Unicaja

Eternamente Ansley

  • Ansley y sus colegas de la promoción del 95 viven un día inolvidable El nortamericano recuerda su devoción por Málaga y por aquella "pandilla de hermanos que éramos una familia"

Mike Ansley sonríe sin parar, reparte besos y abrazos. No da crédito a lo que le sucede. Acompañado de Ana, su pareja, y Tomasz, el jefe de la Big Mike Academy de Varsovia a la que ahora dedica su tiempo y esfuerzo, absorbe y disfruta, mira como un adulto que redescubre su infancia feliz, lo que vivió en Málaga hace dos décadas. Dice que echa de menos su vida nocturna y se echa a reír. "Siempre fue así, un niño grande que se transformaba en la pista en un killer", dicen quienes le conocen.

Fue el día de Ansley. Por la mañana, rueda de prensa y comida en el Restaurante Cardamomo, patrocinador de su venida. Por la tarde-noche, durante todo el partido pero especialmente en el descanso, el reconocimiento del público que le idolatró en la otra punta de la ciudad, en Ciudad Jardín, donde el club hunde las raíces de su grandeza. Una jornada redonda, como quizá no hubiera imaginado ni el Departamento de Comunicación del Unicaja, ideólogo de lo que ayer sucedió.

Ansley era la punta de lanza, la excusa para el homenaje al equipo subcampeón del 95, el que después jugó la Euroliga por primera vez. El de Alabama compartió foco con Ávalos, Serrano, Ruiz o Romero. Faltaron algunos, pero estaba el staff de aquel equipo, los doctores, los ayudantes, el arquitecto Imbroda. Todos, en suma, en espíritu. Tras la salida a pista uno a uno, tiempo para un flash back, Ansley reeditaba el triple aquel de mayo del 95 que no entró. Enfrente, un aficionado del Unicaja emulando a Middleton. Ansley, quizá justicia poética, lanzó la bola y el balón se estrelló exactamente en el mismo sitio del aro que entonces en Ciudad Jardín. No entró, pero es que los finales redondos no se deben cambiar. Aquella derrota fue el origen de lo que hoy es el baloncesto en Málaga. Con sus picos y sus valles, un deporte que vertebra la ciudad. Casi toda la grandeza empezó allí, con el obligado recuerdo y el respeto a los pioneros Queipo de Llano, Paco Moreno o Martín Urbano.

"Todavía tengo pesadillas con aquel triple. Aún pienso en qué pude hacer mejor. Sabía que le había metido 37 puntos a Darryl Middleton. Pensaba que estaría asustado. Tiré los dados para ganar el partido, pero... Tenía la canasta metida en la cabeza, sabía que podía meterla. El equipo estaba vacío, no teníamos más fuerzas para ir a una prórroga. Javier [Imbroda] me dijo: "Haz lo que tienes que hacer". Y fui para ganar, quería ganar. Tanta gente allí metida en Ciudad Jardín, con tanta ilusión... Y así fue lo que pasó. Y, allá donde he ido, siempre me preguntaron por ese tiro. En Turquía, Israel, Polonia... Allí recuerdan ese tiro, es histórico", rememora con precisión fotográfica Ansley: "Middleton es uno de los mejores defensores con los que me enfrenté, era durísimo, gran jugador, le había metido 37 puntos, dudo que pocos se los metieran. Conforme iba botando vi en sus ojos que tenía miedo. Mientras botaba le decía: 'te voy a machacar en la cara' y él me decía que iba a tirar para ganar. Y sí, fui a ganar".

Evidentemente, son cosas que no se olvidan. Hoy aquel triple es una sonrisa por más lágrimas que se derramaran aquel día. "No me di cuenta de lo que eso significaba, pensé que podía destruir al Unicaja. Y resulta que ese triple, según me contáis, unió al baloncesto aquí. Desde entonces Unicaja siempre estuvo en lo alto. Siempre estaré agradecido a Málaga. Estoy en Polonia y allí el baloncesto igual es el deporte número 13. Apenas la gente va al básket. Estoy muy feliz de volver a casa. Y espero ser algún día el entrenador del Unicaja. Porque mis días de fiesta ya acabaron (risas). Siempre seguí al Unicaja. Tengo el Canal Plus en mi casa para ver los partidos de Euroliga. Vi ganar la Liga, la Copa. Y lo celebré", reflexiona.

Los días de fiesta. Ansley es transparente. La fama de juerguista le persiguió y, como ya aquello prescribió, bromea con ello. ¿Cuál es su mejor recuerdo de Málaga? "Honestamente, la vida noctura (carcajadas). Es una de las razones por las que alguna vez tuve problemas, es verdad (risas)", relata sin pudor Mike Ansley, como el niño malo que reconoce una travesura. Sus cogorzas, tan legendarias como su juego. Los compañeros bromeaban con que el tamaño de la melopea era proporcional a su exhibición en la pista. Pero Ansley tiene momentos de emoción. "Estoy sin palabras, no puedo hablar. He vuelto a casa. Tenía muchas ganas, pero no me esperaba esto. Se lo agradezco al Unicaja, a los patrocinadores. Quiero decir gracias desde el fondo de mi corazón. No quiero llorar, me siento como un niño en una tienda de golosinas. Málaga es una ciudad tan maravillosa... Estoy perdido, superado".

Ansley rememora por qué aquel equipo del 95 hizo algo tan grande. "En nuestro equipo había un punto muy importante de unión, que era Nacho Rodríguez. Nacho me ponía las cosas claras, me exigía. Éramos más hermanos que un equipo de baloncesto. Nos ayudábamos dentro y fuera de la pista. Hacíamos muchas cosas juntos, comíamos con nuestras familias en las casas, salíamos a la calle, nos queríamos mucho, mucho", dice el americano, que mantiene su vena fanfarrona. Dijo un día que era el mejor cuatro de Europa. "Soy el mejor cuatro de Europa aún. Dame unos meses para ponerme en forma y lo soy todavía, todavía lo creo. Soy un killer", asevera medio en serio medio en broma.

"Cuando volvimos de Barcelona pensaba que la gente me iba a odiar. Le dije a Imbroda que no volvía a Málaga. 'Me voy desde Barcelona a Estados Unidos'. Había tanta, tanta gente esperándonos cuando llegamos... Le pregunté a Nacho, 'oye, ¿ hemos ganado o perdido?' Era fantástico. Todo el mundo me abrazaba, no me esperaba ese recibimiento", sonríe Ansley, que recordaba que Kenny Miller, su compañero en la pintura, "era una bestia. Disfruté mucho jugando con él. Tony Massenburg quizá era aún mejor. Jugué con él y King. Pero King era el rey de la fiesta y ya éramos muchos fiesteros...".

"Sería un sueño hecho realidad trabajar un día para el Unicaja", emite como deseo Ansley: "Estuve con los chicos de 15-16 años en Los Guindos. Hay mucho material. Baloncesto y Unicaja nunca se separarán, jamás. Es una presión jugar aquí, no es un sitio cualquiera. Siempre había periodistas pendientes de mí, que sabían todo lo que hacían. ¿Cómo lo sabían?", recalca mirando a Mariano Pozo, reportero gráfico malagueño que vivió de cerca aquella época dorada.

"Ha cambiado el baloncesto. Yo solía jugar un baloncesto de fuerza, pero ahora es de play station: arriba y abajo, arriba y abajo. Tenemos que volver a la vieja escuela. A mis chicos intento enseñarle la nueva y la vieja. La vieja es dura y fuerte, la nueva es la velocidad. Si ves baloncesto ahora ves menos a esos tipos grandes de 2.13 que pesan 130 kilos. Antes eran más fuertes. Enseño a mis jugadores a jugar con cabeza y mentalidad. Puede haber días que no metas ese tiro, pero mentalmente debes ser fuerte y corregir esos errores. Porque si tú no crees en ti mismo nadie puede enseñarte. Necesitas fundamentos, cuando trabajas duro, tienes tu recompensa".

"Nunca sabes hacia dónde puede ir el baloncesto y la vida. Me enteré de que Dyron Nix [ex jugador de Mayoral, donde coincidió con Ansley] ha fallecido. Qué gran persona era. Hay que disfrutar el día", remacha Ansley. Pues sí, hay que disfrutarlo, como el de ayer, como los días que le quedan en Málaga. Hoy desde las 12:30 horas estará en la tienda del club en la Plaza de la Marina, fotografiándose con quien le requiera. Con la sonrisa de niño grande., con la mirada de killer.

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