Reflejos de Málaga
Jorge López Martínez
Y nos hablan de Epstein…
Hay días en los que a una parte de la prensa le da por la cantinela internacional y nos vende como “novedad” lo que, en realidad, es un eco interminable: Epstein, sus fotos, sus agendas y el morbo reciclado. Mientras tanto, aquí seguimos actuando como si el acoso fuera un asunto ajeno, de importación, algo que se comenta como quien mira una serie.
En Estados Unidos el caso se ha convertido en munición política: se anuncian “liberaciones” de documentos, se discuten tachaduras y se fabrican relatos para apuntalar bandos. Se apunta a Trump, se señala a figuras demócratas y cada cual elige el villano que mejor le encaja. En diciembre se llegó a difundir y retirar un vídeo falso presentado como si fuera material oficial, lo que retrata el nivel de desorden informativo alrededor del asunto. Además, un juez autorizó que el Departamento de Justicia publicara materiales del caso Maxwell, empujado por la presión de “transparencia” y por el dilema de qué se puede publicar sin revictimizar ni convertir la justicia en espectáculo.
Aquí, sin embargo, no necesitamos importarnos a Epstein para hablar de acoso. En Málaga, una edil del PSOE en Torremolinos llevó a Fiscalía una denuncia por presunto acoso sexual contra el entonces líder local, Antonio Navarro; después, la denuncia se amplió, y el caso ha expuesto miedos a “hacer daño” al partido y fallos de los mecanismos internos. En paralelo, se han publicado informaciones sobre Francisco Salazar, exasesor en Moncloa; el PSOE ha reconocido la gravedad de la conducta señalada y niega encubrimiento, mientras el PP anunció que pretende citarle en el Senado.
Lo preocupante no es comparar tragedias, sino la doble vara emocional. Nos indignamos con un depredador lejano y, cuando el problema toca a nuestras siglas, preferimos el silencio, el “ya se verá”, o el expediente que llega tarde. La tolerancia social a estas dinámicas es una forma de complicidad: si el coste reputacional pesa más que el cuidado de quien denuncia, el sistema está mal diseñado.
Que el foco no lo marque el pasaporte del escándalo. En España, y también en Málaga, lo serio es garantizar canales seguros, investigación diligente, presunción de inocencia, protección a quien denuncia y consecuencias cuando corresponda. Lo demás es ruido, y el ruido siempre favorece a quien quiere que nada cambie.
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