me la han salvado solo los antirretrovirales ni los psicólogos, la vida me la ha salvado el cine”. Sin el cine, ha contado, "no habría sido capaz de sostenerme". La idea nació de una charla con el periodista. "Tanto Edu como yo nos desentendimos de la dirección. Le pasamos la pelota a Marius Sánchez y a Luis Gáñez, que eran personas de total confianza", ha relatado Évole.

"Íbamos descubriendo que con el tema del VIH y el sida seguía habiendo mucho tabú, incluso dentro del personal médico", ha explicado el periodista. "Enfermeras, enfermeros, doctores que todavía preguntan si pueden beber de la misma botella o besar a una persona con VIH. Cosas que yo pensaba completamente superadas", ha detallado.

El tono de la película es sobre todo con humor. El equipo tenía claro desde el principio que quería romper con el drama tradicional: "Nos propusimos que esto no fuese Philadelphia 2, queríamos reírnos haciendo este documental". Según el periodista, ese equilibrio solo era posible con Casanova al frente: "La mirada de Edu desde el humor y el sarcasmo le da el punto especial que tiene la película".

Ese espíritu también se refleja en el título, que recupera una palabra utilizada como insulto. "A Edu le han llamado 'sidosa' para insultarle", ha recordado Évole. Y ha remarcado: "Lo que hicimos fue devolver la jugada". El propio Casanova lo ha argumentado con claridad: "Yo me quiero apropiar del término 'sidosa', que deje de ser un insulto y pase a ser algo reivindicativo".

Por eso insiste en que Sidosa no es una película de nicho ni una historia solo para el colectivo LGTBI: "El VIH atraviesa a todo el mundo, seas heterosexual, homosexual o lo que seas". Y, sobre todo, ha recordado algo que a veces se olvida cuando se habla de enfermedades: "¿Sabéis lo que interpela a todo el mundo? La comedia". Porque si algo desea Casanova con esta película es que el público salga del cine habiendo pensado… pero también habiendo reído.

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