El puzzle empedrado de San Francisco
Urbanismo
La reurbanización incluye la reposición del pavimento junto a la fuente de la diosa Pomona con la colocación manual de 240.000 "chinos rodados" traídos de Córdoba.


El proceso de regeneración del centro histórico de Málaga capital salta el espacio privilegiado de la almendra para, al oeste de Carretería, tocar la Plaza de San Francisco. El escenario, surgido a raíz de la desamortización de Mendizábal, con la clausura del convento de San Luis el Real, es objeto desde hace varios meses de trabajos de reurbanización en toda su extensión. La labor busca modernizar lo que se ve y lo que se pisa, y aquello que oculto al ojo humano es sustancial para el funcionamiento de una urbe.
Pero en el ejercicio de reurbanización, con pautas definidas de principio a fin, donde los técnicos siguen de algún modo el guión marcado en la memoria de actuación, surgen singularidades, piezas de un engranaje cuyo valor va más allá de la simple sustitución de canalizaciones y reposición de la solería. En San Francisco esta particularidad tiene forma de piedra.
La estampa más reciente de la plaza, desde los años 60 en adelante, está relacionada con una especie de mosaico de piedra extendido alrededor de la fuente de la diosa Pomona, eje central de la zona. Levantado en el proceso de actuación contratado por la Gerencia de Urbanismo a la empresa Maygar, con un coste próximo a los 500.000 euros, este empedrado será repuesto en su integridad.
"Se va a reproducir de manera mimética; es un pavimento que estaba muy deteriorado por actuaciones realizadas a lo largo del tiempo que no habían sido particularmente cuidadosas", explica Javier Pérez de la Fuente, jefe del departamento de Arquitectura de Urbanismo. Más allá de los malos entendidos habidos en el proceso previo al arranque de las obras, subraya que la restauración de esta parte de la plaza formaba parte del proyecto desde el minuto uno. "Teníamos claro que se mantenía, pero para los vecinos era una condición sine qua non", apostilla.
La colocación de este empedrado, con 280 metros cuadrados de superficie aproximada, es una tarea artesanal, manual. Las manos de Antonio Membrilla, el artesano contratado para esta labor, y de las de un peón, serán las que, "uno a uno", vayan colocando estos cantos rodados conformando un puzzle urbano adherido al pavimento generando una piel tatuada. Una estrella, unos jarrones, unas sirenas... Figuras a recuperar.
Muestra de la singularidad de esta fase de la actuación, que podría iniciarse a finales de mes, es el número de piezas necesarias para generar el empedrado. "Son unas 800 piedras por metro cuadrado", explica Antonio. La cuenta es rápida: 224.000 "chinos naturales" seleccionados, "uno a uno", de una cantera de Córdoba. La labor tiene un coste estimado en 40.000 euros.
Antonio habla con la experiencia de quien se dedica a ello desde hace casi treinta años. Llama la atención cuanto explica que cada una de las piedras se colocará en vertical y no en horizontal. ¿Por qué? Según dice, porque se mantiene mejor y queda menos perjudicada por el paso de los vehículos. ¿Algún tratamiento especial?, se le insiste, a lo que contesta de manera sorpresiva: "Ninguno; el mejor tratamiento que tiene es el roce de los zapatos".
El entramado, que se irá generando en la parte final de los trabajos en la plaza, viene a rodear una fuente presidida por la diosa Pomona, obra de 1864 del escultor italiano Juan Bautista Bado, realizada con mármol de Carrara. Pomona era en la mitología romana la diosa de la fruta, de los árboles frutales, los jardines y las huertas. A pesar de la divinidad, apenas dos cipreses se yerguen a su lado. El proyecto municipal contempla la plantación de otros tres, recuperando algunos ejemplares perdidos con el paso del tiempo.
El mantenimiento de los mismos y su no sustitución por otras especies constata la querencia de la vecindad con los elementos con los que conviven a diario desde hace décadas. La voz de los residentes del entorno, elevada en el tono en los orígenes de la discusión sobre la actuación en la plaza, se ha tornado en sosiego. O así al menos lo parece en el momento en que los trabajos avanzan. Bien es cierto que sus reclamaciones les han permitido conseguir algo que no estaba en el guión de la Gerencia de Urbanismo: que no se coloquen bancos. Por lo que cuenta Pérez de la Fuente era una demanda de los vecinos, que querían evitar de ese modo dar pie a la celebración de botellones. El dios Baco no podrá compartir escenario con la hermosa diosa romana.
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