Francisco Andrés Gallardo

'Zapenando'

Visto y Oído

03 de septiembre 2019 - 01:42

Si con la incorporación de Dani Mateo se quería dotar a Zapeando del estilo de El intermedio lo mejor hubiera sido cambiarle directamente el nombre y titularlo Intermedio Sobremesa,Primera Edición o algo así. A los de La Sexta les ha dado un repunte del pensamiento único y creen que a lo largo del día sólo les ven los mismos espectadores. Al que le gusta Zapeando, tal como era, no tiene por qué verle la gracia a Wyoming y sus secuaces, capaces de despertar las mayores admiraciones y las más extremas antipatías.

Arús tiene un estilo claro que ha regresado para alegría de las tostadas, bien distinto del tono de Al rojo vivo o de Más vale tarde. Zapeando era otro espacio diferenciado de una parrilla donde el escudo de la ideología se usa por algunos (Gonzo, Évole, Mendizábal) como escalón de ínfulas de superioridad. Con la presencia de Dani Mateo se desea ahora acentuar la línea editorial de un espacio simpático de siesta, cantera de rostros populares, y que rechina siempre que se le aplica doctrina.

El Zapenando de este lunes ha dejado una sensación a sus incondicionales entre la frustración y el fraude. De un día para otro se ha convertido en El intermedio bis para hacer frente con las mismas armas a otro antipático como Risto Mejide, eliminando la tertulia conjunta y convirtiéndolo en un informativo de parodia donde ni el veterano Miki Nadal estaba a gusto.

Sí, ha sido sólo un programa y habrá días por delante para rectificar. No van a tener más remedio. Dirá algún lector que es precipitado criticar el nuevo Zapeando desde el primer día, pero el asunto es que esta mala reforma se veía venir desde lejos. En lugar de adaptarse Dani Mateo a un formato engrasado, se ha removido todo al servicio de un nuevo presentador al que le han suavizado la gomina y las barbas. El repaso con guasa a la televisión necesita más cambios en la tertulia (Cristina Pedroche, mala actriz, es cada vez más insufrible) que en el funcionamiento en el formato. Al final, la sombra de Arús llega hasta la sobremesa.

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