Caroline Schell: pintora y escultora en un clan de actores en Marbella
Su tía María ganó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes y su tío Maximilian, el Óscar al Mejor Actor. Sus abuelos huyeron a Suiza cuando Hitler anexionó Austria
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En Marbella tengo la luz para trabajar; en Suiza y Austria, el lugar para exponer y vender; y en Italia, el interés de la gente por el arte”, dice la pintora y escultora suiza Caroline Schell, descendiente del Clan Schell, una familia de actores. Sus abuelos, Hermann Ferdinand Schell y Margarethe Noé von Nordberg, huyeron de Viena en 1938, cuando se produjo el Anschluss, la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi de Adolf Hitler. Su abuela, que era una actriz austriaca, dirigía una escuela de interpretación en su país, en tanto que su abuelo, de origen suizo, fue poeta, escritor y dramaturgo.
–Mi abuelo le dijo a la familia: vámonos a Suiza, en Zurich tenían el único teatro abierto en esos tiempos de guerra. Mi abuela, mi padre Carl y mi tres tíos: María, Maximilian e Immy, de pequeños, hicieron del teatro su trabajo. Luego, han hecho de la actuación su profesión. De la familia, María era la más conocida [En 1954, ganó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes con la película El último puente de Helmut Käutner] hasta que Maximilian ganó el Oscar al Mejor Actor [en 1961 encarnó al abogado defensor en el Juicio de Núremberg en la película Vencedores o vencidos] y fue padrino de Angelina Jolie.
El 15 de enero se cumplió el centenario del nacimiento de María Schell. Mi tío Maximilian hizo un documental sobre la carrera de su hermana y de su relación con ella. Y otro sobre Marlene Dietrich, cuando esta vivía en París, por el que obtuvo algunos galardones y una nominación al los Óscar.
–Ese mundo familiar me parecía normal, veía teatro y exposiciones. Mis padres iban a actividades de cultura en lugar que a la fiesta de la cerveza, para mi eso era lo normal, Cuando era pequeña me gustaba dibujar, pintar, no me daba cuenta de que era un arte. No he hice teatro, ni he actuado, como mi familia, pero al final creo que las dos cosas son lo mismo. Mi padre observaba a una persona y en su actuación la imitaba; yo hago igual, observo a una persona y después la pinto, la imito, para captar su mirada, su expresión y ponerme en su lugar. Lo tenía claro desde niña, quería vivir como pintora y escultora, y una vida no es lo bastante larga para hacer más cosas.
Mi padre me trataba de persuadir: “si vas a la escuela de arte, luego puedes estudiar para ser una doctora”. Yo le dije: quiero hacer esto; si no me hubieran dejado estaba dispuesta a marcharme. Insistí muchísimo, a los quince años empecé en el Instituto de arte de Lugano. Para ir a estudiar me levantaba a las cuatro y media de la mañana, no había entonces una buena comunicación entre Locarno y Lugano (Suiza). Viajaba cinco horas entre ir y volver, no me retrasé ni una vez durante los cuatro años de estudio. A los personajes que dibujaba, los llevé luego fuera de la pintura, al yeso o el barro. Después continué en la Academia de Bellas Artes de Florencia (Italia), allí trabajé el mármol y otras técnicas, como el bronce, para aprender un poco de todo. Me siento tan escultora como pintora, cuando trabajo en una de ellas, siento que me falta la otra.
Mi primera profesión fue la de artista callejera. A los dieciséis años me puse a hacer retratos en la calle, después he estudiado y estudiado, no se termina nunca de aprender. Trabajo pero siempre estudio y no dejo de ver exposiciones. Hasta el tres de enero expuse dieciocho obras, bajo el nombre de “People”, en la Galería Esther de la Villa Fuchs, en Viena, he vendido y el resto de las obras pasaron a otras dos galerías.
En Viena conocí a mis maestros: Carlo Wimmer, que había sido alumno de Gustinus Ambrosi, el único escultor que realizó las figuras de tres Papas. Fue un gran artista austriaco, que era sordo, devino en escultor y necesitó de un asistente, Wimmer. Ernst Fuchs [el padre del realismo fantástico de la escuela de Viena] y su hijo, Daniel Friedemann Fuchs, también han sido mis profesores, los dos hacían esculturas, como Wimmer. He sido la asistente de Ernst Fuchs en el diseño de los frescos de la capilla de San Egidio en Klagenfurt (Austria).
Hice la escultura de la Santa Muerte que me encargó Miguel, un artista de la pintura, me había pagado la primera parte, y se murió cuando la estaba haciendo. Su hijo me pidió que siguiera el encargo. Antes hacía mucha obra por encargo, pero me quitaba tiempo para hacer mi obra, ahora hago menos, y me da mucha más libertad. El retrato, que se hace en tres días, me gusta, o los bustos. He hecho un retrato a la escritora Lissy Klinger-Lohr y también a mi madre [Stella Monney, estrella del musical Hair, donde interpretó a Sheila], que fue actriz y cantante. A mi padre le he hecho un busto. Daniel Friedemann Fuchs, cuando falleció Ernst, su padre, me pidió que le hiciera la máscara de la muerte, pero no pude, coincidió con el cumpleaños de mi padre. Él ya estaba mayor, murió a los 92 años, y le iba a dar su busto. Fue actor, director, aventurero y un entendido en palmeras, tuvo mas de un centenar.
Con veinte años hice body painting, [pintura corporal como una forma de arte] en Italia, trabajaba en una agencia para marcas como Möet & Chandon, Valentino Rossi, Playboy o Freixent. Valentino Rossi celebró una exposición en Florencia, tiene su propia marca de ropa, en un stand grande había una parte de cristal y dos espejos y en otra parte la ropa. Tenía que buscar personas jóvenes, guapas y que supieran pintar, las encontré en la academia. Se pintaba a las modelos con la ropa de la colección, era un poco de show, a la gente se le pintaba dentro y fuera del stand. Con Möet & Chandon, lo hicimos muchas veces, unas chicas ofrecían copas de champán y yo hacía retratos a la gente que asistía. Para Playboy, hicimos el body painting, con chicos y chicas bailando en la disco. Lo de las chicas era fácil, con el logotipo de la revista, el conejo, se le dibujaba un bañador; a los hombres se les marcaba o dibujaba los músculos y los bíceps; el logo de la revista en la parte superior del brazo y la pajarita.
Hace años hice un evento de body painting en Estepona y una de las obras se subastó en Viena. Antes había más de estos eventos, ahora es más raro, en la discotecas hay menos posibilidades, la gente se mueve menos. Aquí se prestaría para ello, pero en verano prefiero no tomar encargos y dedicarme a mi obra, a preparar exposiciones y venderlas.
Se puede vivir de la pintura. Yo siempre he hecho pintura figurativa, abstracto solo en los fondos. La Inteligencia Artificial (IA) afecta a la pintura, como lo hace con todo el mundo; lo que hace el mejor matemático del mundo ya lo hace la IA. Los artistas tienen la ventaja de saber trabajar con las manos, pueden hacer una mesa u otra cosa. Como artista, sé vivir con poco, y siempre hay una idea, una creatividad para inventar algo. Afecta a todo y no me gusta, pero veo menos problema para el artista.
Hoy hay más interesados en la pintura figurativa, antes, todo era abstracto, el resto era kitsch, a la gente joven le gusta el arte figurativo. Antes tenías la idea de pintar una mujer y se miraba muchas fotos, estudios. Ahora se le pide a la IA: hacedme un modelo así. Y después se pinta encima y se vende. A veces no se nota. Para mi no es una obra del pintor, lo ha hecho la IA, la composición y todo. Mucha gente lo hace. Después ves que la mano no está bien. Es mejor tomar un modelo y pagarlo, o si no tómate tú como modelo, o mira a los grandes artistas, porque hay muchos estudios. La cuestión es el uso que se da a la IA. Hay gente, sin posibilidades, que está en un gueto y no puede ir al Louvre, sin embargo, a través del teléfono puede aprender, tiene acceso a la cultura.
Cuando hago exposiciones animo a la gente a que se intercambien el número de teléfono, porque cada vez hay menos gente buena, y una mano lava otra. Cuando voy a Austria o Italia nunca me quedo en un hotel, sino en la casa de amigos, con la gente que hicimos juntos la escuela, y aquí ellos tienen mi casa. Hago intercambios. Mucha veces no cojo dinero, sino que cambio las obras por cosas, como viajes, hasta he conseguido alquilar casas por retratos a un nieto u otro familiar.
Es más fácil vender un cuadro que una escultura, hay galerías que no quieren esculturas. La escultura es más complicada, desde el transporte, que es más delicado. Hice una sola exposición de esculturas, la mayoría eran piezas de mármol. Aunque en los últimos años hice más esculturas que pintura, como tres osos que eran de encargos. He hecho una escultura grande y la he vendido, no me dio tiempo a exponerla.
En Italia la gente está super interesada por el arte, en Suiza un poco menos, les interesa más los bancos y en Viena hay mucha más afición por la música. Por eso, en las redes sociales, muchas veces escribo en italiano, porque allí hay mucha más gente interesada. Cuando llevé una escultura en Italia, entramos con una camión grande por una calle estrecha, descargamos la escultura y una señora me dijo: “también quieres entrar en mi habitación. Esto es mío”. Los vecinos protestaban porque con el camión habíamos bloqueado la calle. En un momento todo el mundo nos insultaba, y al final todos vinieron a ayudarnos cuando vieron que si no nos ayudaban no mejoraba la situación. En otro sitio directamente llaman a la policía. Después querían ver la escultura, les gustó y acabaron riendo. En Italia, expuse en museos y ferias importantes. Una de pintura y otra de esculturas de mármol, en los museos de Cortina d’Ampezzo y de Castiglion Fiorentino de Arezzo, y también en la Feria de Arte de Padua.
No existe un país perfecto. En Suiza tenemos el derecho de elegir y me preguntó ¿por qué se ha decidido una cosa tan ignorante?. A veces se acuerdan cosas idiotas, no hay un país perfecto. Me gusta España, me gusta Italia, Austria también, pero hace mucho frío, me gusta en verano, pero prefiero Suiza, donde he nacido, allí tengo a mi madre, y voy a verla. Soy suiza pero los italianos creen que soy italiana, me tratan como uno de ellos, aquí me ven como una extranjera pero me tratan bien. Aqui es muy internacional, no hay solo españoles. En París, trabajé en distintos talleres de arte para empresas y decoré varios espacios, he visto a la gente estresada, de mal humor todo el tiempo. En Francia, la gente está nerviosa y no es positiva como en Italia. Tienen mucha cultura, pero la gente es mucho más difícil; con el español o el italiano la comunicación es mucho más fácil .
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