Cultura

Málaga pierde a César Olano, el arquitecto vital de la pulcritud

  • El autor del Edificio Luz de la Malagueta y de la rehabilitación del Convento del Císter falleció en su casa la noche del lunes a los 84 años

Aseguraba Franz Kafka que todo hombre lleva una habitación dentro, y a ese espacio íntimo y vital dedicó su oficio y su sabiduría el arquitecto César Olano, que falleció en su casa de Málaga el pasado lunes a la edad de 84 años. Nacido en Orense aunque renacido en Málaga con verdadera decisión, muy a pesar de que siempre mantuvo su férreo humor gallego para despiste de aquellos que le consideraban poco accesible, Olano deja en la ciudad después de batallar contra la enfermedad una obra tan amplia como singular, tan unívoca como repleta de discursos, adscrita siempre a la pulcritud y al contraste como sellos comunes.

En su legado pueden distinguirse dos direcciones bien definidas: tras estudiar en la Escuela de Arquitectura de Madrid emprendió ya una línea creativamente ambiciosa, reforzada después en el estudio puesto en marcha junto a Carlos Verdú. Ambos actuaron de manera harto significativa en la Málaga de los 60, con ejemplos decisivos como el Edificio Luz de la Malagueta, respuesta contundente al desarrollismo atroz del momento, y el Colegio Los Olivos. También intervinieron en el diseño de barrios como 25 Años de Paz y gran parte de Portada Alta, en los que dieron cuenta de su sentido cívico y vecinal del urbanismo. Pero tras romperse el lazo profesional que le unía a Verdú, Olano invirtió sus esfuerzos especialmente en la rehabilitación del patrimonio histórico malagueño. Su trabajo en la recuperación de buena parte de las torres almenaras de la Costa del Sol y de numerosos templos religiosos de la provincia (como la ermita de Archidona) resultó proverbial, en una inspiración que aunaba arqueología y arquitectura. En 1984 dirigió la rehabilitación del Palacio de Buenavista, entonces sede del Museo de Bellas Artes, de cuyos artesonados realizó un estudio en profundidad hoy considerado canónico. Trabajó con Francisco Peñalosa en la recuperación frustrada de la casa natal de Cánovas del Castillo, y ambos acometieron junto a Salvador Moreno Peralta la rehabilitación del Teatro Echegaray. La reforma del Convento del Císter fue uno de sus últimos proyectos.

Miembro de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, Olano recibió el año pasado el homenaje del Colegio de Arquitectos y la Medalla del Ateneo, junto a Carlos Verdú. Moreno Peralta le definió ayer como "un arquitecto artesanal, constructor y detallista. Conocía los materiales a un nivel asombroso. Ningún otro arquitecto ha sabido emplear y cuidar la madera en Málaga mejor que él. En lo personal, una vez que traspasabas la coraza en que se envolvía era bondadoso y de un extraordinario sentido del humor". El año pasado, con motivo del homenaje del Colegio de Arquitectos, su colega José María Romero afirmaba lo siguiente: "La arquitectura de César se mide por cualidades: los umbrales, las penumbras, la luz fuerte o tenue, los cambios y las diferencias de luz, de temperatura, de humedad, de olores… Le interesan los materiales tal y como son, y le atraen sobre todo los del entorno, los que están a mano. Es capaz de descubrir la cantera de donde se obtuvieron las piedras de las torres almenaras que estudió. Le gusta no mostrar todo a la vez, y la cualidad por encima de la cantidad: los usos, los desgastes y los roces mejoran el valor de la obra". Ahora, Málaga se queda un poco más huérfana. Descanse en paz.

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