Dani Carrasco, cinco meses después

El canterano avanza a muy buen ritmo en la recuperación de su rodilla, cumple los plazos previstos y permite mirar con optimismo a su regreso la próxima temporada

Un casting de rendimiento

Dani Carrasco, con Alberto Díaz, en un partido reciente de BCL.
Dani Carrasco, con Alberto Díaz, en un partido reciente de BCL. / Javier Albiñana

Justo han pasado cinco meses desde que Dani Carrasco (2008), canterano del Unicaja, pasara por el quirófano tras romperse el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda en Vélez-Málaga, durante el Unicaja-Alba Berlín del Trofeo Costa del Sol. Aquella fue una noche dura. Muy dura. El primer gran golpe físico de la temporada para el equipo malagueño. La lesión llegó en una penetración a canasta y cambió por completo el guion de lo que estaba siendo una pretemporada ilusionante. El sampedreño estaba volando aquella tarde. Dejó varias acciones de mucho nivel, con algún brinco tremendo que levantó al pabellón. No parecía un junior sumando minutos de verano, sino un exterior preparado para discutir un sitio real.

Cinco meses después de la operación, el balance es muy positivo. En el club están muy satisfechos con la evolución de la rodilla. La recuperación avanza dentro de los plazos previstos y no ha habido contratiempos. El trabajo diario es serio, constante y está supervisado al detalle por los servicios médicos del Unicaja. Todo sigue la hoja de ruta marcada desde el principio. En una lesión de cruzado, y más en jugadores jóvenes (18 años cumplidos en enero), el protocolo marca un año de recuperación. El objetivo es llegar a la próxima temporada en plenas condiciones, con la rodilla estabilizada y sin asumir riesgos innecesarios. Carrasco se acerca al ecuador del proceso. Se le ha visto en el banquillo en partidos recientes, cerca del grupo, manteniendo el contacto con la dinámica del primer equipo.

Es inevitable imaginar qué habría supuesto un Dani Carrasco sano en una temporada del Unicaja marcada por los problemas en la dirección. El intento fallido con Castañeda, la incorporación de Chase Audige, un perfil distinto al base organizador que inicialmente se tenía en mente, y la reciente lesión de Alberto Díaz, que empujó al fichaje de Justin Cobbs, han provocado demasiados reajustes en una misma posición. En ese escenario de inestabilidad, en más de una ocasión podría haberse abierto una ventana para que Carrasco entrara en dinámica del primer equipo con mayor continuidad. Habría sido una alternativa más desde abajo, un recurso adicional en momentos de necesidad. Algo similar a lo que ha ocurrido con Manu Trujillo, que ha completado convocatorias y ha tenido minutos en partidos oficiales cuando el equipo lo ha requerido. Carrasco, por perfil y proyección, también habría podido asumir ese papel y crecer en ese contexto. Son escenarios imposibles de confirmar, pero forman parte de la reflexión que deja una temporada así.

Es un proyecto especial, el que recoge el testigo que dejaron Mario Saint-Supéry y Guillermo del Pino. En su segundo año junior estaba llamado a asumir un papel importante en el U22 y a consolidar una progresión constante. Internacional en categorías inferiores, subcampeón de Europa sub-16 en 2024 y con presencia también el pasado verano en la dinámica sub-17, puede jugar como base o escolta. Tiene verticalidad, piernas y competitividad para encajar en el baloncesto actual, donde los exteriores asumen cada vez más funciones y las posiciones son menos rígidas. Ahora todo pasa por mantener esta buena línea en la segunda mitad de la convalecencia. Seguir cuidando cada paso, respetar los tiempos y consolidar el trabajo realizado. En el Unicaja confían en que la próxima temporada pueda retomarse el camino que se frenó en septiembre.

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