Investigación biomédica en Málaga: Suena futurista, pero es presente y tiene su epicentro en el PTA

Un profesional trabajando en uno de los laboratorios.
Un profesional trabajando en uno de los laboratorios. / Javier Albiñana

Málaga/Patricia Malagón lleva varias probetas en la mano. Es técnica de química orgánica. “Sintetizo moléculas”, explica. Está en la Sala de ¿Liofilizadores? Aunque se esmera en explicar ambos conceptos, resulta difícil entenderla. Luego va desgranando información. Cuenta que trabaja con el grupo que investiga las alergias a medicamentos y que el objetivo es desarrollar un test in vitro. Actualmente, esas pruebas se hacen en el cuerpo de paciente, lo que además de incómodo puede ser peligroso. A modo de despedida comenta que lo que se hace en IBIMA Plataforma BIONAND puede sonar “futurista, como de película”, pero que es presente “y muy necesario”.

Necesario para tratar, para curar o simplemente para comprender el proceso de una patología. Porque este es el primer paso para intentar luego ponerle remedio. Elena González está casi desde el principio del centro. Lleva nueve años. Es la responsable del Laboratorio de Reprogramación Celular. Ella estudia cómo evolucionan las células y cómo se pueden reprogramar a estadíos más tempranos para hacerlas recapitular. Es clave, cuenta, para empezar a entender el proceso de una enfermedad desde el desarrollo embrionario. “Para curar, luego”, aclara. Es bióloga, doctora en biomedicina.

Cerca de allí, en la Sala de Histología, Alejandro Domínguez observa una visión del microscopio, pero en la pantalla del ordenador. Analiza cómo un implante de titanio funciona en una rodilla de conejo. El objetivo es elegir el mejor y también comprobar si el material provoca algún efecto en el organismo.

Isabel Moreno es coinvestigadora del grupo de Endocrinología. Este área tiene 14 líneas de investigación. Entre ellas, buscan aplicar la medicina de precisión a la obesidad. Este concepto supone dar tratamientos personalizados –que tienen mejores resultados–, como ya se hace para combatir el cáncer. La meta de los investigadores es llevar ese tipo de tratamientos a la carta a la obesidad para obtener así mejores avances contra esta epidemia del siglo XXI.

Pero en IBIMA no todos son sanitarios. También está el personal de administración y gestión. Es el caso de Carmen González, responsable de proyectos, compras y contratación pública. El trabajo de su área es amplio. Pero, entre otras cosas, se encargan de gestionar proyectos para que les concedan fondos, de justificarlos ante la entidad financiadora, de ayudar a los investigadores en la contratación de profesionales cuando los necesiten, de adquirir equipamiento... Así, les resuelven la parte burocrática para que ellos se centren en sus investigaciones.

“Los investigadores son la parte fundamental y nosotros estamos aquí para gestionar”, afirma González con modestia. Aurora Puche lleva 11 años. Está casi desde el comienzo. Se encarga, por ejemplo, de justificar ante el organismo que dio fondos a un proyecto que realmente estos se han ejecutado, de recordar a los investigadores los plazos a cumplir para que no pierdan ayudas o los cambios que tienen que hacer para conseguirlas.

Así, entre todos –unos con sus células y otros con el papeleo– contribuyen a que avance la ciencia y que, antes o después, los pacientes se beneficien de esos logros.

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