sanidad

Anorexia: una enfermedad visible que nadie quiere ver

  • Sólo en la asociación Adaner se tratan 64 personas

  • La mayoría de las afectadas son chicas jóvenes, pero también hay varones y mayores

Curso de formación de Adaner en trastornos de conducta alimentaria. Curso de formación de Adaner en trastornos de conducta alimentaria.

Curso de formación de Adaner en trastornos de conducta alimentaria.

La anorexia es una enfermedad que tiene un abordaje complejo. Es producto de la voluntad de una persona de comer cada vez menos, pero paradójicamente en realidad es involuntaria porque constituye una patología mental. Este trastorno de la conducta alimentaria lleva a los afectados a tener actitudes autodestructivas como restringir la ingesta para perder peso, autolesionarse o hacer intentos suicidas. Sus efectos son anemia, descalsificación ósea, deterioro generalizado por falta de nutrientes y, en casos extremos, la muerte. La Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (Adaner) de Málaga lucha por visibilizar, sensibilizar, informar y tratar este trastorno. Porque aunque debido a la pérdida de peso es una enfermedad visible, sin embargo pareciera que no se ve. "Es tabú", sostiene su presidenta, Rosa Sanz.

Pero existe. Sólo en Adaner hay 64 personas atendidas por anorexia y bulimia. Y en lista de espera, esta asociación tiene a nueve más. A estas cifras deben sumarse los pacientes que trata el SAS y los que acuden a centros privados. "Adaner es el recurso de los que no tienen", comenta Sanz. La asociación es crítica con la asistencia que se presta a estos trastornos en la sanidad pública: defiende que debería ser más especializada dadas sus singulares características. Por ello, Sanz sostiene que muchas familias acaban en Adaner o acuden a una clínica privada de Barcelona donde el tratamiento cuesta unos 800 euros mensuales -si se dispone de compañía aseguradora- o alrededor de 2.000 -si no se tiene seguro médico-.

La presidenta de la organización sostiene que hay que pedir apoyo profesional "lo más pronto posible" para atajar el trastorno en sus inicios. Pero la nutricionista de Adaner, María Ángeles Silva, opina que "no hay detección precoz", sino que comienza a tratarse "cuando los signos externos son muy evidentes". Las personas que padecen este trastorno suelen ser mujeres adolescentes. Pero también hay varones y personas mayores. La falta de autoestima, la presión de la imagen corporal de estos tiempos y problemas familiares son algunas de las variables que influyen para que se desarrolle este trastorno.

Desirée Castellano, psicóloga de Adaner, explica que así como hay personas que caen en la drogadicción o en el alcoholismo; en estos casos, el trastorno se manifiesta a través de la alimentación. "Cada uno tiene una historia detrás y le afecta de una manera diferente. A algunos con la droga, a otros con el alcohol y a otros con la comida", explica. Y añade: "Y no sólo está el afectado; la familia también lo sufre".

La restricción de la ingesta es la manifestación de la anorexia. Pero las causas del trastorno son mentales. El trabajo de los psicólogos consiste en "desmenuzar la historia personal" para desactivar ese detonante que está en la cabeza de cada afectado. "Es un largo camino, no es un proceso de una semana", afirma Castellano.

Las 25 personas que forman parte de Adaner son voluntarias. La asociación -que a nivel nacional nació en 1991 y que existe en Málaga desde el año 2000- sobrevive sin subvenciones. Pero realiza una importante labor de información y sensibilización, además de dar apoyo psicológico y nutricional a las afectadas y sus familias. Además, organiza grupos de autoayuda para apoyar a las personas que padecen este trastorno alimentario. Muchas mejoran y vuelven a hacer una vida normal. Otras -la mayoría- se cronifican y conviven con la patología. Algunas fallecen. Porque en un mundo con alimento al alcance de la mano, hay quienes -por un trastorno mental y por paradójico que parezca- mueren de hambre. Sanz matiza que hay algunas afectadas que son "la muerte en vida" debido al grave deterioro físico y psíquico que padecen como consecuencia de su trastorno alimentario (TCA). Y advierte que aunque en algunos casos las personas mejoren, un TCA "es como una bombilla que se apaga, pero que en cualquier momento se puede volver a encender".

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