Cultura

Vázquez Ayala, en el Estudio de Ignacio del Río

EL Estudio de Ignacio del Río (San Lorenzo, 29) es uno de esos sitios que da lustre a lo que debió ser ese satélite del downtown malagueño llamado Soho; o Ensanche, si se quiere. Sus inauguraciones arrastran hasta allí a buena parte de ese público enterado, deseoso de contemplar propuestas artísticas frescas. La de la fotógrafa Mónica Vázquez Ayala (Madrid, 1972), en cartel hasta el 11 de noviembre próximo, tira de un código alfanumérico propio -N3v3R 83 4 R0807 (never be a robot), así se titula la exposición- para introducirnos en una escenografía que reescribe obras ajenas (El sueño, de Henri Rousseau), pero también representa a personajes mitológicos como Poseidón. Lo que para Vázquez Ayala comenzó siendo un proyecto con basura reciclada y destinada a dar cuerpo a una consigna callejera ("Nunca seas un robot") por medio de la fotografía, ha desembocado en estampas donde los desechos se convierten en jardines (la citada revisión de Rousseau), pero también en mares que el dios marino gobierna sosteniendo un rastrillo que hace las veces de tridente (Neptuno II). La exuberancia del color otorga a esos objetos acumulados una especie de segunda vida inanimada y ampulosa, resaltando todavía más la presencia de los modelos: ya sea la propia artista o su hijo, protagonista melancólico de El Principito II, que cuenta igualmente con su versión en blanco y negro. El barroquismo aumenta si cabe por mor de los marcos con los que Vázquez Ayala encierra sus fotografías, denuncia evidente de una sociedad entronizada sobre montañas de residuos. En este sentido, su Santa Claus de baratillo, malencarado y con una falda de porquería alrededor, resulta dolorosamente elocuente. Todavía más ante las fechas que se avecinan, con riadas de gente autómata adquiriendo cosas como si no hubiera un mañana.

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