Entre bambalinas Fieles al Carnaval

  • La fiesta necesita gente dispuesta a pensar en el buen común, preparada para construir un futuro repleto de posibilidades

El cuarteto, la modalidad estrella de la distancia social.

El cuarteto, la modalidad estrella de la distancia social. / J. L. P.

Es tiempo de Feria. O de Festival de Cine. O de poner las luces de Navidad. Sinceramente, viendo los plazos que maneja Málaga en estos últimos días es normal que exista la incredulidad, e incluso cierta desorientación. Es la primera vez que en agosto conviven una celebración suspendida, otra aplazada y los preparativos para otra que comenzará en cuatro meses. Por si no fuera poco, el Carnaval se hace presente en este espacio. Toca hablar con el corazón abierto.

La misma incertidumbre que planea ya sobre el inicio de curso lo hace sobre la fiesta del invierno cálido. El escenario de la pandemia es imprevisible porque los millones de habitantes del país lo son desde la visión parcial del individuo. Por tanto, adelantar un horizonte definitivo se hace improbable a cinco meses de distancia. Eso sí, la Fundación del Carnaval trabaja en distintos escenarios para que Málaga no pierda una de sus fiestas con más posibilidades de crecimiento, como dijo Raúl Sender en su pregón: “el mejor Carnaval de España si nos lo proponemos”.

Hace unos días decía una política de nivel nacional que la discrepancia no es sinónimo de deslealtad. Y se me hace difícil entender que pueda haber amantes del Carnaval dispuestos a ponerle la zancadilla a la fiesta en sí. A lo que simboliza y significa: libertad, crítica, emoción, color, alegría, diversión... A veces parece que nuestra fiesta más desinhibida está atada por muchos cabos de los que tiran a la vez múltiples agentes dispuestos a llevarlo a su terreno. Y, en medio de todo, Momo ya se ha terminado de marear y parece que no puede mantenerse en pie por sí mismo.

Y fieles es lo que el Carnaval necesita. Gente dispuesta a crear una tradición o manifestación cultural sin mirar el montante de los premios. Sí, sé que son los que permiten que el año siguiente salgan grupos de canto, fantasías o grupos de animación, pero… ¿y los que no reciben premios y aun así vuelven a cantar o bailar a la fiesta? Hay gente dispuesta a salir a disfrutar sin que haya recompensa económica institucional. No quiero decir con esto que no se entreguen premios, al contrario: hay que afianzarlos en tiempos difíciles. Pero es la hora de pensar más allá para hacer más grande febrero.

Todo ello se puede hacer desde la discrepancia. Desde la defensa de lo que se entiende justo, sin aspavientos ni aires de importancia porque un día conseguimos algo que forma parte de la madura historia del Carnaval reciente. Pensando en el bien común, que es lo que la fiesta necesita. Dispuestos a construir porque, como es el caso, al final todos damos un paso atrás para que vengan otros a mejorar lo que hicimos. Para hacer el mejor Castell hace falta que unos sean la base y otros alcancen la cima…

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