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Doñana cumple 53 años con la sequía como amenaza principal

Un grupo de ánsares se reúnen en una duna de Doñana.

Un grupo de ánsares se reúnen en una duna de Doñana. / José Manuel Vidal / Efe

Doñana llega a sus 53 años de vida en un momento delicado y marcado por una amenaza principal, la sequía, algo que unido a la crítica situación de su acuífero está motivando que cada vez tenga más dificultades para mantener sus valores y su biodiversidad.

Fue el 14 de agosto de 1969 cuando el Consejo de Ministros aprobó la creación del Parque Nacional de Doñana con una superficie inicial delimitada de 35.000 hectáreas que, a día de hoy, asciende a 54.251, y lograra un reconocimiento internacional que le ha valido, entre otros muchos títulos, el de Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco (1994), Reserva de la Biosfera (1980) y Sitio Ramsar (1982).

Desde ese instante, el compromiso por la protección y conservación de este espacio de singular belleza ha sido unánime y compartido por administraciones y sociedad civil, sabedores de su importancia.

En esa labor de protección ha sido fundamental el parque natural de Doñana, también conocido como preparque, con el que conforma la figura de gestión Espacio Natural de Doñana que cuenta con una extensión de 128.385,82 hectáreas, la mayoría de marismas, convirtiéndola en el mayor refugio para las aves migratorias de toda Europa y una de las mayores reservas ecológicas del continente por la riqueza y variedad de especies de flora y fauna que alberga.

Sin dejar de celebrar que este espacio haya llegado hasta la actualidad, hay que remarcar que hoy, a sus 53 años, atraviesa una situación complicada, con amenazas como la sequía, la agricultura industrial, los planes para la implantación de parques solares en el corazón de la marisma, los incendios de cuarta generación o la pretendida "amnistía" para los regantes ilegales, según ha indicado a EFE el coordinador de la Oficina de Doñana de WWF, Juanjo Carmona.

De todas ellas, en estos momentos, la amenaza más acuciante es, sin duda, la sequía, la falta del agua, tal y como coincide con el anterior el portavoz de Ecologistas en Acción en Doñana, Juan Romero.

El espacio natural afronta este 2022 el segundo año hidrológico más bajo de los últimos 23 años, "no hay agua"; Doñana "era y es al menos en los papeles, en los reconocimientos, un humedal pero hoy se parece más a una estepa o a un desierto".

Desde WWF han apuntado que la Cañada de los Pájaros está "prácticamente seca" y la Dehesa de Abajo ha sufrido episodios de cianobacterias que han obligado a desagüarla tras la muerte de varios ejemplares de aves protegidas; además de las lagunas peridunares, solo Santa Olalla mantiene algo de agua, aun así está casi seca.

Esto es algo que, según se ha advertido desde la Estación Biológica de Doñana, ocurre por segunda vez desde que se tienen datos, lo que hay que achacar "no solo a la falta de lluvias, sino también al mal estado del acuífero, que ya no surte de agua subterránea a las lagunas de Doñana", ha señalado Carmona.

La acuciante falta de agua ha tenido, como no puede ser de otra forma, consecuencias nefastas para los ecosistemas y las especies del espacio protegido, entre ellas los anfibios y las aves acuáticas, cuyos censos han caído drásticamente respecto a 2021.

Para hacer frente a esta situación los grupos conservacionistas coinciden en que, prioritariamente, hay que ponerle freno a la sobreexplotación del acuífero y garantizar la entrada de aguas superficiales tanto en cantidad como en calidad, de ahí que coincidan en reclamar a las administraciones actuaciones "urgentes", entre ellas, un plan de recuperación hídrica para este espacio natural.

Para paliar la sobreexplotación lo principal es el cierre de pozos ilegales; la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha cerrado por ejecución forzosa desde 2018 un total de 220 y, en estos momentos, se está llevando a cabo la clausura de 71 más.

A esta cifra hay que añadir los 443 pozos con derecho cerrados por sustitución de agua subterránea por agua superficial, tras la concesión definitiva a la Comunidad de Regantes El Fresno.

Pero esto no es suficiente, desde WWF reclaman que se siga en esta línea y que se implemente el Plan de Ordenación de Regadíos de la Corona Norte de Doñana, insistiendo en el rechazo a la legalización de nuevas zonas regables en la zona.

A esto hay que añadir, en opinión de Juan Romero, actuaciones que permitan recuperar toda la red hídrica externa: "Todos los arroyos, las cuencas vertientes, hay que recuperarlas al dominio público hidráulico y hacer una reforestación con especies típicas de ribera, lo que se llama una recuperación hidrológico-forestal, que tiene que tener como acción principal que las aguas del Guadiamar vuelvan a entrar al corazón de las marismas, como siempre entraron".

Solo así, actuando de manera urgente y manteniendo el compromiso unánime en pro de la conservación de este espacio, se conseguirá que Doñana siga cumpliendo años sin perder su esencia y su riqueza ambiental, y pueda continuar sumando velas a una tarta en la que hoy son ya 53.

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