Granada-Málaga CF: La toma de Los Cármenes (0-1)

El Málaga CF falló un penalti, pero supo madurar el partido ante un rival mucho mejor de lo que dice la tabla para, con miles de malaguistas en las gradas, sentenciar en el tramo final con Larrubia

Las fotos de la victoria

David Larrubia celebra. / Francisco Neyra V. / @francisconeyrafoto

El bólido blanquiazul de Juanfran Funes vuelve a circular en sexta marcha. Conquistó Granada (0-1) en un partido definido en los minutos finales por David Larrubia, el crack diferencial del equipo que, sin tener su mejor día, apareció para culminar un angelical pase de Aaron Ochoa y batir en dos tiempos a Luca Zidane. En un combate de muchísimo nivel, con un Granada casi inabordable en casa pese a su situación en la tabla que apretó, el Málaga supo sufrir cuando tocó, desaprovechó un penalti en la primera mitad, tuvo tramos de dominio tremendo en campo ajeno, sin que el rival pisara su campo durante largos periodos de la segunda mitad, y reinó con un triunfo trabajadísimo, muy masticado. Acompañado por miles de malaguistas diseminados por Los Cármenes, un día festivo como dos años antes, entonces se trabajaba el regreso a Segunda División ante el filial albirrojo y ahora se sueña, con pleno derecho, por regresar a la élite. Pasados dos tercios de competición y con 47 puntos esto ya va en serio. Seguramente dentro del equipo la clave sea no otorgarle más importancia de la necesaria y seguir fluyendo como hasta ahora, aunque no será sencillo. Pero el punto de cocción del equipo, la confianza y la calidad que hay permiten imaginar otro junio inolvidable.

Sin anestesia, el vértigo empezó gobernando el partido. Dos onces iniciales con menos de 24 años de media, empuje y alto nivel físico quizá superior en el rival, había curiosidad por ver cómo se manejaba el Málaga en ese escenario. Arnaiz cabeceaba tras gran internada de Sola, Puga se inventaba un pase entre mil piernas que despejaba Luca Zidane como podía y el lateral granadino llegaba a línea de fondo y recortando para disparar. En sólo tres minutos, mucha presencia en las áreas. El Granada tomó las riendas progresivamente, con una banda izquierda bulliciosa con Diallo y Diocou, creando problemas. El Málaga se había descuadrado y sufría para tener el balón y pisar el último tercio de campo granadino. Tuvieron llegadas Diocou y Sola muy peligrosas, pero sus disparos se fueron desviados.

El Málaga se recompuso, con Dotor y Dani Lorenzo leyendo mejor los apoyos y los espacios para recibir ante la presión local y dar continuidad. Pero fue un pelotazo largo lo que originó la gran ocasión. Poco antes de la media hora, saque de portería del Málaga, duda entre los centrales nazaríes y Lobete está vivo para meter el pie y habilitar a Chupete, derribado por Manu Lama dentro del área. Penalti catedralicio, con la duda de si podía haber sido roja. El cordobés, tras su último error, lo lanzó potente, al medio y alto. Topó con el larguero, perdiendo una oportunidad inmejorable. Pese a ello, el aire del partido había cambiado, acabó con mejores sensaciones y más control el Málaga. Lobete se sacaba un disparo duro, aunque algo centrado, haciendo la diagonal y recortando que envió Luca Zidane a córner. Bien Murillo en las coberturas, creciendo cada día más como central de élite.

El Málaga agarró por la solapa al Granada tras el descanso. Le sometió, le tuvo minutos sin salir de su campo, provocando los pitos de su afición. La fe del equipo de Funes es máxima en lo que hace. No paró Zidane nada imposible ni hubo ocasiones clamorosas, pero sí ese sometimiento y rondar constantemente el área. Hubo cinco minutos críticos. Una pérdida de Dani Lorenzo en área propia, situación análoga a la que originó el tanto a favor ante el Albacete, propició que Sola la tuviera sin portero pero resbaló. Un cabezazo de Trigueros tras centro de Rodelas ocasionó el paradón de Alfonso Herrero. Pasada esa tormenta, el partido parecía dirigirse hasta el empate, aunque los cambios de Funes (Rafa, Ochoa y Niño) habían reactivado. En un balón dividido, recuperación malaguista en campo propio, dos toques, descarga de Niño y conducción del Ochoa, un ángel con cara de demonio, que esperó a que Diallo perdiera de vista el balón para dejar solo a Larrubia ante Luca. El hijo de Zinedine paró en primera instancia, pero no el remache del genio de La Luz. Un gol muy celebrado en el estadio y a un centenar largo de kilómetros porque empieza a generarse de verdad la idea de que este equipo puede ascender a Primera División. En los últimos minutos, con madurez inusual para la edad de los protagonistas, el Málaga siguió masticando, perdió tiempo en el terreno rival y el rival no llegó a inquietar a Alfonso. La toma de Granada fue completa, en el césped y en las gradas.

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