Un soberbio Grégory Gadebois a la altura del personaje de Hugo

JEAN VALJEAN | CRÍTICA

Grégory Gadebois encabeza el reparto del largometraje.
Grégory Gadebois encabeza el reparto del largometraje. / D. S.

La ficha

**** 'Jean Valjean'. Drama, Francia-Bélgica, 2025, 98 min. Dirección y guion: Éric Besnard. Fotografía: Laurent Dailland. Música: Christophe Julien. Intérpretes: Grégory Gadebois, Bernard Campan, Alexandra Lamy.

¿Cuántas veces se ha llevado Los miserables al cine, la televisión o los escenarios? Ya en 1897, en Víctor Hugo y los principales personajes de Los Miserables, los Lumière filmaban a un actor que se disfrazaba ante la cámara del escritor y de los principales personajes de la novela. Solo hacía 12 años que Hugo había muerto. La primera versión cinematográfica es de 1909 y fue dirigida con producción americana por el pionero inglés Stuart Blackton. La primera versión francesa fue producida en 1913 y dirigida por André Capellani, estrenándose en dos partes, Jean Valjean (¡casualidad!) y Fantine.

Desde entonces hasta la que ahora se estrena se han sucedido más de 50 adaptaciones. Lógico: la crítica y los grandes escritores de su época la masacraron, la Iglesia la condenó… Pero el público la amó con pasión desde el principio. Y el público, en la industria editorial y la del cine, manda. Y muchas veces para bien.

129 años después de aquella primera filmación de los Lumière y 117 después de su primera adaptación al cine, Los miserables vuelve a las pantallas. Poca cosa si lo comparamos con los 29 siglos que nos separan de La odisea que, en versión de Nolan, esperamos. Pero la obra maestra de Hugo gana a Homero en el número de adaptaciones a las que esta de Éric Besnard, como guionista y director, se suma con bastante dignidad y un punto de originalidad.

La elección de Víctor Hugo sorprende en la filmografía de este correcto director que, además de escribir muchos guiones para otros directores, ha dirigido thrillers con ribetes de melodrama (La sonrisa del payaso, 1999), de comedia (Cash, 2008) o de aventuras (600 kilos de oro puro, 2010) y comedias (Mis héroes, 2011; Pastel de pera con lavanda, 2018; Espíritu de familia, 2019; Las cosas sencillas, 2023), además de la comedia gastro-histórica Delicioso (2021) y la hermosa La primera escuela (2024), su mejor película.

En esta última podría haber pistas de su interés por la novela de Hugo, de la que ha escogido su primera parte para incidir, con una estética oscura y un estilo más sobrio y severo que en sus anteriores películas, en lo que para el gran escritor que escribió “educad la cabeza del hombre del pueblo y no tendréis que cortarla” era el aliento argumental e ideológico de su obra: “Mientras haya ignorancia y miseria en la tierra, los libros de esta naturaleza pueden no ser inútiles”. Si La primera escuela trataba de la lucha de una maestra en un entorno rural de finales del siglo XIX, Besnard ha privilegiado los primeros capítulos de la extensa novela en los que un Jean Valjean lleno de odio, resentimiento y amargura (con razón) tras haber sido encarcelado por robar pan para salvar del hambre a su familia, es puesto a prueba y finalmente redimido por la bondad de un obispo. De esta lucha interior entre el odio justificado vencido por el ejemplo moral trata esta película que, visto el resultado, debería tener continuación con la nueva personalidad de Valjean, la desdichada Fantine, la indefensa Cosette, los infames Thénardier y el implacable Javert.

Bien rodada por Besnard con un academicismo al que aportan fuerza y emoción la fotografía de Laurent Dailland, una muy buena partitura de Christophe Jullien y sobre todo, como pieza fundamental, la rocosa interpretación de Grégory Gadebois –actor habitual de Bernard a quien conocíamos por sus trabajos con Polanski (El oficial y el espía), Ozon (Todo ha ido bien) o Hazanavicius (¡Corten!)– que compone un Jean Valjean -al que es aconsejable, si se puede, oír en VO- que puede codearse con los que interpretaron Frederic March, Jean Gabin, Lino Ventura o Gérard Depardieu. Solo se le puede reprochar a la película los flash-backs que rompen la opresiva y dramática atmósfera lograda.

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