Cultura

Torrox, un remanso de paz y creatividad para artistas flamencos

La ecléctica cantautora María Luisa Ramírez Arjona, posa en Casa Villananda, Torrox.

La ecléctica cantautora María Luisa Ramírez Arjona, posa en Casa Villananda, Torrox. / Jorge Zapata / Efe

Una serpenteante carretera conduce hasta Casa Villananda, un chalé situado a las afueras de Torrox que se ha convertido en residencia artística de jóvenes valores y reconocidos nombres del flamenco que, gracias a la iniciativa In-Progress, encuentran en este remanso de paz la ayuda e inspiración necesarias para sacar adelante sus proyectos. La vivienda, situada en lo alto de una colina, sin apenas vecinos y con vistas al mar, es el punto de encuentro de artistas flamencos de distintas expresiones escénicas y generaciones que participan en el programa de residencias de creación In-Progress, que este año llega a su segunda edición en esta localidad de la Axarquía malagueña.

Impulsado por Flamenco Festival y el Ayuntamiento de Torrox, el proyecto pretende propiciar un espacio para la indagación, la experimentación y la creación de los artistas, ofreciéndoles las condiciones técnicas, el asesoramiento necesario y una asignación económica para que puedan materializar sus trabajos. La ecléctica cantautora María Luisa Ramírez Arjona (Utrera, Sevilla, 1977), conocida artísticamente como Maui, ha sido la primera residente del año en la casa, por la que a lo largo del primer semestre pasarán otros artistas como Manuel Liñán, Julio Ruiz, Irene Lozano, Rafael Ramírez y Cristian Martín.

Maui, que es hija del guitarrista Miguel Ramírez y sobrina del cantaor Miguel Vargas, Bambino, recibe a Efe tomando un café en la terraza de la que ha sido su casa durante varias semanas, donde ha podido dar vida a su nuevo espectáculo, Puerto alegría, una pieza de teatro musical “con mucha poesía visual y gestual”.

El oasis de tranquilidad que rodea la villa ha sido para Maui “un regalo” que le ha permitido “sumergirse” en la creación de este trabajo con el apoyo de profesionales como Miguel Marín, director artístico del proyecto y de Flamenco Festival, el “coach” croata Iva Bavcevic o estilistas, diseñadores de vestuario y escenógrafos. “Aquí no hay ni un ruido, solo silencio y horizonte, así que estás todo el rato metido en el proyecto, entras en una dinámica de creación absoluta”, explica Maui, que lleva más de dos décadas en el mundo de la música como cantante y letrista de artistas como Rosario o Martirio.

En la casa, que cuenta con siete habitaciones, un gran jardín y una piscina infinita, los artistas duermen, comen y trabajan, pero es cuando entran en la sala de ensayo cuando “se para el tiempo”. Allí pasan la mayor parte del día, acabando de perfilar sus creaciones, probando nuevas ideas y, como dice Maui, “descubriendo rincones internos a los que con las prisas no eres capaz de llegar”.

“Aquí se trabaja todo con mucho cuidado, se mima el proceso creativo”, señala la artista sevillana, que está convencida de que su nuevo espectáculo no hubiera sido el mismo de haberlo concebido en otro lugar. El “alma mater” de este proyecto, Miguel Marín, subraya que In-Progress no es solo un lugar de ensayo, sino “un espacio de retiro” para facilitar la creación artística “sin interferencias”, conectando con el corazón, para abrir la puerta a nuevas ideas, sentimientos y expresiones.

“El flamenco es un arte donde la verdad es determinante. El artista ha de encontrar su verdad, y ahí vamos de la mano”, apunta Marín, que defiende que la estancia en un entorno “amable” es fundamental para promover la creatividad.

Una vez el espectáculo está armado, llega el turno de llevarlo a escena, aunque antes debe probarse y ponerse a punto la escenografía, la iluminación o el sonido con la dotación técnica necesaria y el asesoramiento del personal de Flamenco Festival y del teatro municipal Villa de Torrox, donde se lleva a cabo este testeo antes del estreno oficial.

Miguel Marín asegura que la elección de Torrox como sede de In-Progress no ha sido casual. Estas residencias artísticas arrancaron hace unos años en Londres y Nueva York en el marco del Flamenco Festival, pero después de la pandemia sus organizadores vieron la necesidad de “trabajar de forma más tranquila”. Se quiso apostar entonces por lo “glocal”, lo local y global, y se buscó una ubicación alejada de las grandes ciudades, apostando por la creatividad y la cultura como motor para la dinamización económica y social de este rincón de la zona oriental de la Costa del Sol.

En Torrox se han volcado con el proyecto, por el que ya han pasado artistas como Olga Pericet, Sergio de Lope, Sara Jiménez, Ana Morales -Premio Nacional de Danza 2022- o la cantaora flamenca Rocío Márquez, que junto al productor de música urbana y electrónica Bronquio ha publicado el disco “Tercer cielo”.

La convocatoria para participar en las residencias artísticas del segundo semestre ya están abiertas. Mientras, Maui ha vuelto a Casa Villananda con las maletas cargadas de faldas de volantes, flores y peces de colores para ultimar los detalles de “Puerto alegría” y su inminente estreno en el teatro de Torrox.

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