Kendrick Perry, la mejor versión o nada
En plena fragilidad colectiva, el Unicaja necesita que el jugador que marca el estilo recupere la alegría y su mejor baloncesto para aspirar a algo importante en el tramo final de temporada
Casting de rendimiento
Ya se ha escrito mucho sobre el desastre del Unicaja en la Copa del Rey. El debate fue intenso desde el primer minuto y el club lo gestionó con frialdad, sin dramatismos pero sin esconder la autocrítica. No han sido días sencillos, hubo un lógico estado de shock, pero eso ya forma parte del pasado más cercano. Ahora manda el análisis frío. El equipo volvió al trabajo el miércoles y la mirada está puesta en lo que viene. Quedan tres meses de temporada y el margen competitivo sigue ahí. El diagnóstico no es cómodo. El Unicaja ha ganado mucho esta temporada, incluso más de lo que su baloncesto ha sostenido en algunos tramos, pero no ha conseguido enlazar semanas de juego sólido y reconocible. La enfermería ha sido inestable, la mayoría de incorporaciones no han tenido todavía el impacto esperado y la reestructuración ha exigido más tiempo y más ajustes de los previstos. Se ha competido mientras se reconstruía, y eso explica parte de la irregularidad.
Hay varios factores que influyen, pero por encima de todos aparece uno que condiciona el resto: Kendrick Perry. Su peso estructural es mayor que en años anteriores. Es quien marca el ritmo, quien activa y desactiva, el líder incuestionable. Su lenguaje corporal es el termómetro colectivo. Cuando juega con determinación y claridad, el equipo sube varios escalones y se reconoce; cuando su influencia baja, la identidad se resiente. Sus cifras no son alarmantes: 10.6 puntos, 51.7% en tiros de dos, 37.4% en triples con más de cuatro intentos por partido y 12.4 de valoración. Son ligeramente inferiores a las del curso pasado, pero siguen siendo números sólidos. La cuestión no es estadística, sino de continuidad en el impacto. Internamente se asume que ha atravesado una situación personal en el último año que ha podido influir en su rendimiento. Él mismo es consciente. Este parón puede haberle venido muy bien. No acudir con Montenegro en esta ventana le ha permitido detenerse, resetear, recargar energías y mentalizarse para lo que viene.
Ahora llega el tramo decisivo, con la BCL como la vía más directa hacia un título. Es cierto que existe cierta fragilidad estructural. Habrá que ver qué ocurre, por ejemplo, con Tyson Pérez y la decisión sobre si pasa o no por el quirófano en las próximas horas, porque perderlo hasta final de temporada sería una pésima noticia. Pero el equipo tiene mimbres, calentón de Valencia al margen. Además de Perry, jugadores como Chris Duarte y Olek Balcerowski son los otros elementos con ese talento diferencial, selecto, dentro de esta plantilla. Otra cuestión es que esa capacidad aparezca con continuidad. Pero el primer paso es otro. Pasa por Kendrick Perry. Que cambie la cara. Que disfrute jugando al baloncesto. Porque cuando él disfruta, contagia. Cuando sonríe y juega con determinación, el equipo encuentra ritmo, estilo y confianza. Si Perry está fino, todo lo demás será más sencillo. Y entonces el Unicaja no solo competirá. Volverá a aspirar. La mejor versión o difícilmente caiga algo de aquí a junio.
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