Mentes borrascosas

08 de marzo 2026 - 03:07

No sé si atribulado es un estado mental permanente. Lo que sí me consta es que en nuestra noble y hospitalaria ciudad, como en medio globo terráqueo, se puede percibir una profunda desazón por los estragos de las guerras. El mundo nunca ha estado totalmente en paz. Siempre hay un conflicto a palos por motivos religiosos, cuitas de vecindario, codicia, envidia, soberbia, incluso cuernos y despechos: raptaron a Elena y se lió la de Troya. Este 2026 sigue embarrado con varias grandes guerras activas urdidas por mentes borrascosas: Oriente Medio, Ucrania y Sudán, además de los conflictos en Gaza y Líbano, que están causando un enorme desbarajuste humano. Con cada crisis, en la sociedad de la infoxicación nos amaestran ya sea en virología, economía, mercados bursátiles, ladrilleros e incluso meteorología. Tenemos la cabeza como un bombo. Ahora los conceptos manoseados son geopolítica y armamentística. Ese ajedrez que se lleva jugando desde que, en teoría, somos seres civilizados. Ucrania lleva cuatro años de lucha frente a Rusia y viceversa. Como aquello está lejos, se contempla hasta con indiferencia; y eso que cada vez nos cruzamos con más exiliados ucranianos por calle Larios.

Por contra, lo que está sucediendo en Oriente Medio, al otro extremo del Mare Nostrum, nos toca mucho las bolas del nuevo bingo necrológico. Mientras acá las jábegas, con ojo de Isis, van a golpe de remo a la sombra de los cruceros, más allá caen bombas, misiles, sobrevuelan drones y toda la juguetería de guerra electrónica en una desbocada lucha por imponer una nueva hegemonía mundial. Y a todos nos va mucho en ello, de aquí a Pekín. Si caemos en la cuenta de que estas contiendas, que se disfrazan de creencias, en realidad van de recursos naturales y energéticos, nos caemos del guindo. Ni libertad ni pepinillos en vinagre. Ya nos han tomado el pelo en demasiadas ocasiones. El resultado siempre ha sido parecido: muerte, dolor, destrucción, ruina, crisis económica y una docena de corporaciones de listos haciendo el negocio de su vida.

En Cenacheriland nuestro petróleo es el turismo. Si ya andamos a medio gas por la incomunicación del AVE con Madrid, añada la incertidumbre que depara la última hazaña bélica del sargento Gorila. Las personas normales se horrorizan y también se palpan la cartera. El consumo se paraliza, la economía se atora, sube el paro y sabemos que volver a poner en marcha ese delicado engranaje nos pilla a contrapié.

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