La industria y el comercio internacional elevan la huella climática del mejillón en España

Un estudio revela que el impacto del mejillón no depende solo de su cultivo, sino del procesamiento industrial y el transporte

Galicia concentra alrededor del 99% de la producción nacional, pero solo una cuarta parte se consume en nuestro país. / Archivo
R.C.M.

09 de marzo 2026 - 18:21

El mejillón suele presentarse como una de las fuentes de proteína animal más sostenibles, especialmente frente a productos como la carne roja. Sin embargo, un nuevo estudio científico advierte de que su huella de carbono puede ser considerable cuando se analiza toda la cadena de producción y consumo. La investigación examina por primera vez de forma integral el impacto climático del sistema alimentario del mejillón en España, incluyendo producción, procesamiento industrial, transporte y comercio internacional.

Los resultados muestran que la cadena alimentaria del mejillón genera alrededor de 287,8 gigagramos de CO₂ equivalente al año, lo que pone de relieve que el impacto ambiental de los alimentos no depende únicamente de su cultivo, sino de las fases posteriores de la cadena productiva.

Producción, industria y transporte: las tres fuentes principales de emisiones

El análisis identifica tres grandes fuentes de emisiones dentro del sistema. La producción acuícola representa aproximadamente el 45 % de las emisiones totales, mientras que el procesamiento industrial aporta un 43 % y el transporte cerca del 12 %.

Estos datos indican que el cultivo del mejillón. considerado tradicionalmente de bajo impacto, ya no puede evaluarse de forma aislada. Según el estudio, las actividades industriales asociadas al procesado, envasado y conservación del producto tienen un peso climático prácticamente equivalente al de la producción en el mar. En el caso de la producción, una parte importante del impacto se concentra en fases posteriores al cultivo, como la depuración y el envasado, que requieren consumo energético y operaciones industriales adicionales.

El formato del producto marca grandes diferencias

La investigación también detecta importantes variaciones en la huella de carbono según el formato de consumo del mejillón. Los mejillones en escabeche, uno de los productos más populares en España, presentan el mayor impacto climático, con 8,5 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de carne comestible. Les siguen los mejillones en salmuera, con 6,7 kg de CO₂ equivalente, mientras que el mejillón fresco registra 4,1 kg y el mejillón congelado muestra el menor impacto, con 3,6 kg de CO₂ equivalente por kilogramo. Estas diferencias se deben principalmente a la intensidad de los procesos industriales, el uso de envases metálicos, el consumo energético de las fábricas y las cadenas logísticas asociadas a los productos transformados.

Una cadena alimentaria globalizada

El estudio revela además que el sistema productivo del mejillón en España está profundamente integrado en el comercio internacional. Aunque Galicia concentra alrededor del 99 % de la producción nacional, solo una cuarta parte del mejillón fresco disponible se consume directamente en el país. El resto se destina a procesamiento industrial o se exporta a mercados internacionales. Este modelo genera una intensa circulación de materias primas y productos procesados entre regiones y países, lo que incrementa las emisiones derivadas del transporte y la logística.

Además, una parte relevante de los productos en conserva consumidos en España depende de importaciones de terceros países, lo que refuerza la dimensión global de la cadena alimentaria del mejillón.

Dependencia industrial y vulnerabilidad del sistema

Los investigadores también advierten de que la fuerte orientación exportadora del sector puede aumentar la vulnerabilidad del sistema alimentario.

El estudio señala que gran parte de la producción nacional se destina a abastecer a la industria transformadora o a los mercados internacionales, mientras que el consumo interno depende en parte de productos importados. Este modelo, centrado en el comercio global, puede reducir la resiliencia del sistema frente a cambios en los mercados o en las políticas alimentarias internacionales.

Claves para reducir la huella climática

A partir de estos resultados, el estudio plantea varias estrategias para reducir el impacto ambiental del sector. Entre las medidas más efectivas destacan fomentar el consumo local de mejillón fresco o congelado, optimizar la logística de transporte, mejorar la eficiencia energética en la industria conservera y promover tecnologías de procesado y envasado más sostenibles.

Los investigadores subrayan que avanzar hacia cadenas alimentarias más cortas y menos intensivas en procesamiento podría reducir significativamente las emisiones del sector sin comprometer su viabilidad económica. En conjunto, el estudio demuestra que incluso alimentos considerados sostenibles pueden presentar impactos climáticos relevantes cuando se analizan en toda su cadena de producción y consumo. La clave, concluyen los autores, está en abordar el sistema alimentario de forma integral para avanzar hacia modelos de alimentación más sostenibles y resilientes.

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