Gafas de cerca
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Puede que el 28-F de 2026 haya sido el más emotivo desde el referéndum de 1980. Han pasado 46 años y la autonomía andaluza se ha consolidado. En el accidente ferroviario de Adamuz, y en las inundaciones por las borrascas, se ha confirmado que el pueblo andaluz es diferente a otros de España. Se dio una lección de solidaridad. Y los andaluces supieron crear un clima de cooperación, que dejó al descubierto las miserias de la crispación y el populismo que padecemos. Ese espíritu andaluz no surge por casualidad. Procede de la religiosidad popular, que en la ética civil está como telón de fondo. ¿Funerales laicos? No, gracias. Y en eso hay diferencia con otras tierras de España. Andalucía no puede ser (ni antes ni ahora) menos que otras autonomías.
El 28-F era eso. No era café para todos, que vino después. El referéndum sólo se convocó en Andalucía. Se conquistó la autonomía para que Andalucía estuviera al nivel máximo de la Constitución de 1978, que la reservaba para las nacionalidades históricas de la República: Cataluña, Euskadi y Galicia. Pero se establecía la posibilidad del referéndum en el artículo 155. Y eso es lo que se votó en Andalucía: estar al nivel máximo de catalanes, vascos y gallegos.
Años después, con el desarrollo de la Lofca y los traspasos de competencias, las comunidades autónomas entraron en esa dinámica del café para todos, que en realidad es falsa e ilusoria. Tienen competencias transferidas, pero no todas son iguales. Por ejemplo, Cataluña, cuando pide el cupo fiscal, aspira a conseguir un privilegio. Pero ese privilegio está asumido en el País Vasco y Navarra. Tampoco existe en Andalucía. Y los mecanismos de solidaridad funcionan de regular manera. El Estado de las Autonomías admite evidentes mejorías para la financiación.
Andalucía es la comunidad con más habitantes. Debe adquirir más importancia política en dos cuestiones. La primera sería establecer una vía propia entre Madrid y Cataluña, que es donde se condiciona la política española. Los andaluces se sienten españoles, pero no son madrileños ni catalanes. Y la segunda es establecer un clima de acuerdos, para romper las políticas de confrontaciones e insultos, que nos imponen desde Madrid y Barcelona, y que no debemos seguir como borregos.
No existe ahora un partido andaluz fuerte, pero Juanma Moreno debe comportarse como si lo hubiera.
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