Carta a los Reyes Magos: los regalos de verdad que necesita un niño
Tolerancia sí, respeto no
La tolero porque soy demócrata; pero por la misma razón no respeto la decisión de los 940.602 catalanes que han votado al prófugo Puigdemont y los 929.407 que han votado a Junqueras -bien definido por Roberto Pareja como un "santurrón diabólico que esconde tras su bonanza un fanatismo irreductible"- y a esa catequista nacionalista llamada Rovira. Hay matices entre tolerar y respetar. Según la RAE, respeto es veneración, acatamiento, miramiento, deferencia o consideración; y nada me obliga por razón democrática a manifestarlos hacia el fanatismo retrógrado y golpista de Puigdemont, Junqueras, los suyos y sus votantes. Me limito a tolerarlos en las tres primeras acepciones de la palabra (llevar con paciencia, permitir algo sin aprobarlo, soportar) mientras no reincidan en el golpismo.
Me avergüenza compartir nacionalidad -y por lo tanto verme afectado por sus decisiones- con quienes llegan al extremo de cerrilismo, fanatismo y negación de la realidad de votar a los golpistas mentirosos en sus palabras, grotescos en sus comportamientos y totalitarios en sus políticas. Que cada vez obtengan menos votos Catalunya en Comú-Podem y la CUP es razonable, tratándose de coyunturales partidos antisistema. Que el PSC se haya estrellado es explicable dadas las ambigüedades y gansadas de Iceta (desde pedir el indulto para los golpistas a la tontería del icetatón). Que el PP se haya descalabrado hasta casi empatar con la marginal CUP es lógico porque se ha equivocado de estrategia y sobre todo de candidato (asombroso que no haya dimitido: demuestra su valía). Pero que 1.870.009 catalanes hayan votado a Puigdemont, Junqueras y sus respectivas tropas independentistas demuestra el bajo nivel político en el que la manipulación propagandística de la educación y los medios han hundido a esta región.
La Cataluña profunda, ya… Pero también la que no lo es (o era) tanto: no se olvide que, aunque ahora su formación haya descendido al quinto lugar, los barceloneses votaron a la Colau como alcaldesa; y que, aunque C's haya ganado en Barcelona, ERC le pisa los talones con una diferencia de sólo 27.520 votos y JuntsxCat de 39.886. Lo que quiere decir que si 218.746 barceloneses votaron a Arrimadas, 370. 106 lo hicieron a Puigdemont y Junqueras. Desolador. Tanto como que la victoria histórica de C's sea sólo simbólica: ha ganado liderar la oposición, no el gobierno.
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