Lope de España, el mayordomo que sirvió a la jet de Marbella

Ha recogido limones en Cártama, sacó brillo a la cubertería de plata en hoteles del Canal de la Mancha

De cantar en los supermercados llegó a TVE, actuó en bodas y en las ferias de San Pedro Alcántara

Lope de España en una actuación.
Lope de España en una actuación.

Pepa, la del quiosco, quería que fuera impecable a la televisión. Hizo una colecta entre los vecinos para comprarme un traje azul marino para el 28 de diciembre. El día de Los Santos Inocentes de 1990 llegué a los estudios de Madrid hecho un figurín, recuerda Lope Martín Campaña. Era la segunda vez, en tres meses, que el mayordomo de San Pedro Alcántara, volvía a TVE a cantar sus coplas como Lope de España, en el magacín Esta es su casa, que presentaba María Teresa Campos.

–Tienes que venir otra vez. Cuando estuviste en el programa, fue el día de mayor audiencia de la televisión, me dijo la copresentadora Cristina Morato, al llamarme para que repitiera. Esta vez estaban La Gorda de la Orquesta Mondragón y un muchacho recuperado de la droga por las Hermanitas de los Pobres.

Cada mañana Lope Martín Campaña acostumbraba a entrar al supermercado Alcántara entonando: “Yo soy el Lope de España/ por mi arte y mi salero./ Y es que todo lo que canto/ le gusta, a mi pueblo de San Pedro”, emulando los versos de la copla “Yo soy Carmen, la de España/ cigarrera de Sevilla”.

La periodista Merche Miranda me escuchaba cantar todas las mañanas. Hasta que coincidimos en la cena que el Club de Jardinería celebraba el día de la flor en el palacio de congresos de Torremolinos, y me recordó del supermercado. –¡Te voy a llevar a TVE!, me dijo.

Cantando en una boda.
Cantando en una boda.

Morato me llamó para invitarme al programa que estrenaba María Teresa Campos. Me pagaron un taxi al aeropuerto y el vuelo a Madrid. A la vuelta viajé con Raquel Revuelta, que era entonces Miss España. Me vi en un plató de televisión con público, vestido de mayordomo, cantando Yo soy el Lope de España. Esa tarde me aplaudieron más que los peces a Julio Iglesias.

Lope vivió sus momentos de gloria con las dos actuaciones en Televisión Española, después de repartir sus coplas por las tiendas, bodas o en la caseta que montaba con Paquito El Pelotilla en la feria de San Pedro. Una tienda de ultramarinos se propuso inmortalizar el acontecimiento. Colgó un vídeo de la actuación de Lope en su muro de Facebook, donde recopila imágenes del pueblo, con una frase de reconocimiento: “Gracias por haberte quedado para siempre en nuestro San Pedro” .

Con doce años vine con mi padre de Cártama, el mes de octubre, cuando se celebraba la feria de San Pedro en la Plaza. Mi padre hacía la cal, la cocía en el horno, había venido con una calera a la carretera de Ronda. Desde allí, bajaba con un borriquillo más de quince kilómetros, que lo hacía en dos horas hasta llegar a San Pedro, mientras por el camino cogía madroños. Dos meses después, cuando pusieron la fábrica de cemento en Málaga, ya no había trabajo para mi padre. Nos fuimos a Bilbao. Como aún yo no tenía edad para trabajar se apañaron para colocarme, en una tapicería de asientos de coches, con el nombre de mi hermano mayor. A los catorce, ya como Lope, entré de ajustador en un taller mecánico.

Junto a Rocío Jurado.
Junto a Rocío Jurado.

Iba a la iglesia con Acción Católica, me dieron un libro, pero yo no sabía leer. A los seis años y medio murió mi madre y no fui más al colegio. En Bilbao, solía ir al convento de las Carmelitas a escuchar el coro. El cura Vidal, que veía venir todos los días con el garrote, me dio un libro y una tarjeta para que a la mañana siguiente fuera, de su parte, a una academia. Allí aprendí a leer y escribir, y con catorce años tomé la primera comunión.

La película El último cuplé estuvo seis meses en cartel en el cine más lujoso de la Gran Vía de Bilbao. Mi tío fue trece noches a verla.

–Joaquín, ¿todavía no te has enterado de la película?, le dijo un día el acomodador.

–Por ver los pechos de Sara Montiel y el bofetón que le mete a Alfredo Mayo, por eso vengo, le respondió.

Los domingo concurrían las empleadas domésticas y los soldados al cine Vizcaya, de Bilbao. Yo iba a ver películas del Oeste y alguna de Lola Flores, Juanita Reina o Carmen Sevilla. “Yo soy Carmen, la de España”, me quedó grabado. La cantaba todos los días; Fernando Vázquez, El Guaro, un empleado de la farmacia de San Pedro, me dijo entonces: “Tú no eres Carmen, eres Lope de España”, y así me quedó.

–Tú te quedas con nosotros: tres mil pesetas al mes, la comida y la ropa: pantalón negro, camisa blanca y los zapatos, me dijo doña Remedios del Río [el alma de la jet set marbellí] cuando me vio sirviendo las mesas en la primera comunión de una de sus hijas.

Con Remedios del Río en la fiesta del Tostón.
Con Remedios del Río en la fiesta del Tostón.

Tenían un drugstore, donde se vendían artículos de pesca, fotografía, revistas, cafetería, boutique, farmacia, de todo. Me contrataron como personal doméstico, para servir la mesa y llevar a los niños al colegio; menos conducir, yo hacía de todo. Asumí el papel de mayordomo, como ama de llaves. Había visto tantas películas de mayordomo que me encantaba protagonizarlo. Para ello hay que ser leal, trabajador y honrado. Me quedé con esta familia 33 años.

Por esa casa vi pasar a Sean Connery, Philippe Junot, Fernando Rey o el director, guionista y productor de cine Rafael Gil. A Aurora Bautista le dije: "Estoy enamorado de usted, desde que la vi muy guapa en Locura de Amor". “Me encanta que me diga esas cosas”, me agradeció. A Laura Valenzuela, la primera locutora y presentadora de TVE, le serví muchas veces la comida en la casa de doña Remedios. Por ahí también venían Mingote y el pintor Pepe Caballero, quien me regaló un cuadro. Un día tocaron a la puerta, fui a abrirla y era Jesús Quintero.

–Soy el Loco de la Colina, se presentó.

–Y yo el Lope de España, le respondí.

Jaime de Mora cuando me veía me prometía que me iba a regalar un traje, todavía lo estoy esperando. En el cumpleaños de don Juan, el marido de doña Remedios, todos los empleados acostumbrábamos a regalarle gambas y langostas, que comprábamos en Algeciras. Jaime de Mora venía, pero a comérselas, no traía ningún regalo. Isabel Preysler, antes de casarse con Julio Iglesias era como una muñequita Nancy. La veía por la calle del medio de San Pedro, solía venir a comprar verduras en lo de Isabel Cuesta.

De feria en la farmacia.
De feria en la farmacia.

A Jesús Gil le serví el primer desayuno, cuando vino a hablar con doña Remedios para intentar llevarla a su grupo y ella se fue al partido Independentista de San Pedro [la agrupación local que promovía la segregación de Marbella]. Y le di el último adiós un Jueves Santo. La procesión tenía que salir a las diez de la noche, pero esperó hasta las once menos cuarto la llegada Gil. Un mes después se murió.

En la farmacia rellenaba pañales y purés para niños, limpiaba los escaparates y el suelo del local. Ahí vi a José María Íñigo comprar loción para los piojos. A Athina, la nieta de Aristóteles Onassis, les llevábamos pedidos de 25 mil pesetas en artículos de perfumería a su chalé, donde había que entrar enseñando el carné. Por la farmacia también vi pasar a Adnan Kashoggi y Raymond Nakachian. A la gente le decía: "No llamarme Lopillo, llamadme Lope/ que mi nombre es famoso como El Quijote".

Para complementar las tres mil pesetas que ganaba, buscaba hacer algo más los jueves que libraba. Encalaba las fachadas de las casas de San Pedro para el día del Corpus Christi, a algunas viejecitas no les cobraba. También servía en el Club de Jardinería, o en bodas, como la que se celebró en la casa de la condesa de Larisch, cuando se casó uno de sus hijos. También he estado en la casa de la duquesa de Alba y cantando en alguna fiesta de Gunilla en El Ancón .

Una vez, yo estaba cantando en el bar El Picapiedra, entró el Beni de Cádiz y preguntó: “¿De dónde ha salido este fenómeno?". En la boda de Juanito, el hijo de doña Remedios, me quité la chaqueta y me puse a cantar. Y Antonio El Bailarín fue el que dijo: “¿Remedios, este de dónde ha salido?”.

En una gala en el complejo Oasis.
En una gala en el complejo Oasis.

El aparejador Lino Ventura me oyó cantar y me propuso sacar un libro. Se encargó de pasar a máquina mis versos y coplas, y abrió una cuenta en el banco para pagar a la imprenta, con la venta a 500 pesetas el ejemplar. En una semana vendí 250 libros de Lope de España, cancionero 1983, que me editó Gráficas Sur, de Sevilla. Y otros 40 ejemplares les regalé a don Alfredo, el cura de la iglesia Virgen del Rocío. Había venido a recoger un donativo de doña Remedios y yo quise hacer mi aportación con los libros. Cuando se vendió el local que ocupaba la iglesia, el nuevo propietario –que iba a hacer allí un restaurante– encontró mis libros, el cura no había vendido nada.

Lope, de joven, recogía limones en su pueblo. Para luego emigrar al Reino Unido, allí aprendió a sacarle brillo a los cubiertos y las bandejas de plata.

En Cártama, cargaba todos los días 250 cajas de 23 kilos del campo hasta donde podían entrar los camiones, a unos 300 metros de distancia. Lo transportaban hasta Tana, una empresa de cítricos de Murcia, que compraba todos los limones del pueblo. Estaba siempre alegre, cantaba todo el día entre los limoneros, así se pasa mejor la vida. Con el tiempo descubrí que tenía las vértebras dañadas, en el campo cargaba cerca de seis toneladas por jornal, a los 62 años me tuve que jubilar por incapacidad laboral.

Un matrimonio inglés le preguntó a una amiga de Cártama, que trabajaba en Torremolinos, si conocía alguna persona de confianza para llevarla a su casa como personal doméstico. Así, mi hermano mayor se fue al Canal de la Mancha. Con el tiempo él me mandó el billete de avión y una carta con un contrato de un hotel para que lo firmara; yo no sé inglés y ni lo leí. Al llegar a Inglaterra, donde solo se puede entrar de holidays o con permiso de trabajo, no pude pasar de la aduana. Vino mi hermano con un hombre del consulado y pasé esa noche en un hotel pequeñito. Al día siguiente me llevaron a la policía y se aclaró todo.

En  una actuación en TVE.
En una actuación en TVE.

Empecé fregando platos en hotel con uno de Madrid. Se trabajaba de marzo a octubre y volvía al año siguiente. Nunca había comido espaguetis, los sorbía, y ahí también probé por primera vez la zanahoria. En el hotel había italianos, franceses, portugueses, españoles, de todo, menos ingleses. En la Isla de Jersey trabajé en los hoteles Windmills y St. Brelades del Canal de la Mancha. Me pasaba tres días de la semana limpiando la vajilla de plata del comedor.

Cuando estaba en el hotel que está en lo alto de la isla llevé a mi hermana y mi cuñado a trabajar en otro, que estaba abajo. Todo lo que he ganado en ese tiempo lo gasté en arreglar mi casa de Cártama. Un compañero italiano del comedor me dijo un día: Lope, siendo de Málaga, teniendo allí Torremolinos, ¿a qué vienes aquí?. Escribimos al hotel Don Pepe de Torremolinos, y acabamos mi hermano y yo trabajando en una lavandería de Playamar, él aprendió inglés, yo no.

Siempre he ido al fútbol a alentar a mi equipo: Qué le pasa a la afición del San Pedro/ que no anima a sus jugadores/ aquí está el Lope de España pa cantarle sus canciones.

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