Psicólogos piden más terapias tras aumentar un 6% el consumo de antidepresivos en Málaga

Boticarios recalcan que la depresión no debe minimizarse porque puede acabar en suicidio

Unos 150.000 malagueños consumen tranquilizantes de manera habitual

Entre las personas con depresión hay más mujeres que hombres.
Entre las personas con depresión hay más mujeres que hombres. / M. H.

El pasado 13 de enero fue el Día Mundial contra la Depresión. Al hilo de esta fecha, boticarios y psicólogos han lanzado mensajes para visibilizar la patología y a la vez intentar ayudar a las personas que la padecen. Los primeros, advirtiendo sobre el incremento en la dispensación de antidepresivos. Los segundos, alertando de que el acceso a estos fármacos es fácil, pero no así a terapias que han demostrado iguales o mejores resultados a la hora de tratar a los pacientes.

El Colegio de Farmacéuticos advirtió a través de redes sociales que el aumento de antidepresivos se incrementó el año pasado en Málaga un 5,8%. Una realidad que según el vocal de Farmacia de la institución, Alberto Barrionuevo, “aumentó mucho durante la pandemia y luego no ha bajado, sino que sigue al alza”.

Cartel difundido por el Colegio de Farmacéuticos sobre el aumento de antidepresivos.
Cartel difundido por el Colegio de Farmacéuticos sobre el aumento de antidepresivos. / M. H.

Los profesionales aclaran que la depresión es una patología compleja, que varía según cada persona y en la que intervienen desde factores genéticos, ambientales hasta circunstancias particulares de cada individuo. “Hay muchas variables, pero no debe tomarse a la ligera porque una depresión grave puede llevar a un intento de suicidio”, advierte Barrionuevo. Cabe recordar que según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el primer semestre del año pasado se registraron 64 fallecimientos en la provincia de Málaga por conducta suicida. Ello supone la muerte de una persona cada tres días por esta causa no natural –y evitable– de fallecimiento. Entre las personas con depresión, hay más mujeres que hombres. Además, la incidencia aumenta a medida que avanza la edad. Se estima que la patología afecta, en distintos grados, a un 17% de la población.

El vocal para Andalucía de la Sociedad Española de Psicología (SEPC-ANPIR), Gabriel Ródenas, confirma la “tendencia ascendente” en los últimos años del uso de antidepresivos y recuerda que España está entre los países que más fármacos de este tipo consume. Cree que se prescriben más antidepresivos de los que se debería y menos terapias de las que harían falta. “Es ingenuo pensar que la depresión se soluciona inmediatamente y solo con fármacos”, apunta.

La realidad del sistema sanitario es parte del problema. Por un lado, porque debido a la saturación de la Atención Primaria, “se tiende a lo farmacológico”. Es decir, a la solución rápida de prescribir pastillas. “Con el poco tiempo que tienen los médicos [de Primaria], tiran de la prescripción de fármacos”, recalca. Añade que en torno al 40% de consultas en Atención Primaria tiene alguna vinculación con un tema de Salud Mental. Por otro, señala que ante la falta de psicólogos clínicos, gran parte de los pacientes no pueden beneficiarse de psicoterapias, que pueden usarse bien combinadas con fármacos o en solitario. “Faltan psicólogos clínicos en el sistema público”, denuncia.

Por eso Ródenas resume que “es fácil el acceso a fármacos, pero es difícil el acceso a terapias”. De ahí que demande “más psicólogos clínicos” en todos los niveles asistenciales. De hecho, una de las reivindicaciones de la Sociedad Española de Psicología Clínica es uno de estos profesionales por cada unidad de gestión clínica en Atención Primaria. En 2019 comenzó su incorporación, en el Servicio Andaluz de Salud (SAS), pero el ritmo es lento y la cantidad insuficiente.

Ródenas apunta que tienen que incrementarse las plantillas de psicólogos clínicos para que los pacientes puedan acceder a las terapias igual que lo hacen a los fármacos. Pero además insiste en que debe haber personal suficiente para que éstas sean con frecuencia y duración adecuadas para que realmente sean efectivas.

Sobre si la crisis mundial del Covid puede estar detrás de la tendencia al alza de cuadros antidepresivos y del consumo de estos fármacos, Ródenas aclara que no puede hablarse de un nexo causa-efecto. “La gente consulta más por la salud mental tras la pandemia, pero no puede establecerse una relación causal”, señala. No obstante, explica que cuando hay “situaciones históricas sociales y económicas complicadas, afectan a la salud mental de las personas porque son épocas de estrés”. Y concluye: “Unas personas se adaptan, pero otras necesitan atención más especializada”.

Apatía, tristeza o inapetencia, signos de alerta de la depresión

Tristeza, apatía, cambios de humor, inapetencia, pocas ganas de hacer las actividades habituales y alteraciones de conducta tanto en el sueño como en las comidas. Estos según, según detalla el vocal de Farmacia del Colegio de Farmacéuticos de Málaga, Alberto Barrionuevo, algunos de los signos de alerta de una depresión. También señala que los tratamientos como “mínimo” deben ser de unos seis meses y se pueden prolongar “dos o tres años” en función de que sean casos leves o graves. Pero destaca que siempre deben realizarse bajo vigilancia médica, con evaluaciones periódicas y “nunca” cortarse de pronto. Además, insiste en la importancia de no abusar de estos tratamientos si no son necesarios ya que tienen efectos secundarios como ganancia de peso o alteraciones del sueño.

Casi 12.000 personas dejaron los ansiolíticos tras una campaña

Otra realidad que preocupa a los sanitarios es el abuso de los ansiolíticos. Para ello, el Servicio Andaluz de Salud (SAS) pilotó en algunos ambulatorios de Málaga y Andalucía la campaña Benzostopjuntos, una iniciativa entre centros de salud y farmacias para tratar frenar el consumo de ansiolíticos que llegó a ser del 4% anual. Según los datos facilitados por el Colegio de Farmacéuticos de Málaga, entre abril de 2023 y el mismo mes de 2024, un total de 11.939 personas dejaron de consumir benzodiacepinas, que son los medicamentos recetados para los cuadros de ansiedad. En términos proporcionales, esas cifras suponen un 3% gracias a las intervenciones realizadas con ese programa

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