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La presa fantasma de Montejaque

  • Las condiciones geológicas del terreno vencieron con sus filtraciones a los ingenieros que trataron de taponarlas

  • En la actualidad todavía se llena en época de abundantes lluvias

Imagen de la presa fantasma de Montejaque Imagen de la presa fantasma de Montejaque

Imagen de la presa fantasma de Montejaque / Javier Flores

Impasible al paso del tiempo el frustrado pantano de Montejaque sigue siendo una muestra viva de la victoria de la naturaleza frente al desafío del hombre y su tecnología para conseguir dominarla. A las puertas del complejo Hundidero-Gato, una de las cuevas más espectaculares de Andalucía, un imponente muro de hormigón de 84 metros sobrevive al paso del tiempo y es la principal muestra del que quiso ser uno de los grandes proyectos hidroeléctricos de la empresa Sevillana de Electricidad, que inició los estudios para su construcción en 1917. Terminó como un gran fracaso al ser abandonado en 1947 ante la imposibilidad de retener las aguas. Todo ello, con la tragedia de la Guerra Civil como testigo de esta majestuosa obra inacabada.

Durante el tiempo que duró la contienda nacional se mantuvo el interés por acabar el pantano y se tienen fechadas diferentes misivas entre técnicos españoles y suizos para tratar de encontrar soluciones.En su afán por no fracasar en su intento de finalizar el proyecto encargado, los técnicos de la obra realizaron numerosas modificaciones y actuaciones sobre las grietas, llegando a actuar en el interior de la propia cueva del Gato, donde construyeron caminos, instalaron iluminación y dejaron numerosos rastros de su presencia que todavía hoy son apreciables con acercarse a la entrada de la misma por la zona de Hundidero, la mas próxima a la presa.

La construcción de este camino llegó a hacer posible pasar de Hundidero a Gato con total normalidad, en lo que hoy es un recorrido apto únicamente para los especialistas en espeleología. Para ello fue necesario construir un camino de casi 5 kilómetros de longitud.

Completamente vacío en las épocas secas del año, convertido en zona de pastoreo o de paseo para los más curiosos, en el momento que llega la época de lluvias el pantano resurge de sus cenizas y el agua comienza a a embalsarse llegando a alcanzar más de la mitad del muro de la presa en momentos de precipitaciones abundantes, lo que llega a producir que se formen islas en su interior y los caminos que utilizan los agricultores para acceder a las fincas situadas al otro lado de la orilla del río Guadares quedan cortados.

Eso sí, la composición geológica del terreno que venció las más avanzadas técnicas del momento y a los mejores profesionales, hacen cada año su trabajo y provocan que las aguas desaparezcan, recordando los momentos de frustración que debieron vivir aquellos ingenieros y obreros cuando comprobaron que su esfuerzo estaba siendo inútil y que la naturaleza les ganaba la partida.

El pantano lleno de agua tras fuertes lluvias. El pantano lleno de agua tras fuertes lluvias.

El pantano lleno de agua tras fuertes lluvias. / Javier Flores/Manu Guerrero

En estos momentos, además del muro de la presa también siguen existiendo restos de los aliviaderos que nunca llegaron a entrar a funcionar, los medidores para saber el agua embalsada o la casa desde la que se controlaban los mecanismos de funcionamiento. Además también se pueden observar algunas zonas en las que trabajaron los picapedreros o pequeños restos de los muros de lo que fueron las oficinas desde las que se dirigía tan majestuoso desafío.

Tal fue la envergadura del proyecto en un momento que España trataba de acabar con su déficit de producción eléctrica, que la inversión supuso el relanzamiento de la economía de municipios cercanos como Montejaque, Benaoján y Ronda. Cientos de obreros de diferentes categorías fueron contratados para ejecutar un obra que en la construcción del muro y sus infraestructuras aledañas fue relativamente rápida pero que en el momento que aparecieron las filtraciones se complicó hasta tal punto que terminó siendo abandonada.

Y es que los ingenieros pensaron que las fugas de agua que se produjesen por las características del terreno podrían solucionarlas inyectando hormigón, algo que se resultó ser una teoría fallida y que todavía hoy deja ver esos intentos de taparlas con restos del hormigón que se utilizó sobre las rocas.

En la actualidad, las abandonadas instalaciones se han convertido en un atractivo para curiosos que conocen su existencia o para amantes del turismo de naturaleza, ya que se encuentra situado en una zona de especial belleza y son numerosas las especies de aves que se pueden avistar con solo esperar unos minutos.

Además, el serpenteante y vertiginoso camino que conduce hacia la espectacular entrada de Hundidero es un atractivo en sí mismo, teniendo un final que pocos esperan por las enormes dimensiones de esta entrada, la más desconocida del complejo y que tiene en la conocida como Cueva del Gato su lado más famoso.

Resto del camino construido por los obreros en el interior de la cueva para tapar las fugas. Resto del camino construido por los obreros en el interior de la cueva para tapar las fugas.

Resto del camino construido por los obreros en el interior de la cueva para tapar las fugas. / Javier Flores/Manu Guerrero

Para los simples visitantes, la entrada y las especiales características de sus alrededores son el límite de la zona permitida, ya que el acceso al interior de la misma requiere de permisos especiales que son gestionados por la Junta de Andalucía y no es posible el acceso libre a la misma.

La simple majestuosidad del sistema kárstico que compone esta zona ya es suficiente atractivo para visitarla sin necesidad de asumir los riesgos que suponen la travesía sin permisos y sin los medios adecuados, que ya se cobró la vida en el pasado de algunos de los que cometieron una imprudencia. De igual modo, tampoco está permitido el acceder a la parte superior de la presa, otro riesgo de importancia debido a su altura.

Además, en la zona es fácil observar el vuelo de los buitres; verles posados en alguno de los afilados picos de las sierras que rodean a la presa y que conforman el espectacular paisaje natural en el que se enclava.

El Ayuntamiento de Montejaque tiene planteado desde hace varios años un proyecto para la posible puesta en valor de la propia presa, el terreno que ocupa el pantano y los accesos hasta la cueva de Hundidero.

Una actuación que pasa porque se alcance un acuerdo con la propietaria de las instalaciones que en la actualidad es Endesa y las diferentes administraciones implicadas en el entorno. Y es que el acceso hasta la zona cuenta con su propio camino, aunque en la actualidad no se encuentra en buenas condiciones.

La intención municipal es contar con un recorrido que permita la visita a las instalaciones de la propia presa, aunque para ello sería necesario, además de obtener las autorizaciones, realizar una inversión importante para dotar al recorrido de las medidas de seguridad necesarias.

Un proyecto que se considera que podría ser un importante impulso para la zona, ya que la totalidad del término municipal de Montejaque se encuentra dentro de un parque natural y este proyecto le aportaría un atractivo añadido para los amantes del turismo de naturaleza. Mientras tanto los visitantes se tendrán que conformar con seguir observando este gigante dormido desde la distancia y en sus diferentes estados a lo largo del año.

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