La farola

Una ruta de senderismos a través de uno de los jardines botánicos más secretos de Málaga

Una de las zonas del Arboretum de Jarapalos.

Una de las zonas del Arboretum de Jarapalos.

Los jardines botánicos distribuidos por la provincia de Málaga se han transformado en destinos populares que cada vez más personas visitan y disfrutan. Estos espacios albergan y exhiben una variedad de especies vegetales, muchas de ellas exóticas y originarias de lugares lejanos, en un entorno controlado y estudiado para resaltar su valor. Esta práctica, desarrollada por la humanidad a lo largo de milenios, nos permite apreciar y aprender sobre la diversidad de plantas en nuestro planeta.

En pleno cinturón urbano de Málaga, entre las conocidas Alhaurín de la Torre y Mijas, se encuentra un jardín botánico en medio de la naturaleza que ha estado creciendo durante décadas, albergando una sorprendente cantidad de biodiversidad y convirtiéndose en un pequeño paraíso para explorar y desconectar. Se trata del Arboretum de Jarapalos, un lugar con varias rutas para recorrer –parte de la Gran Senda de Málaga–, rincones tranquilos para disfrutar y un arduo trabajo de cuidado, planificación y ejecución detrás de su existencia.

Un arboreto, también conocido como arboretum, es un jardín botánico diseñado principalmente para albergar árboles que complementan y se adaptan perfectamente al entorno elegido. Estos espacios suelen ser creados con el propósito de estudiar las plantas, conservar especies y rejuvenecer los entornos naturales. El Arboretum de Jarapalos cumple con estas tres premisas, y su historia se remonta a muchos años atrás, cuando la zona en la que se encuentra actualmente era un vivero que suministraba árboles para proyectos de reforestación en las diversas sierras de Málaga.

El Arboretum de Jarapalos no solo cuenta con señalización detallada que permite conocer el entorno y seguir las diferentes rutas disponibles, sino que también promueve el cuidado de la naturaleza y ha mejorado los alrededores con la incorporación de fuentes y pequeños cursos de agua. Aunque el desnivel para llegar a la cima y disfrutar de la vista al mar puede resultar desafiante para los paseantes menos experimentados, la distancia a recorrer no es excesiva y realmente vale la pena el esfuerzo.

En días despejados, la vista de la Costa del Sol con el telón de fondo de África es una gratificante recompensa. El entorno es una maravilla, apreciable en la ruta que parte desde la base de la montaña y se inicia en Alhaurín de la Torre. Este pequeño paraíso, aún poco conocido en los alrededores de la capital malagueña, seguirá necesitando la responsabilidad cívica de sus visitantes para continuar prosperando.

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