Antonio Maíllo y el destino de la izquierda

El líder de IU será el cartel de Por Andalucía con el objetivo de que los partidos de la oposición sean una alternativa real a Juanma Moreno y Vox

Juanma Moreno tendrá esta vez que sudar la camiseta

María Jesús Montero, ante el mayor de sus desafíos

Antonio Maíllo
Antonio Maíllo / Juan Carlos Vázquez

Antonio Maíllo tiene alma política, sus amigos los clásicos dirían que le guía un destino, una voluntad a veces personal, a veces sobrenatural, para situarse al frente de la izquierda andaluza. O de la federal (nacional para entendernos). Después de recuperarse de una dura enfermedad y tras la marea morada que como una inflamación -podemitis- ha revuelto a la izquierda española durante más de una década, este andaluz singular -lucentino, sanluqueño, arundense y hasta sevillano- regresa como los clásicos para presentarse a las elecciones andaluzas de este año y participar en la fundación de la alternativa a Sumar. El invento de la vicepresidenta Yolanda Díaz no ha tenido buena fortuna.

Las elecciones andaluzas de 2026, sean en marzo, abril o mayo, obligarán a disolver el Parlamento no mucho más allá del 28 de Febrero. Aunque los sondeos indican una victoria suficiente de Juanma Moreno, la confluencia de otros dos pesos pesados, María Jesús Montero y Antonio Maíllo, convierten la cita en algo muy diferente de lo que se ha visto en Extremadura, esto sí va a ser una competición reñida con independencia del resultado.

Maíllo es un político al que la gente saluda por la calle, sus alumnos quieren a este profesor de lenguas clásicas que se iba a retirar en el instituto Martínez Montañés de Sevilla hasta que hace un año y medio se presentó y ganó las elecciones primarias en Izquierda Unida (IU), la formación de los clásicos de la izquierda. Desde entonces, y sin dejar su casa en Sevilla, ha ido y ha vuelto a Madrid, de donde ha llegado "más andaluz" y bastante preocupado por "la ausencia de Andalucía en el debate nacional", según ha explicado en alguna ocasión a los periodistas.

Maíllo ha sido interlocutor con el Gobierno de Pedro Sánchez, sabe ahora cómo funciona el laboratorio de ideas de Moncloa y conoce las características de cada una de las especies que forma el variado ecosistema político situado a la izquierda del PSOE que buscará en enero refundarse junto a los comunes, Más Madrid y el Movimiento Sumar.

El objetivo de la oposición

Pero hace unas pocas semanas, Maíllo le dio otro giro a su carrera, un quiebro bastante audaz por lo que implica de riesgo personal: ponerse el frente del cartel de la izquierda alternativa en Andalucía, ser el candidato de Por Andalucía. Es un puerta grande o enfermería, intentar que Por Andalucía deje atrás sus cinco diputados actuales para volar o hasta el décimo escaño o hasta poder sumar con María Jesús Montero una alternativa real a Juanma Moreno.

Maíllo y Montero, la candidata socialista, tienen mucho en común, ambos nacieron en 1966 y los dos proceden de los movimientos de la izquierda revolucionaria, la ministra de Hacienda viene de los grupos cristianos de base y el líder de IU, de algo mucho más clásico, del Partido Comunista de Sanlúcar, la ciudad donde llegó para dar clase de latín y griego.

El PCE sanluqueño es toda una institución, y no sólo política, su sede alberga uno de los bares más reputados del Barrio Alto, y Maíllo aprendió ética de estos viejos comunistas del Bajo Guadalquivir. De aquellos tiempos guarda la costumbre de leer cada día Diario de Cádiz.

María Jesús Montero ha ido desde la izquierda a la izquierda del PSOE a ser la número dos del partido, pero hoy tiene un destino común con Maíllo, sumar más que el PP y, si se puede, más que Juanma Moreno y Vox. Los sondeos no apuntan a ello, sino a una mayoría de las derechas en Andalucía, parecida a la de Extremadura, pero ambos sostienen que las campañas electorales definen más que nunca el sentido del voto.

El laboratorio Moncloa tiene probado cómo una campaña total y disruptiva, sin mítines ni carteles, consigue en 15 días cambios asombrosos sobre las previsiones demoscópicas. Por eso María Jesús Montero prefiere aguardar en el Gobierno, no pierde proyección pública, a pesar del desgaste de ser la número dos de Pedro Sánchez.

Montero y Maíllo se repartirán el voto progresista en Andalucía. Maíllo debe recuperar ese voto de izquierdas que nunca ha votado al PSOE y Montero tiene que sacar de su casa al votante socialista que en Extremadura prefirió no participar. Si ninguno de ellos invade el carril del contrario, no tendrán problemas. Los dos candidatos se entienden sin necesidad de mirarse y no es un secreto que María Jesús Montero saltó de alegría cuando supo que Maíllo había dado ese paso.

Y es que la izquierda alternativa andaluza tiene más siglas que líderes y más partidos que escaños, y sólo alguien como Maíllo, que ya había participado en los gobiernos de coalición de la Junta, es capaz de destacar sobre tanta división. Podemos participará o no en Por Andalucía, ésa es una decisión que tomará el binomio Madrid-Iglesias, que es el ente que dirige la formación morada. Como sostiene un parlamentario, "si vienen bien y, si no, mejor". Lo que sí es seguro es que el partido de Teresa Rodríguez, Adelante Andalucía, irá por su cuenta. Lleva de candidato al parlamentario que mejor ha exprimido su soledad, José Ignacio García.

Maíllo tiene que vencer esas divisiones que son más personalistas que ideológicas y tratar de compensar los votos que se pierdan en candidaturas estériles. Él no va a entrar en la confección de las listas, pero ha pedido a Por Andalucía que el próximo grupo parlamentario esté formado por personas capaces de entrar en un Gobierno o de sostener una oposición muy dura porque cree que el PP acometerá la próxima legislatura una reforma a la baja de los servicios públicos.

Juanma Moreno ha anunciado una reforma profunda del SAS como consecuencia de la crisis de los cribados del cáncer de mama y del deterioro de la Atención Primaria, se trataría de una actualización de este servicio creado en los años ochenta, pero Maíllo sostiene que, en realidad, el PP andaluz copiará la estrategia del PP de Isabel Díaz Ayuso, que pasa por una sustitución de lo público por un sector privado contratado con fondos púbicos.

Como ejemplo de ello, María Jesús Montero, que también comparte esta tesis, aseguró el día de Navidad en la Cadena Ser que una de las actuaciones que está estudiando Moreno es implantar el copago. De momento, no parece que sean los directivos ni los técnicos del SAS quienes están trabajando en esa reforma general del SAS.

Pero antes de las elecciones andaluzas, Maíllo terminará la negociación para relevar a Sumar a nivel nacional. Izquierda Unida tiene contactos con Más País, los comunes y Movimiento Sumar para refundar la alternativa de izquierda e, incluso, buscar un nuevo nombre. La idea de gobierno es similar a la actual, la de integrar un Ejecutivo de coalición para aportar la parte más progresista. Pero en buena medida, el grado de éxito que Maíllo obtenga en las elecciones andaluzas le servirá a medio plazo para articular este proyecto federal. Es la fuerza de su destino.

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