Ave Puente

25 de enero 2026 - 03:10

Los que van embarcar te saludan. En esta semana nos han matriculado de forma forzosa en un curso acelerado de indignación. La tragedia de Adamuz. Enésimo accidente ferroviario y más. A la pérdida de 45 vidas humanas y desmoralización sume las sibilinas intenciones electorales. El auténtico despegue de Cenacheriland como destino capitalino llegó con el AVE. La Alta Velocidad Española entró en servicio a Málaga el 23 de diciembre de 2007 y nos conectó con Madrid en 2 horas y 45 minutos aproximadamente. A mi entender fue el empujón definitivo para relanzarnos como destino turístico urbanita con la nueva terminal del aeropuerto en 2010. Cuando se estrenó la línea de Alta Velocidad Madrid- Sevilla en el año 1992, con todos sus protocolos de seguridad, al hecho de subir en este artefacto se le denominó embarcar. Una expresión que molestó a los vigilantes del lenguaje, quienes afirmaban que uno se embarcaba exclusivamente en una nave ya fuese buque o aeroplano. Los primeros viajes noventosos en AVE te hacían sentir como si te trasladases mecido en un zepelín. Ahora el asunto ha estallado, tras la nefasta racha de averías, robos de cable, retrasos, sobreexplotación de operadores y luctuoso accidente. Cosas que pasan, nos dicen y se atribuyen a un destino atraviesado, para enterrar en balastro. Hace menos de un año tuve una larga conversación con un experto en AVE que me ilustró con pelos y cruces de señales acerca de la muy delicada situación de las infraestructuras ferroviarias, la falta de mantenimiento, material obsoleto y la dejadez de las administraciones públicas sólo interesadas en hacer caja. Como en el Cantar del Mío Cid veía los AVES a la siniestra con muy mal presagio. El hombre no es adivino, es un profesional que ha visto deteriorarse el servicio de una empresa que era orgullo nacional y emblema de la muy exportable marca España. Para enmarañar más el asunto las últimas diatribas giran alrededor de la responsabilidad minutera en la atención de los servicios de emergencias en el lugar del siniestro. Se pelean por esos instantes de atención vitales. Para los que peinamos penas nos parece extraordinario que se haya reaccionado tan rápido y con tanto altruismo en Adamuz. No olvide la perroaventura de Boro, el ladrido de toque que ha desengrasado la furia en una catástrofe atroz. Aun así, hay que darle puerta, no puertos al ministro de caminos, canales y largo puente de plata.

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