Un telón recuperado al milímetro

  • Bernando Ferrándiz, además de la 'Alegoría de Málaga' para el techo del Cervantes, pintó un telón de boca en 1870

  • Muy deteriorado, lo expertos de Quibla Restaura le darán una nueva vida

El salón de actos del instituto La Rosaleda tiene desde hace dos semanas un invitado muy especial. En un espacio diáfano se extiende el telón de boca que Bernardo Ferrándiz pintó en 1870 para el Teatro Cervantes, el mismo cuyo techo decoró con la Alegoría de Málaga junto al pincel de su colega Muñoz Degrain. Colocado del revés, sobre el lino original trabajan las manos expertas de la empresa Quibla Restaura. Limpian restos de adhesivo y suciedad con el bisturí, colocan injertos de tela donde hay faltas, fijan con la plancha e imponen pesos para quitar las arrugas. El proceso es minucioso, se hace milímetro a milímetro para poder dar una nueva vida a una pieza muy dañada. Se prevé que la restauración dure unos cuatro meses, un proyecto financiado por la Fundación Málaga y el Teatro Cervantes. En agosto volverá a su lugar, aunque de una forma mucho más protagonista que hasta ahora.

"Ahora estamos terminando el proceso de consolidación de soportes, una labor imprescindible antes de someter a la pieza a otro movimiento, más aún el estrés de tenerlo colgado en condiciones no fiables", explica Estrella Arcos, directora técnica de Quibla Restaura. Y subraya que la obra la encontraron "en muy malas condiciones". La tela que pintó Ferrándiz tuvo dos intervenciones posteriores documentadas, a principios del siglo XX y otra en 1954. "Muy pronto, con tan sólo 30 años, ya se había considerado que estaba en estado de ruina, según las crónicas de la época", dice Arcos. Grandes desgarros y fisuras, sobre todo en la parte inferior, parches y repintado "sin rigor" poblaban el telón que se encontraba colgado en el fondo del escenario del espacio municipal y que muy pocos conocen.

"En la segunda restauración se le hizo un reentelado, se le añadió una tela nueva pero con un efecto muy negativo porque se utilizó algodón puro, que absorbe mucha humedad. Tenía grandes zonas con hongos. Además al menor cambio de temperatura tiene un encogimiento grande, lo que causa que el lino original se arrugue", comenta la directora técnica. Por eso, dice, se ha tenido que eliminar por completo esta tela y los añadidos para que pudiera quedar "desnudo" el original.

Pero también esto supuso otro problema. Según afirma Estrella Arcos "la tela original tiene un estado de absoluta debilidad, no tiene fuerzas para sostenerse así misma, por lo que es de vital importancia reforzar la pieza" que pesa en torno a 160 kilos y mide 12,9 metros de ancho por 9,10 metros de largo. "Hasta ahora nos hemos ocupado de lo que nunca se va a ver pero que es fundamental", añade la directora técnica de Quibla Restaura.

El primer paso se hizo en el propio escenario del Teatro Cervantes. Se bajó el telón y allí se empezó a "sentar el color". "Teníamos que fijar la capa pictórica con papel japonés y cola de pescado, se ejerce una pequeña presión y se da un poco de calor", comenta Arcos, para que las partes más débiles de la pintura no sufriesen más daño con la manipulación posterior. Pero la agenda del espacio municipal impedía seguir trabajando allí y se construyó un gran rollo de 15 metros y se trasladó en un tráiler al Palacio de Ferias. En una de las salas de exposiciones se comenzó a trabajar por la parte del revés.

De nuevo tuvo que ser trasladado para liberar el espacio y ahora es el IES La Rosaleda el que lo acoge. Aquí se elimina suciedad de la cara posterior, restos de adhesivos, se cierran fisuras y se cierran las zonas abiertas colocando injertos en los huecos. Una vez realizada esta operación de limpieza y vuelta al original, se reentelará por completo la pieza. El restaurador Francisco Zambrana explica que se ha traído un lino específico de Italia para que sea lo más similar posible a la tela que pintó Ferrándiz. "La otra tela, la de algodón, se pegó con una cola orgánica muy fuerte hecha a base de huesos de vaca, lo que hizo unas deformaciones temibles", señala Zambrana.

El reentelado se hace con gacha española, de ahí que junto a los materiales de trabajo esperen kilos y kilos de harina. Se trata de un método tradicional cuyos ingredientes son harina, agua, coletta italiana, un adhesivo y trementina de Venecia, una resina natural. Se extiende una fina capa para fijar el lino nuevo y se impone calor y presión controlada hasta que se seque. "Al mismo tiempo se tiene que ir aireando por debajo y cambiando el papel absorbente para que se seque la humedad todo lo posible, luego tendrá que quedarse 24 horas con peso para que la fijación sea efectiva", dice el técnico.

En junio se tiene previsto que se pueda trasladar al patio de banderas del Ayuntamiento. Allí, colocado en vertical, se fijará un andamiaje para que los restauradores puedan trabajar en la capa pictórica. "Esta capa tiene muchísimos añadidos y se ha repintado en su totalidad en dos ocasiones documentadas", subraya Francisco Zambrana. Por ello, añade, "la pincelada de Ferrándiz está subyacente pero posiblemente no se pueda rescatar".

La técnica que utilizó el pintor en 1870 fue el temple a la cola, es decir, que se disolvía el pigmento en cola animal. El repinte se volvió a hacer con temple a la cola y eso ha hecho que se haya fundido con el anterior. Esto hará que sea "casi imposible recuperar el original", comenta Zambrana. Aún así van a intentar dejar el original en algunas zonas como testigo. "Hemos encontrado documentos, un grabado de 1871 donde aparece el telón y hemos visto que se han hecho ligeros cambios en el repinte, pusieron elementos de su cosecha en los años 50", afirma Zambrana y pone como ejemplo que unas coronas de laurel acabaron siendo un ramo de rosas. Aún así, "se va a recuperar la idea de Ferrándiz de un telón de boca con esos motivos, con Mefistófeles como autorretrato del propio pintor, y también su uso", indica el restaurador.

De forma permanente, en el Teatro Cervantes va a quedar montado en una estructura de aluminio, "como un cuadro gigante", explican los expertos. Y eso es porque su estado de conservación no permite "mantenerlo colgado y suelto como una cortina". Seguirá siendo un telón pero va a llevar una estructura para que la vida de la pieza sea lo más larga posible. A partir del 8 de agosto, cuando se cierre la temporada del escenario municipal, volverá a su casa. Allí se volverá a repasar toda la capa pictórica una vez colocado. En el ensayo general de Turandot, el 1 de noviembre, se espera estrenar. A partir de esa fecha quedará colocado al inicio de las representaciones con el objetivo de que el público que accede a la sala lo conozca y disfrute antes del comienzo de la función. Luego se levantará este telón de boca y será el otro telón y que baje y suba durante las representaciones. "Se va a usar con mucho mimo", considera el restaurador, que agradece en todo momento el apoyo recibido por el equipo técnico del Teatro Cervantes.

Pero antes de esto, los ciudadanos que quieran conocer el trabajo realizado sobre la pieza del XIX se podrán pasar por el patio de banderas y ver in situ la labor de los técnicos. Allí se estucarán lagunas, es decir, se cubrirán las faltas y se reintegrará el color en las áreas necesarias de recuperar. La zona inferior habrá que reconstruirla, según estiman los restauradores. Una meticulosa tarea en la que la Fundación Málaga y el Teatro Cervantes invertirán cerca de 95.000 euros.

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