El sistema educativo registra 2.000 niños de altas capacidades

  • El protocolo implantado en 2011 en los colegios detecta en torno al 25% de los casos

  • La Asociación de Altas Capacidades (ASA) subraya que no intervenir a tiempo implica problemas académicos, emocionales y sociales

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Los pétalos indisciplinados y tozudos estaban repartidos sin orden ni concierto por la página. La madre de aquel niño de tres años, ahora, mucho después, recuerda cómo le insistía hasta el enfado que debía seguir las indicaciones de la maestra para formar las flores. Pero el crío se resistía. Imposible. ¡Hacía tanto viento que había arrancado y desperdigado los pétalos! La anécdota la explica una madre de la Asociación Malagueña para el Apoyo de las Altas Capacidades (ASA) que prefiere preservar su identidad. Ese episodio, tierno y conmovedor, marcó un antes y un después. "Supe en ese momento que mi hijo debía aprender desde la diversidad".

El sistema educativo tiene registrados en Málaga 1.965 alumnos de altas capacidades. ¿Muchos? Depende. El plan de actuación para la atención educativa del alumnado con necesidades específicas de apoyo incluye desde 2011 un protocolo de detección de niños con altas capacidades. La introducción en los centros de una metodología dirigida a identificar estas cualidades ha permitido que Andalucía sea en este momento la comunidad autónoma con la proporción más alta de casos de alta capacidad de toda la geografía nacional: 9.680 alumnos que suponen el 0,60% del total. Los 1.965 de Málaga representan el 0,65% de la población en edad de escolarización obligatoria. Fuera de Andalucía, el porcentaje rara vez supera el 0,25%.

Sin embargo, María Rodríguez, presidenta de ASA puntualiza que el sistema escolar apenas si identifica a un 25% de los alumnos que reúnen estas cualidades. El protocolo comienza con un cuestionario que deben cumplimentar en tercero de Educación Infantil y sexto de Primaria padres y educadores. Ahí se exploran algunos de los signos que se suelen dar en estos menores: lectura precoz, preguntas e inquietudes impropias para la edad, habilidad para el razonamiento abstracto o determinadas características para el desempeño social. Solo cuando los cuestionarios desvelan cualidades extraordinarias, se realiza una prueba al menor que, de resultar positiva, da lugar a una evaluación completa y a la elaboración de su perfil.

María Rodríguez recuerda que esa exploración inicial no arrojó resultados con su hijo mayor. De hecho, solo pudo identificar qué ocurría cuando preocupada por lo que parecía ser un síndrome de déficit de atención acudió a una psicóloga. Esta experiencia es también reveladora de cómo la alta capacidad no es una bendición para las familias. Es más, puede ser un problema. Los niños con altas capacidades tienden a aburrirse en la clase y, dependiendo de cada cual, ese tedio unas veces se confunde con el déficit de atención, porque el alumno simplemente desconecta y espera a que acabe la jornada, y otras con la hiperactividad. El riesgo en cualquier caso es el fracaso académico. La historia está repleta de anécdotas. El padre de Winston Churchill afirmó que el trabajo escolar de su hijo era un insulto a la inteligencia, mientras que su profesor lamentaba que molestara constantemente en la clase, los maestros de Charles Darwin decían que estaba por debajo de los estándares comunes de inteligencia y Évariste Galois, considerado el padre de la álgebra moderna, fue rechazado dos veces por la École Polytechnique de París por no superar los exámenes de acceso.

Estos acontecimientos, sin embargo, no son tan hilarantes cuando los protagonistas son un niño de tres años que se resiste a unir los pétalos de una flor sentado frente a una madre que intuye que algo sucede pero no sabe qué.

Los riesgos académicos no son los únicos. "Los niños saben que son diferentes y comprenden esa diferencia desde que son muy pequeños", indica María Rodríguez. Esa percepción les lleva a aislarse y, en consecuencia, a ser víctima de acoso escolar. Se calcula que el 50% de los alumnos de altas capacidades sufre acoso en sus colegios.

Además, existe estigma social. María Rodríguez y Déborah Salafranca, vocal de ASA, subrayan sin atisbo de duda que existe más comprensión hacia menores con otros requerimientos educativos que hacia aquellos que presentan altas capacidades intelectuales. "Su necesidad de ayuda es idéntica a la del niño que tiene dificultades para aprender a leer". "Familias y niños con hiperactividad o trastorno de atención no están tan estigmatizados, pero si dices que se trata de un caso de alta capacidad te miran como diciendo, ¡ay, esta madre presuntuosa!, o se general falsas expectativas", agregan. Existe, en consecuencia, una cierta resistencia a "salir del armario". "Si tu hijo con cinco años juega muy bien al fútbol se lo cuentas a todo el mundo, pero si lee a Harry Potter, le forras el libro". Los padres tienden a ocultarlo, a no hablar con naturalidad posiblemente para proteger a los hijos de que se les exija algo para lo que no están preparados. Esta es una cuestión relevante. La alta capacidad es una potencialidad, una cualidad natural que se puede expresar en un área (talento simple) o en tres o más (talentos complejos). También entra en este epígrafe la superdotación, término en progresivo desuso que alude a aquellos que superan el percentil 75 en todas las áreas. En cualquier caso es una potencialidad cognitiva que no está en sincronía con lo emocional. Es decir, un niño de seis años puede tener una habilidad e interés excepcional por las matemáticas y ser capaz de ir muchísimo más allá que otros críos de su edad, pero en todo lo demás es un niño de seis años. Saber dividir a esa edad no significa que no vaya a tener una rabieta o que necesite un cuento para dormir.

El protocolo de detección de las altas capacidades, aún con las limitaciones que ha tenido poner en marcha un sistema pero no destinar recursos suficientes a la formación de profesores y orientadores escolares, establece, una vez que se confirma un caso de alta capacidad, una serie de medidas adaptadas al perfil del niño con el objetivo final de proporcionarle "confort congnitivo", o sea hacer que se sienta bien aprendiendo.

En primer lugar se tiene en cuenta su estilo de aprendizaje, por ejemplo si funciona mejor en grupo o en solitario, o si tienen una personalidad más investigadora, y se dirigen los esfuerzos hacia sus puntos fuertes, a las áreas donde destaca.

Teniendo en cuenta estas premisas se diseña primero un plan de enriquecimiento horizontal. Por ejemplo, la hija de Déborah, a la que se le detectó el potencial cognitivo al cambiarse de un centro privado al colegio rural Nuestra Señora de Lourdes, en El Valdés (Moclinejo), fue animada a participar en la enseñanza de sus compañeros de clase. Esta fórmula de aprendizaje colaborativo le ayudó a sentirse útil, en vez de desplazada. La motivó en lugar de consignarla como la listilla del aula. La profesora también aprovechó su habilidad con los idiomas para encomendarle trabajos en inglés que la conducían a trabajar otras materias en su casa y en esa lengua.

El siguiente paso es el enriquecimiento vertical, procedimiento que consiste en introducir conocimientos del año académico inmediatamente posterior. En esta fase, si las familias lo ven oportuno, el alumno tiene la opción de saltar de curso.

La Educación Secundaria (ESO) también contempla procedimientos para facilitar el desarrollo de los alumnos de altas capacidades. "Si han sido detectados en Primaria, todo va bien. El problema es cuando han pasado desapercibidos. En ese momento los problemas son otros". Aparece el fracaso escolar, conflictos emocionales por no encajar en el grupo o comportamientos disruptivos figuran entre los más comunes.

María Rodríguez recuerda que el 90% de las 293 familias y 370 niños que agrupa la asociación que preside ha llegado a esta entidad buscando ayuda y soluciones que no han podido ni en la escuela ni en otro lugar. Si durante la niñez y primeros años de la adolescencia nadie enseña a los chicos y a sus padres a canalizar su potencial lo más probable es que su talento se pierda. El fracaso académico afecta entre el 50 y 70% de los alumnos, según diferentes estudios. "Cuando llegan a Bachillerato es un triunfo, ya son compatibles con el sistema porque han podido superar, con o sin ayuda, una gincana de obstáculos durante los años previos".

Las universidades también están involucradas en los programas para incentivar a los adolescentes con altas capacidades procedentes de los institutos. Por ejemplo, la Universidad de Málaga cuenta con el programa GuíaMe-AC-UMA, a través del que ha organizado este curso 30 talleres dirigidos a este colectivo. Otra cosa es qué ocurre con los jóvenes excepcionalmente talentosos cuando alcanzan la etapa universitaria. Javier Tourón, vicerrector de la Universidad de La Rioja e investigador experto en altas capacidades afirma en su web a modo de presentación que "el talento que no se cultiva se pierde". María Rodríguez y Déborah Salafranca matizan que no solo. "Se pierden las personas".

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