En tránsito
Eduardo Jordá
Utopías
Llegamos a un año de la presidencia de Donald Trump y ni un solo un día ha dejado de sorprendernos con ese rasgo que preside, tanto su personalidad como su política: esa fatal arrogancia que preside todo lo que dice y lo que hace. Un año después, y desde la perplejidad y el temor de no acabar de entender los cambios del mundo que viene, sabemos que con el presidente norteamericano caminamos hacia un mundo más inseguro y menos democrático. La paradoja de Trump es la de intentar convencer a sus seguidores que esa América First solo es posible con una política autoritaria en la que prima el o yo o el caos, mientras aumenta el caos en el mundo con la mentalidad de un gran empresario inmobiliario dispuesto a ganar muchísimo dinero y pingües beneficios.
Las diferencias con las presidencias anteriores son más que evidentes. Como señalado acertadamente Pere Vilanova: “Un presidente de Estados Unidos, mal aconsejado, con una lectura del contexto internacional totalmente errónea, y con los medios militares que tiene, es un peligro público planetario. Trump tiene todo esto y más. La discontinuidad tiene otros rasgos. En primer lugar, las malas maneras, la prepotencia, el narcisismo, y un lenguaje absurdamente mal educado. La confusión entre lo público y lo privado, inaudito, pronto las cumbres de la OTAN se celebrarán… en Mar-a-lago, Florida. El nombramiento de familiares y amigos a diestro y siniestro para todo tipo de cargos e iniciativas diplomáticas. En segundo lugar, y aquí yace la amenaza más grande del trumpismo, una doble amenaza hacia el interior de su país, y también hacia el frágil equilibrio de normas internacionales a preservar. Si cae la OTAN, si se ningunea Naciones Unidas, todo irá a peor”. El peligro planetario planteado por Trump es, simplemente, convertir Estados Unidos en el país que va a provocar una mayor inestabilidad en 2026. Eso sí, en un contexto en el que estarán China, Rusia, Irán y los aproximadamente 60 conflictos que azotan el planeta, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. La doctrina Donroe, su versión de la doctrina Monroe, ha puesto de manifiesto su interés por América Latina y el uso de presiones económicas y políticas y ajustes de cuentas para dominar cada país, como está siendo el caso de Venezuela: la idea es recuperar el petróleo y los recursos naturales para Estados Unidos y a expulsar a China de América Latina. La transición a la democracia con María Corina Machado y Edmundo Gonzalez…Ya veremos. Próxima parada: Groenlandia. Se trata de una ruptura con el orden internacional anterior, como afirma Gabriel Colomé ‘Hasta el 3 de enero las fronteras eran inviolables, pero el mensaje emitido desde Venezuela podría ser que Taiwan, los países bálticos, Polonia y Finlandia, partes de Rusia hasta 1917, puedan ser invadidos sin sanción alguna. Cada zona de influencia se convierte en el patio de trasero de China, Rusia y Estados Unidos’. Está claro que el amigo americano se ha distanciado de Europa y aspira de nuevo a ser imperio.
También te puede interesar
En tránsito
Eduardo Jordá
Utopías
La ciudad y los días
Carlos Colón
Un ratón en Groenlandia
La esquina
José Aguilar
Un debate en manos de Carles
Manual de disidencia
Ignacio Martínez
Manejan a Trump
Lo último