Málaga

Málaga quintuplica la cifra de ciberdelitos en el último lustro

  • Es la séptima provincia con más ataques por internet, con casi 10.000 casos en 2020 l Interior destaca el efecto de la pandemia, que potenció la delincuencia ‘online’

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Infografía / Rosell

Los especialistas en criminalidad apuntaron recientemente a la pandemia como principal causa del repunte de los delitos cibernéticos. Al haber restricciones de movilidad, confinamientos y toques de queda, con la consiguiente reducción de personas en las calles, los delincuentes recurrían a internet para tratar de hacerse con un dinero fácil a través principalmente de estafas. Pero lo cierto es que la pandemia lo único que ha hecho es apuntalar una tendencia que ya se venía observando desde mediados de la década pasada. En Málaga se han quintuplicado. 

El principal crecimiento se produjo antes de la crisis sanitarias, entre 2018 y 2019. Luego, en 2020, se volvió a dar otro repunte similar hasta casi alcanzar la barrera de los 10.000 delitos cibernéticos de los que se tiene constancia al año en la provincia de Málaga. En concreto, fueron 9.183 los hechos conocidos, según se indica en el informe sobre cibercrimen que cada año elabora y publica el Ministerio del Interior.

El total de infracciones penales registradas en la provincia en el año 2020 fue de 66.679, lo que supuso una importante caída con respecto al ejercicio anterior (con 80.174 casos)debido precisamente al efecto de los confinamientos. Sin embargo, mientras el total de los delitos se redujo, los que se cometieron por internet crecieron a buen ritmo. En Málaga se registraron unos 2.633 ciberdelitos más que el año anterior. Es decir, de los 6.550 casos de 2019 se pasó a los 9.183 de 2020. 

Si se compara el total de delitos con esta cifra, se infiere que 13 de cada 100 hechos delictivos que se cometen en Málaga se llevan a cabo por internet, lo que supone el porcentaje más elevado de la historia reciente. Desde 2015, la ciberdelincuencia ha ido ganando terreno en la Costa del Sol, al mismo tiempo que lo ha hecho en todo el territorio nacional. Así, durante ese periodo se registraron 1.822 delitos. En 2016 hubo una pequeña subida hasta alcanzar los 2.105. El año siguiente fueron 2.513. En 2018 se produjo un nuevo repunte de casi un millar de investigaciones, situándose en 3.651. 

Sería en los ejercicios siguientes cuando se registró el boom de los ciberdelitos. En 2019 hubo una subida, casi el doble, con 6.550 nuevos casos sólo en un año. Fue el mismo crecimiento que se experimentó en la temporada siguiente, en 2020 y ya en un año marcado por la pandemia del covid-19, cuando se llegó hasta la citada cifra de 9.183 hechos. Todo apunta a que, en 2021, se romperá la barrera de los 10.000 casos anuales.

La evolución no refleja más que la propia presencia de internet y las nuevas tecnologías en la sociedad española. El crimen avanza de la misma mano que lo hace la información. Si se multiplican las compras por internet, o se puede hacer cualquier gestión a través de un teléfono móvil, también es normal que haya muchas más estafas por este medio que por las vías tradicionales, o que se roben datos con cierta asiduidad con fines ilícitos.

Estudio sobre la Cibercriminalidad en España 2020, Ministerio del Interior. Estudio sobre la Cibercriminalidad en España 2020, Ministerio del Interior.

Estudio sobre la Cibercriminalidad en España 2020, Ministerio del Interior. / Dpto. de Infografía

La séptima provincia

Málaga es la séptima provincia española con un mayor número de delitos tecnológicos registrados. Está a mucha distancia de Madrid, que lidera la tabla, con 48.678 casos, y Barcelona, que la sigue con 35.708 asuntos. La tercera es Valencia, donde se registraron 14.525 ciberdelitos en 2020, y la cuarta las Islas Baleares, con 11.800 episodios. Vizcaya es la quinta con 9.985 expedientes, a poca distancia de Sevilla, la sexta. 

El informe del Ministerio del Interior destaca que muchos de los aspectos relacionados con el cibercrimen en 2020 estuvieron íntimamente ligados al covid-19. “La situación provocada por la pandemia ha supuesto un elemento disruptivo que ha propiciado el incremento de numerosos y variados ataques. Esta situación ha influido, desde múltiples puntos de vista, en el panorama de la ciberseguridad global; en especial, ha sido aprovechado por actores hostiles para, al amparo de la situación sufrida, potenciar desde operaciones de influencia o robo de información hasta campañas de ransomware (secuestro de datos)”, reza el documento. 

Asimismo, en el último año se ha detectado un incremento de las acciones ligadas a actores Estado en el ámbito de las operaciones de influencia, propaganda o desinformación. Ha habido una mejora significativa de las capacidades técnicas y operativas de actores ligados a la delicuencia económica. En el caso de Málaga,  la Policía Nacional alertó la semana pasada de una nueva estafa en la que empresas de venta online de productos se convierten en víctimas después de aceptar una solicitud enmascarada de cobro a través de alguna plataforma de pago instantáneo, como Bizum o Paypal, entre otras. Se trata del pagomocho, una modalidad delictiva en auge, según el Grupo de Ciberdelincuencia. presuntamente, cometieron –o lo intentaron– un fraude.

En cuanto a las tendencias previstas a corto plazo, Interior cree que la pandemia seguirá marcando muchas de las amenazas y riesgos en los próximos meses, muchos de estos directamente relacionados con el aumento del teletrabajo. “En este sentido, el mayor uso de soluciones en la nube, conexiones VPN, servicios de escritorio remoto virtual (VDI), redes de confianza cero y gestión de identidades, servicios y tecnologías para el acceso remoto, uso de herramientas colaborativas, aplicaciones de videoconferencia, etcétera, generará que los ataques a estos entornos, en especial a los sistemas públicamente expuestos, sigan creciendo”, refleja el informe.

El documento también recoge que “es previsible que los ataques y vulnerabilidades relacionados con redes domésticas o dispositivos personales se incrementen”. El objetivo no será otro que acceder a la infraestructura de la organización del empleado para conseguir diferentes fines, “entre los que el ciberespionaje será uno de los principales”. También en el marco de la pandemia, es de esperar que aumenten los ataques a farmacéuticas, laboratorios de investigación dedicados al covid-19 o víctimas relacionadas con el sector.

Según Interior, Interpol saca cuatro conclusiones principales del efecto del covid-19 en la ciberdelincuencia en Europa. Dos tercios de los países han informado del considerable aumento de dominios maliciosos registrados con palabras clave como “covid” y “corona, para sacar partido del creciente número de personas que buscan información por internet. Los ciberdelincuentes están aprovechando la pandemia para lanzar ataques de secuestro de datos contra las infraestructuras esenciales e instituciones sanitarias encargadas de hacer frente al covid. Además, cada vez hay más casos de colonación de sitios web gubernamentales para robar datos confidenciales de usuarios y después utilizarlos en otros ciberataques. Por último, han proliferado las campañas de phising (técnicas de engaño para obtener datos o contraseñas encaminada al fraude o la estafa).

El informe apunta a un aumento del trabajo como factor que influyó en las tendencias de cibercriminalidad. “Es necesario que todos los organismos públicos y privados realicen una revisión de las políticas de seguridad, con el fin de intentar limitar los accesos ilegales por terceros”. Una de las técnicas más habituales es el uso de ransomware, donde se exige el pago de una cantidad para no desvelar secretos empresariales o dejar de tener secuestrada la actividad normal de la entidad afectada. 

Para tratar de luchar contra estos ataques, el Ministerio del Interior ha elaborado un plan estratégico contra la cibercriminalidad, a fin de “potenciar las capacidades para detectar, prevenir y perseguir esta modalidad delictiva y generar un nuevo impulso operativo que garantice la protección de los derechos y libertades y la seguridad ciudadana”.

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