Cofradías

Una Cuaresma sin el ‘Tío de los Capirotes’

  • Cartonajes Álamos cierra tras más de cien años de actividad creando este producto artesano

Alejandro Pérez, la última generación de Cartonajes Álamos, prueba un capirote. Alejandro Pérez, la última generación de Cartonajes Álamos, prueba un capirote.

Alejandro Pérez, la última generación de Cartonajes Álamos, prueba un capirote. / Javier Albiñana

Varias son las colas de personas que pueblan la Cuaresma y la Semana Santa: la de Jesús de Medinaceli, las que genera el Cautivo cada Sábado de Pasión, las guardias legionarias del Cristo de la Buena Muerte... Sin embargo, el año 2019 deja para el recuerdo una de las que, en el perímetro del centro histórico o en pleno corazón de la Trinidad, más público congregaba en torno a un cono de cartón. Hecho a medida, probado in situ con la tela que cubre el rostro cuando la penitencia llama a los hermanos de una cofradía. Más de cien años después de su fundación, la empresa Cartonajes Álamos, conocida popularmente como El tío de los capirotes, ha echado el cierre.

La cuarta generación que sucedió a Antonio Pérez Martínez mantuvo su actividad tradicional hasta 2018. Los tiempos han cambiado y los capirotes también: de plástico o de rejilla, más ligeros y cómodos en la cabeza según quienes los han usado, han terminado desplazando al cono de cartón. Alejandro Pérez, quien tras el fallecimiento de su padre, Miguel Ángel, se puso al frente de la empresa, ha decidido probar suerte fuera de Málaga para continuar su futuro. Por ello, el resto de familiares acordó cerrar el taller de calle Malasaña y culminar con esta parte de la historia de la Semana Santa de la capital y provincia.

Su labor traspasaba fronteras, dado que muchas localidades realizaban pedidos masivos para no tener que desplazarse hasta la capital. El proceso de creación requería, en cualquier caso, que el diámetro de la cabeza y el ancho de la tela que cubre el capirote coincidiesen para que la penitencia fuese cómoda. Apenas exigía unos minutos la actividad creativa, dado que los cartones se enrollaban previamente. Tras recortar el sobrante, el proceso continuaba encolando ambos extremos y grapando la cuerda con la que se ajusta a la testa. Para ello se hacía necesaria la labor de toda la familia, bien preparando las tiras adhesivas o manipulando la grapadora de grandes dimensiones que comenzó con el taller y vio echar la persiana antes de la Cuaresma.

La figura de Antonio Pérez y su familia, herederos de esta tradición, fue homenajeada por la Agrupación de Cofradías de Málaga en 2016. En el acto, el responsable de la empresa, Alejandro Pérez, expresó su satisfacción por la labor realizada por su familia, “teniendo el reto de mantener una tradición muy auténtica, totalmente artesanal, pese a que los tiempos actuales vaya desvirtuándolo todo”. Aunque la actividad comercial continúe en otros locales, la figura del Tío de los capirotes forma ya parte de la historia de la Semana Santa malagueña. Una labor que se conserva ya en el imaginario colectivo de la ciudad.

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