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Cultura

Luz, la mujer, por derecho

Festival Terral 2011. 2 de julio de 2011. Teatro Cervantes. Voz: Luz casal. Músicos: Tino Di Geraldo (batería), Juan Cerro (guitarras), Jorge Fernández (guitarras), Fran Rubio (piano y teclados), Pedro Oteo Aguilar (bajo y contrabajo), Pedro Pablo Rodríguez (percusión), Manuel Machado (trompeta), Joulien Ferrer (trombón), Martín García (saxofón), Eunice Santos (violín), Belén Villanueva (viola), Iván García: (violín), Sebastián Lorca (violonchelo). Aforo: Lleno (unas mil personas).

La virtud de estremecer, como el don de reinventarse es coto reservado a unos pocos. Sobre el escenario no valen imposturas cuando un millar de personas tienen los cinco sentidos pendientes de tu presencia. Luz Casal lo sabe y no defrauda. Su estirpe rockera, su elegancia en la lírica y, sobre todo, su voz continúan paseándose por el olimpo de los grandes, por derecho. La Pasión fue ayer su carta de presentación y la puerta que dio paso a dos horas y media de vida en letras capitulares. La sufrida, la gritada, pero también la vida amada. Todas caben en ella porque ella no canta por contrato. Lo suyo es una forma diferente de respirar. La noche del 2 de julio de 2011 se recordará por ser la noche en que una mujer -que no una diva- puso el Cervantes a sus pies, sin más armas que treinta años de música como alimento.

En Málaga se la esperaba y por eso la gallega solo tuvo que poner un pie en el escenario para recibir la primera ovación unánime de la noche. Con el bolero Mar y cielo inauguró una velada para mecerse, precisamente, entre esos dos lares. "Espero acertar plenamente con la selección", deseó la artista para referirse a clásicos de un vasto repertorio. Y no se equivocó. Para semejante travesía la dama se rodeó del mejor pasaje posible. Una decena de músicos acostumbrados a su compañía y a sus impecables cambios de registros compartieron con ella su forma de entender el ritmo, sin restarle protagonismo ni ensordecer al auditorio. Una gran orquesta para una gran mujer tan discreta como imprescindible.

En 2008 La Malagueta ya disfrutó de su presencia en un concierto a beneficio de la investigación contra el cáncer. Luz lo quiso recordarlo ayer por otra buena causa. "Necesitaba rodearme de colegas con los que tengo una especial relación, más allá de lo obvio. Roberto (Tabletom) con su presencia me hizo comprender que lo diferente es casi siempre magnífico. Sentí mucha pena con su muerte. Hoy tengo la oportunidad de decirle gracias y dedicarle Entre mis recuerdos".

Pocas son también las mujeres que, desde su tribuna, consiguen silenciar de golpe a un millar de admiradores. La condición femenina puede que no sea aval de nada, pero sobre las tablas algunas privilegiadas dignifican el género tan sólo con estar ahí. Lo consigue aquí Pasión Vega, como lo hace en otras latitudes Chavela Vargas, Olga Cerpa y, por supuesto, Luz Casal. Su carisma se apodera de las mejores letras, teclados, batería, saxos y guitarras, y uno entonces sabe que nada malo puede pasar.

Tras conmover con el desamor en su garganta, Luz, enérgica y disfrutona, descalza y peleona regresó al rock que tanto la dignificó en los 80 y 90 con Rufino, Loca o Un pedazo de cielo. El público de nuevo en pie, a sabiendas que podría volver a estremecerse en cuestión de segundos. Y pasó. Ya en los bises, Piensa en mí, un año de amor y te dejé marchar hicieron de Málaga, aunque solo fuera por una noche, una ciudad más bella. Luz. El Privilegio.

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