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Saturnino MorenoEl ecologista de acción que paró un hotel

  • El presidente de la asociación Silvema fue pionero en la lucha por la defensa del medio ambiente y ahora considera "una barbaridad" el hotel de 135 metros previsto en el puerto

El ecologismo era una materia pendiente en la Málaga de fin de siglo, cuando el Torcal de Antequera era el único espacio protegido como parque natural de la provincia, si bien mantenía en su interior una cantera en funcionamiento. Un grupo de biólogos, naturalistas y amantes de la naturaleza creó en septiembre de 1980 la Asociación Malagueña para la Protección de la Vida Silvestre (Silvema), entidad que pronto tendría protagonismo en numerosos proyectos e iniciativas de conservación y a cuyo frente estaba el geógrafo Saturnino Moreno junto a su mujer Consuelo Atencia y Antonio José Martín. "Estábamos construyendo la administración ambiental", cuenta Moreno sobre la laxa reglamentación de entonces. Hoy este ecologista de acción está a punto de jubilarse como jefe de Programas Ambientales en la Diputación.

Eliminar aquella cantera contaminante del Torcal fue una de sus primeras apuestas, que se consiguió en 1984, pero ya antes su inquietud naturalista le llevó al rescate de un buitre en la torre del homenaje del castillo de Arcos de la Frontera. Saturnino Moreno y otros ecologistas taponaron una tubería que vertía aguas fecales al río Guadalhorce, para cuya desembocadura se logró la protección hasta conseguir ser declarado paraje natural en el 89. La Laguna de Fuente de Piedra (en la imagen Moreno tercero por la izquierda y naturalistas de otros puntos del país) fue otro de sus espacios de atención, pues la zona carecía de protección y eran habituales los vertidos o la caza incontrolada de patos. Las continuas denuncias sobre la riqueza de este espacio, punto privilegiado para la reproducción del flamenco rosa y área de paso de otras aves, llevó a su conversión como primer espacio natural declarado por la Junta y hoy Reserva Natural.

La actividad de Moreno al frente de Silvema también se centró en el urbanismo. Sus movilizaciones contra la presa sobre el río Genal han continuado hasta el día de hoy con otros grupos ecologistas implicados en la defensa de las riquezas naturales de este valle.

Pero sin duda, una de las acciones que más se recuerdan de aquella época fue su oposición frontal a la construcción de un hotel de lujo en el Parque de El Morlaco, en la capital, en una de las zonas verdes mejor conservadas hoy en la ciudad "y golosa para la construcción". El alcalde Pedro Aparicio aprobó levantar este establecimiento en una zona verde, ocupando más de 30.000 metros cuadrados, una quinta parte de la superficie total del parque. La ciudad ansiaba entonces la apertura de establecimientos de este tipo en la ciudad, después de que la independencia de Torremolinos dejara a la capital huérfana de planta hotelera. El proyecto contaba con el respaldo expreso del entonces presidente de la Junta, José Rodríguez de la Borbolla. Una dura campaña de denuncia y las alegaciones planteadas por Silvema y otras asociaciones llevaron al ayuntamiento a renunciar al proyecto a comienzos del año 1989. Aquel hotel de lujo frente al mar guarda similitudes con el que hoy se proyecta en el dique de levante del puerto. "Me parece una barbaridad el proyecto, no tiene mucho sentido tanto por el impacto que supone esa figura -una torre de 135 metros- como por lo que afectará al entorno", asegura hoy Moreno. "Seguro que hubiéramos puesto una pancarta como se hizo en su día en la catedral o en la Alcazaba" para denunciar el urbanismo poco respetuoso con el medio ambiente.

El activismo ecologista ha cambiado mucho hasta nuestros días. "Entonces éramos unos luchadores, asegura, y desde la Universidad había muchos recelos en meterse con gente como nosotros". Hoy el activismo está en ese mismo ámbito académico. "Hay muchos implicados, pero la forma es distinta y socialmente es menos visible". A Moreno se le tuerce el gesto cuando habla de dos problemas actuales y que tienen mucho que ver con la naturaleza. Sobre la sequía que ya se asoma en muchas zonas de la provincia asegura que nos encontramos en un clima subtropical mediterráneo "pero queremos vivir en Escocia, con campos de golf, cultivos de regadío y una muy mala gestión del agua", a lo que se suma el desbarajuste urbanístico de amplias zonas como la Axarquía o el litoral malagueño. Precisamente como uno de los responsables de documentar la Gran Senda de Málaga, que bordea en 650 kilómetros toda la provincia, asegura que se han encontrado con zonas junto a la costa donde ha sido imposible acceder a las sendas por estar ocupadas por urbanizaciones. Algunas construcciones en Marbella o Benalmádena, también chiringuitos, se encuentran sobre el cordón de dunar de la zona. Sólo un pequeño resto de este espacio, las dunas de Artola, se halla hoy protegido como monumento natural.

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