educación

En Matemáticas, cada uno a su ritmo

  • José María Moya, profesor del IES Tomás Hormigo, ha creado un programa en la plataforma Moodle para que sus alumnos avancen de forma autónoma y flexible

  • El 75% aprueba la materia

José María Moya con uno de los grupos a los que imparte Matemáticas. José María Moya con uno de los grupos a los que imparte Matemáticas.

José María Moya con uno de los grupos a los que imparte Matemáticas. / m. h.

Después de 30 años de docencia, solo tenía que mirar las caras de sus alumnos para saber que muchos estaban perdidos sin remedio. Si bajaba al nivel más básico, el resto se aburría, y si se ponía a la altura de los más avezados, la mitad se quedaba sin perspectivas de aprobar la asignatura. La heterogeneidad del alumnado, sus distintos intereses y puntos de partida, que incapacitan muchas veces al docente para poder llevar el grupo al unísono, le hizo reflexionar mucho a José María Moya, profesor de Matemáticas en el IES Tomás Hormigo de Cancelada. Conoció la plataforma Moodle y pensó que era la parcela perfecta para construir en ella un sistema novedoso que solucionara este tipo de problemas en el aula. El éxito entre sus estudiantes, traducido en el 75% de aprobados, es su mayor aval.

Su programa de enseñanza de Matemáticas para alumnos de 1º de ESO facilita que cada estudiante avance a su ritmo, que refuerce contenidos, que los afiance, que vuelva atrás si no los ha asimilado debidamente o que avance hasta donde pueda llegar. Si termina el curso en marzo, puede empezar con temas del siguiente. No hay límites y se convierte en un reto personal, que también transforman en colectivo, una especie de juego con el que adquieren las competencias que marca la normativa por un camino totalmente distinto. El vehículo, las nuevas tecnologías, supone de entrada el enganche perfecto para los alumnos más desmotivados.

"Los primeros cursos de la ESO suelen ser un embudo, los alumnos que llegan con las Matemáticas suspensas empiezan a atascarse", explica José María Moya. Por eso, el director de su centro quiso hacer un cambio metodológico y desdobló el grupo para hacer una unidad más reducida con los estudiantes que más apoyo necesitan por su retraso académico. Y ahí se puso en marcha, en el curso pasado, el programa del profesor Moya. "En este grupo no funciona una clase magistral, es imposible que vayan al mismo ritmo, pero si dices que no hay libro de texto y que van a trabajar con un portátil y una libreta ya los tienes ganados", agrega.

Cada alumno delante de su ordenador, en "silencio sepulcral", como asegura el docente, concentrados en competir consigo mismos, en avanzar en los contenidos que les va explicando el programa, en ir pasando los temas, resolviendo los ejercicios, aprobando los exámenes que hacen en la misma plataforma. En los test, que son corregidos automáticamente, pueden comprobar sus fallos con autorización del profesor. Esta es la clase que se encuentra este profesor todos los días. "He introducido en el programa contenidos y actividades para desarrollar las competencias que el alumno necesita en este nivel", comenta. Pero, al ser un trabajo personal y autónomo, las distintas cadencias de aprendizaje no interfieren en la evolución educativa de la clase. "El que vaya más rápido puede seguir avanzando y el que va más lento recibe más apoyo del programa y del docente", añade.

La autoestima que crea el programa también es un elemento fundamental. "Comienza por contenidos muy básicos, por lo que suelen engancharse desde el principio, no se sienten perdidos. La dificultad va creciendo de forma progresiva, cuando ve que avanzan la alegría es tremenda", apunta el profesor, que invirtió sus tardes durante siete meses para desarrollar el programa, que cuenta con recursos audiovisuales, con infinidad de actividades distintas, con iconos que guían al alumno y con un servicio de mensajería. El docente también puede controlar el tiempo que dedican a cada ejercicio, qué parte han tenido que repetir más veces, en qué fallan más y el trabajo que realizan en casa.

"Están tan motivados que hay alumnos que en momentos libres de otra asignatura solicitan un ordenador para seguir con el programa", sostiene José María Moya. "El alumno se reta a sí mismo y puede conseguir lo que antes no podía", señala. El éxito del curso pasado lo ha llevado este año a hacer lo mismo con PMAR, un programa con el que imparte Matemáticas, Física y Química, Biología y Geología a estudiantes con dificultades de aprendizaje. En esta primera evaluación, de sus ocho alumnos, siete han aprobado Matemáticas y cinco la parte cientifico-tecnológica. Todo un logro para chicos que antes solo sabían de suspensos y fracaso escolar.

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