Trenes de la desgracia

24 de enero 2026 - 03:07

El accidente de Adamuz se ha convertido en el espejo de la desgracia de un país por la violencia del mismo, por el número de fallecidos y, sobre todo, por el dolor que nos produce las vidas de personas como nosotros truncadas para siempre. Es la mezcla de tristeza y de rabia que produce pensar que un accidente así podría afectar a cualquiera de nosotros.

Ese efecto se multiplica porque viviendo en Málaga es raro que no tengas ocasión de saber, casualmente, de alguien que conoce alguna persona o que tuvo la suerte de librarse y coger otro tren o, desgraciadamente, ser víctima de la tragedia. En un drama difícil de olvidar, sin embargo, sí llamó la atención la colaboración ciudadana durante los primeros compases del accidente, así como la colaboración entre el Estado y la Comunidad Autónoma de Andalucía. Cuando no ha terminado aún el camino del dolor, el de las víctimas y familiares, y la perplejidad atónita de todo un país, surge la investigación sobre la explicación del porqué de la catástrofe.

Lo tiene difícil Oscar Puente. Su ministerio fue ocupado por José Luis Ábalos y ya sabemos donde está y lo qué pasó. Además, Puente ha sido un ministro versátil y además de titular de la cartera de transporte no se achanta y responde a las críticas en un tono aguerrido, defendiendo muchas veces al gobierno y criticando a la oposición cuando le parece oportuno desde las redes. Durante esta crisis está siendo mucho más accesible y pedagógico, sin embargo, es cierto que durante su mandato los trenes de alta velocidad han dejado de funcionar con la eficacia y puntualidad de antes. En este sentido, sus explicaciones sobre el accidente, un colapso en la vía 1 donde se ha descubierto un corte limpio de la misma, no parece que vayan a ser suficientes para la oposición, a pesar, de que todos saben que la explicación real del accidente para exigir un informe que va a exigir mucho más tiempo.

Por ahora, hemos visto un tono bajo en la oposición, sin embargo, la semana que viene veremos la dimensión política real de una tragedia humana que nunca debería haber sucedido. Paradójicamente, mientras un fallo en el Air Force One obligaba a Donald Trump a regresar a EEUU para cambiar de avión y poder volar a Davos y a él como hombre poderoso no le sucedía nada, llegando solo con retraso para decidir los asuntos importantes del mundo, mientras en nuestro país vivíamos conmocionados por los trenes de la desgracia que habían acabado con la vida de cuarenta y cinco españoles.

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