Equipo Navazos: dos décadas de tesoros bajo la blanca albariza

Eduardo Ojeda y Jesús Barquín cumplen veinte años en su singularísima y divertida aventura para criar, embotellar y enaltecer los minusvalorados vinos del Marco de Jerez

El valor de cada viñedo concreto, la identificación de las sacas, la mínima intervención en la elaboración... ese camino tan seguido hoy lo desbrozaron ellos hace años

Eduardo Ojeda: "Hay que ser más chovinistas con los infravalorados vinos andaluces"

La 'biblia' de los vinos generosos, por fin en castellano

Jesús Barquín y Eduardo Ojeda, en la Taberna Manolo Cateca de Sevilla.
Jesús Barquín y Eduardo Ojeda, en la Taberna Manolo Cateca de Sevilla. / Juan Carlos Vázquez
Juan Antonio Solís

Sevilla, 11 de enero 2026 - 06:10

Una de las aventuras más inauditas del vino español plantó su raíz en la blanca albariza del marco jerezano hace dos décadas. El pie no pudo ser más franco: dos amigos, el sevillano Jesús Barquín y el jerezano Eduardo Ojeda, que comparten una pasión sin medida por los finos, las manzanillas, rescatan previo pago una bota de amontillado que dormitaba en la bodega sanluqueña Sánchez Ayala, embotellan 500 litros y reparten esos envases de 75 centilitros entre el círculo de amigos a los que también se le eriza la piel con la fragancia a levadura fresca y almendras, con el golpe salino y eléctrico en la lengua de un vino de edad incierta y vida plena.

Como homenaje a La bota de amontillado, el célebre cuento gótico de Edgar Allan Poe en que un hombre es emparedado vivo, y a los huertos de navazos que tanto han aportado históricamente a los vinos del sanluqueño Barrio Bajo, ese primer prodigio es bautizado como “La Bota de Amontillado 1 Navazos”. Pero a diferencia de la tormentosa vida del escritor de Baltimore, Jesús y Eduardo han gozado como niños en una juguetería cada vez que han hormigueado por los cascos de Sanlúcar, Jerez, Montilla, El Puerto, Chiclana o Trebujena.

Como el vino es origen, vayamos al origen de la aventura. Eduardo, enólogo referencial en el Marco, empezó a trabajar en el grupo José Estévez allá por 2000. “En 2003 yo daba una cata en Fenavin, Ciudad Real, Jesús (catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Granada y ferviente amante del gran vino) empezó a preguntar y a preguntar, y yo le dije “oye, ¿podemos continuar fuera?” (risas). Y quedaron su amigo Álvaro Girón (otro referente intelectual en todo lo concerniente a los vinos del Marco) y él en venir a Jerez a visitarme”.

“Ha sido una forma de diversión y de decir cosas; ayudamos a poner en valor los vinos tradicionales andaluces” — Eduardo Ojeda - Enólogo

Prosigue Barquín: “Al año y medio, dos años, que ya nos habíamos visto bastante, en el puente de diciembre de 2005, Eduardo nos planteó visitar Sánchez Ayala, que entonces era almacenista de José Estévez. Yo llevaba tiempo escribiendo y defendiendo que había que embotellar vinos singulares, que fue precisamente lo que encontramos en esta bodega sanluqueña”.

De forma no premeditada, estaba poniendo el dedo en esa llaga por la que tanto sangraron los vinos del Marco durante décadas: “Había que mencionar el pago, identificar las sacas, como ya hacía Barbadillo desde tiempo antes, y embotellar sin filtrar, con la mínima intervención, porque la línea que habían cogido los vinos tradicionales andaluces de crear marcas y querer embotellarlos como si fuera cerveza no iba a ningún sitio en el mundo del vino moderno, donde se valora la singularidad. Es absurdo que tengas 10.000 botas diferentes y que con ellas hagas un solo producto mezclándolo todo y a un precio muy barato”.

El camino estaba desbrozado y por ahí enfiló la pareja de amigos que ya eran. Equipo Navazos acaba de cumplir 20 años criando y embotellando botas únicas, ora fino jerezano o fino montillano, ora manzanilla pasada, ora oloroso viejísimo.

“No somos un verso suelto en el Marco, somos reformistas, no revolucionarios” — Jesús Barquín - Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Granada

“De manera oficiosa, como amigos, antes habíamos estado mostrando el vino de Jerez de otra manera”, apunta Ojeda. “Llevábamos vinos de bodegas amigas, directamente sacados de botas singulares y de diferentes orígenes, a cenas y reuniones con gente de primerísimo nivel mundial, en sitios como Madrid, Londres, Estocolmo o Nueva York, en las que cada uno aportaba botellas especiales, vinos magníficos “.

Al número 1 de la serie, siguieron La Bota de Fino 2 “Macharnudo Alto” en Valdespino, La Bota de Pedro Ximénez 3 “De Rojas” en Pérez Barquero y La Bota de Manzanilla 4 “Las Cañas”, de nuevo en S. Ayala. Explica Jesús: “Aquellas ediciones indicaban expresamente en la contra que eran para consumo privado y no estaban a la venta. Pero despertaron interés y, si queríamos seguir adelante, había que registrar las marcas y crear una sociedad. Hablamos con las bodegas con las que estábamos colaborando, les explicamos la oportunidad de negocio y les ofrecimos que fueran ellas las que continuaran comercialmente con el proyecto. La respuesta de las tres fue idéntica, animándonos a que lo desarrolláramos nosotros trabajando juntos”.

Los vinos únicos de EN empezaron a embotellarse ajenos a las presiones del mercado y de las grandes bodegas, tardaron muy poco en ser exportados a EEUU, Inglaterra, el norte de Europa, Australia. Su camino paralelo a esos venerables acorazados jerezanos y sanluqueños no ha hecho sino crear sinergias comunes, poner en valor un vino que, siempre se ha dicho, ha estado escandalosamente infravalorado a nivel mundial.

“No queríamos competir con las bodegas, sino hacer cosas diferentes, nuevas vías. Nunca hemos presionado al mercado, nunca hemos hecho labor comercial”, enfatiza el jerezano Eduardo Ojeda. ¿Y se consideran un verso suelto en el Marco? Jesús Barquín lo tiene claro: “No, no somos un verso suelto, hemos sido reformistas, pero no revolucionarios. Eduardo es una persona relevante en el sector y yo siempre me he llevado bien con la gente del Consejo y con mucha gente de las bodegas. Teníamos el privilegio de poder lanzarnos a la piscina sin riesgo y con más agilidad.” “Lo nuestro ha sido una forma de diversión y de decir cosas”, añade Ojeda.

Equipo Navazos cría y exporta joyas enológicas a todo el mundo tras el plácet inicial de las bodegas

¿Y sería más justo que pretencioso afirmar que Equipo Navazos ha ayudado a poner en valor los vinos tradicionales andaluces? Entra el juicio de Eduardo: “Absolutamente. Hemos ayudado a poner en valor los vinos tradicionales andaluces”. Y lo abrocha Jesús: “Buena parte del valor añadido que hay en el Marco hoy tiene que ver con iniciativas nuestras. Algunos se dieron cuenta muy pronto”.

Se han negado a cruzar una línea en su exitosa singladura: “Al no dedicarnos a Equipo Navazos más que en los ratos libres, nuestra capacidad de poner vinos en el mercado es muy limitada. Fuimos pronto conscientes de que era –y es– un proyecto con grandes posibilidades de crecimiento si nos dedicáramos a él de pleno. Pero decidimos seguir igual, porque ambos estábamos a gusto en nuestros trabajos y no queríamos que esto dejara de ser divertido”.

Desde “La Bota de Amontillado 1” hasta “La Bota de Fino 135”, que salió al mercado en los últimos meses del año recién acabado, han aparecido, numerados de forma secuencial, fuere cual fuere el perfil de la bebida, diferentes vinos generosos, pero también vinagres gran reserva de esos que elevan un plato, brandy, whisky de malta o ginebra, algún vermut... La Bota de Amontillado 49 “Bota A.R.” recibió los 100 puntos Parker de The Wine Advocate en diciembre de 2014, lo que supuso otro espaldarazo para los vinos del Marco.

Si bien el punto de partida fue el “descubrimiento” del amontillado de Sánchez Ayala, muy pronto la línea discurrió por la elaboración de vinos ex professo, algunos incluso desde la viña, con Eduardo como enólogo y principal responsable en la mayoría de los casos. “Eso no es descubrir tesoros, es elaborar vino. Navazos Niepoort hay que hacerlo cada año...”, expone Jesús Barquín con esa dicción rotunda del que está tan habituado a impartir clase y dar conferencias por todo el mundo.

Sanlúcar, una mañana de diciembre de 2005

Eduardo Ojeda tenía que rectificar 400 botellas de manzanilla, una cata sobre todo en nariz para detectar defectos. “Quedamos a las once con el capataz, Luis Gallego, y las catamos a toda velocidad; sólo te paras cuando detectas algo raro. Luego, comenzamos a probar diferentes escalas de la manzanilla de la casa”. Jesús Barquín sigue tirando de la guita de la memoria: “Preguntamos a Luis por un amontillado y nos dijo que había un conjunto de botas que llevaban paradas veinte años. Probamos algunas y nos pareció excelente, con mucho carácter sanluqueño. Luego, mientras probábamos otros vinos aún más viejos (NPI, Don Paco), pensé que seguramente el propietario, José Luis Barrero, nos vendería una bota para compartirlo con otros aficionados. Pedí a Eduardo que calculara el coste de una saca de 600 ó 700 botellas, incluyendo el precio del vino en sí, y ya esa misma mañana escribí un email a quince o veinte amigos, gente del vino de todo el mundo, que rápidamente confirmaron su interés”. Ojeda habló con Barrero. Ahí comenzó una colaboración que duró varios años.

Y persiste ese círculo de amigos original como corazón que bombea la sangre de EN: “Eran amigos que ya conocíamos cuando empezamos, muy aficionados al vino, profesionales en muchos casos, somos entre 35 y 40, algunos han decaído y otros se han apuntado. Es probablemente lo que garantiza el futuro de EN pase lo que pase”.

Pronto se corrió la voz entre los gourmands, que acudieron a esos canales externos de distribución que se encargan de la comercialización para surtir tiendas de artículos selectos, vinaterías y también las cartas de vinos de los restaurantes más estrellados, en el mejor sentido de la palabra: Equipo Navazos comparte página con vinazos de todo el mundo y, en las redes sociales, suele aparecer alguna de sus botellas en los menús maridados más exclusivos, junto con riojas de precios de tres cifras, borgoñas y champanes.

“Pusimos en valor no sólo el vino, sino el discurso que acompañaba a esos vinos singulares”, reflexiona Ojeda. “Y ese discurso es auténtico (abunda Barquín). Porque a veces se quiere revestir el vino de mucho cuento, y la mentira tiene las patas cortas. Cuando te quieres batir el cobre con la gente del vino de calidad, es muy difícil que se la cueles”.

¿Y veinte años después, está el paisaje alrededor como esperaban? “El primer día, tomando café de sobremesa en el Palacio de la Duquesa de Medina Sidonia, ya intuimos que podía llegar a pasar lo que ha pasado. Y acordamos hacerlo, aunque se tratara de un hobby, de la manera más profesional. De todas formas, Equipo Navazos sigue teniendo un futuro espléndido y quizás nuestra retirada en el corto o medio plazo podría ser una oportunidad para el crecimiento en manos de quienes nos sucedan”, comenta Barquín.

“No nos ha dado trabajo, nos ha dado disfrute...”, tercia Ojeda. “Aquí estamos pero con veinte años más, nunca hemos pensado en el futuro, sino en el mañana o en el próximo fin de semana. Mientras que lo disfrutemos...”

“Y siempre con las maletas hechas...”, remata con media sonrisa Jesús Barquín en la cotizada mesita interior del rincón de su Sevilla donde mejor valoran y se paladean los vinos tradicionales andaluces, la taberna de Manolo Cateca.

Los pioneros de los antes llamados 'vinos de pasto'

“Me ha decepcionado que han pasado cinco años desde que sacamos el Navazos Niepoort (2008) y pensaba que ya habría una docena de jóvenes que siguieran por ahí”, comentaba Barquín en una entrevista en 2013. La pujante ola de los vinos blancos gaditanos sin fortificar tuvo su epicentro en Equipo Navazos en ese 2008. “No vamos a renunciar a ese carácter pionero”, deja claro Ojeda. “Con que tengas veinte botas, lo metes allí cuando lo fermentas, o incluso lo fermentas dentro, y para la siguiente cosecha las vacías y ya tienes para otras 10.000 botellas. Con unas pocas hectáreas tienes cada año tu vino en el mercado. No puedes hacer ni siquiera un fino de cuatro años, necesitas mucho dinero. Eso lo creamos nosotros de forma indiscutible y al año siguiente empezaron a salir Fernando Angulo, Forlong”, recuerda Barquín. Se congratulan de que hayan rectificado ese nombre inicial de “vino de pasto”. Ahora se habla de vino de “albariza”, preciosa palabra. “Es un error querer buscar tu nicho propio de mercado. Es vino blanco, ya está... Se trata de reflejar el origen, la viña”, enfatiza.

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