Málaga CF-Real Valladolid: Esto sigue siendo Segunda (3-3)
El Málaga tuvo dos veces ventajas de dos goles ante un Valladolid que nunca se rindió, pero que exprimió la expulsión de Víctor García (56’) y de un arbitraje que puso de los nervios al equipo y a La Rosaleda
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Esto sigue siendo Segunda y puede que para el Málaga CF no sea malo que se lo recuerden pensando en el medio-largo plazo. Porque esto sigue siendo Segunda y sus circunstancias. Con sus vaivenes, sus alternativas, sus tiros en el pie (como la expulsión) y sus arbitrajes desquiciantes. Es verdad que tuvo sendas ventajas de dos goles y también que por momentos el Valladolid le arrinconó. Podría ser el guion de un partido en un hipotético play off.
En caliente, puede que sepa a poco el punto, pero este tipo de lecciones hay que saber conservarlas como tesoros. Pensar en cotas más altas es saber que el camino tiene espinas y que las rosas están al otro lado.
En el estado de felicidad que llegó el Málaga, y aunque pueda sonar a disparate, ponerse con tanta ventaja en tan poco tiempo resultó contraproducente. Sólo un necio no te firma ponerte 2-0 en casa en un cuarto de hora, claro. La cuestión no es esa. Es que en su naturaleza está no especular nunca, esa bandera ya la ha ondeado Juanfran Funes desde que llegó.
El Valladolid supo jugar con eso. Porque tiene la calidad y la velocidad para poner aguantar estos envites aunque la tabla ahora diga que es un rival venido a menos. Por eso supo levantarse y dar guerra cuando lo normal es hincar la rodilla ante tal arreón inicial.
Tuvo algo de poético el inicio. Chupete necesitaba un estímulo así después de irse de Granada con el gesto torcido. Estaba en sequía y hasta se le atragantó un penalti. El cordobés se coló entre dos defensas y le sacó a Guilherme la pena máxima siendo más rápido y más cuco. El portero le recordó lo de Los Cármenes, eso parecían decir sus labios. El pichichi aseguró al centro.
Todavía regresando de los abrazos, llegó el segundo. Además de alguien que lo merecía como pocos. Tras un jugadón de Larrubia marca de la casa, Dotor pescó en el área el rechace (había que estar atento y en el sitio) y fusiló al cancerbero.
A partir de ahí se empezó a entender por qué apodan a Chuki así. Fue un diablo. Atormentó a todo el que retó. Por el centro, por un lado, por otro, a balón parado. Hasta obligó a Alfonso Herrero a despejar un amago de gol olímpico.
Resistió por bravura a veces y por algo de fortuna otras, el Málaga. Pero un añadido de seis minutos le bastó al cuadro de Escribá para acortar, y merecidamente, la distancia. Fue Peter Federico, quien tras dejar atrás a Dotor definió con un disparo rasito y fuerte.
La naturaleza blanquiazul no es una desventaja, cuidado. Como si nada hubiera pasado, se fue a por el Valladolid y le dio otra dentellada. Esta vez a balón parado. Víctor García, lanzador oficial cuando está disponible, se asoció en una falta lateral con Chupete. El cordobés marcó con la puntita de la bota. El árbitro vio fuera de juego, el VAR lo corrigió.
El mismo Víctor, que regresaba al once tras muchas semanas, fue expulsado en el 56’ por sendas patadas a un Iván Alejo, que como es costumbre en él, provocó la ira del estadio. Imperdonable lo del lateral, con la experiencia que tiene...
Lo agradeció el Valladolid, que dio un paso adelante. Chuki avisó con una falta directa que repelió Herrero y sirvió con otra la asistencia para el 3-2, que peinó sin querer hacia su portería Chupe.
El encuentro estaba absolutamente descontrolado. El Málaga achicó aguas como pudo, pero no renunció a buscar a Guilherme aunque el tablero estaba volcando hacia el otro lado. Y resistía y resistía pese a la inferioridad el cuadro malacitano.
La Rosaleda no entendía las decisiones del árbitro y en una de estas llegó el 3-3 en el 92’. Primo hermano del 3-2. Nació en una falta -y amarilla- de Juanpe que se llevaba las manos a la cabeza ante la incredulidad de Funes y todo el banquillo.
En el 96’, Marcos André se llevó por delante a Herrero (poco antes había sido Tomeo). A los ocho añadidos habría que sumar algo más. Cinco decretó... Rascar un punto dadas las circunstancias y teniendo que ir contra su propio yo, no es mal botín para el Málaga a pesar de todo. Además, es una buena lección para lo que está por venir.
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