La Murguita conmueve el Cervantes y la compañía del Valle lo sublima
El Cervantes vibra en la apertura de las semifinales con otra extraordinaria función de la comparsa de Alhaurín y se deleita con el desparpajo de Los Desamparados
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Percibir un cambio histórico en tiempo presente resulta harto complicado. Y puede llegar a resultar temerario en esta sociedad de etiquetas y viralidad. Pero en las raíces del Cervantes se sintió este domingo un efecto de renovación de la mano de la comparsa de Fátima y La Murguita. Un viraje hacia una manera de cantar donde el gusto toma el lugar de la potencia y la escenificación cobra más sentido y peso. Un relevo en el humor, el tantas veces demandado, que llega de manera natural con un familia de amigos que lleva la interpretación como oficio desde pequeños. Dejemos a los relojes de arena hacer su trabajo.
Niños y mujeres, el cordón umbilical de la relación más simbiótica de la vida, fue también el puente de un arranque conmovedor de semifinales. Padres estresados ante la vida escolar y una compañía femenina de teatro, dos ideas distintas de familia que calaron en el patio de butacas.
Todos los comienzos llegan con pasión. Pero sorprendió la intensidad del primer día de semifinales. O quizá solo fue la consecuencia de las propuestas, la mayoría muy bien encajadas por los aficionados. La Comparsa del Valle, sublime, se llevó la ovación más estruendosa de la noche, que también dejó pedreas para La Murguita, quién diría que era su primera en unas semifinales; Los arbadacarba, con un Merchán mostrando su conexión con el Cervantes, y la sauna de Los ahumaos. Los trapos sorprendieron con las letras de sus pasodobles, mientras que las de La Cura no terminaron de funcionar.
Todo ello en el contexto de un Cervantes animoso e interactivo, generoso a la hora de premiar lo que le gustó y elocuente también en sus silencios. Por eso, la sesión más breve de las cuatro terminó haciéndose más corta aún.
Los desamparados | Conmovedora interpretación de los chavales
La murguita cumplió el sueño de cantar compitiendo en el Cervantes. Vaya por delante que estos niños, en su primera participación como adultos, merecerían la condescendencia de cualquier crítica. Pero es que su actuación no la necesitó ni por asomo. Realmente tierno y divertido resultó su pase abriendo la sesión. El futuro es de ellos, pero es que puede que lo sea de manera inminente.
Si alguien pensaba que los lógicos nervios se los iban a comer, nada más lejos de la realidad. No solo los controlaron, es que interpretaron con arte, categoría y aplomo. Metieron parodia y golpes de última hora. Y redondearon una interpretación en la que se notó la formación cuartetera de algunos de sus componentes y la amistad de tantos años. Solo nos recordaron que son niños cuando el público les despidió con una ovación y rompieron a llorar de felicidad.
Presentación
La primera pieza nos traslada el estrés de esos padres y madres con todo el batiburrillo que exige la preparación a los niños y que, en la puerta del colegio, siempre deja la sensación de que algo se olvidó. Aquí van sacando su faceta interpretativa. Y a la par que los meten en el grupo de WhatsApp del Ampa, ellos ya se meten al público en el bolsillo.
Pasodobles
En sus letras más críticas reluce la paradoja de que el tipo que representan podría estar dirigiendo el mensaje a esos niños que son bajo el disfraz. Como en el primer pasodoble, que narra la dificultad de navegar por la mente cambiante e indescifrable del adolescente. El remate, que pasa por llevar a los hijos a terapia, lleva el recado para Juanma Moreno, que, “como con las mamografías, se está haciendo bien el loco”. El segundo lo cantan como padres y madres que se irritan por los ‘privilegios’ vacacionales de los maestros para acabar llevándolo a un comentario muy presente en las casas hoy en día: “El maestro no es su padre”.
Cuplés
La tanda de La Murguita nos revela en su primera letra a un niño con talentos que Santiago Abascal celebraría y ya preparado para trabajar en el Ayuntamiento. La segunda es una conversación madre-hija en torno a un libro de educación sexual en el que similitudes con la familia propia se van al traste en la comparación del tamaño con el órgano genital patriarcal.
Popurrí
Se hace muy ameno y es defendido de manera sobresaliente. La cuarteta del parking eleva su dicción y preparación, mientras que hilan risas con esa cuarteta del “pone que se mejore”, el (des)concierto de flauta y los piojos del calvo. Preciosa la metáfora de su despedida con un símil carnavalero.
Los trapos | Letras para poner su nombre en la quiniela
Los bosqueños dieron un evidente paso adelante respecto a semifinales y mostraron sus credenciales, especialmente en su tanda de pasodobles. Un grupo que suena bien y potente, aunque mejorable en la ecualización de volúmenes en algunos momentos del repertorio. Que nadie tache aún su nombre de las quinielas.
Presentación La introducción a la vida de esos muñecos es algo redundante de letras, aunque musicalmente les sirve para conectar con el público y para empezar a competir. Clásico final con repetición para ir creando ambiente.
Pasodobles
El primero ofrece enfoque muy acertado de Málaga como cenicienta y que, a base del rechazo de los grandes proyectos perseguidos por el alcalde y no logrados (citan Mundial, Expo y Copa América), han desembocado en la lejanía con un pueblo que es orgullo de Andalucía. Crónica política y social. El bullying y el suicidio, tan cantado en estos carnavales, saben canalizarlo a través de la narración de la víctima como muñeco, y no como ser humano. Muy bien rematado en las flores, por derecho, y recibido con fuerte aplauso en el teatro.
Cuplés
Sorprende gratamente que abran la tanda hablando de la Comic-Con y sus colas, una propuesta diferente. Lástima del remate de pelo previsible. El segundo cuplé describe a Jorge Javier Vázquez con un desarrollo bastante gracioso y que al final nos lleva a un doloroso descubrimiento: en realidad, es el hijo de Ken y Carmen de Mairena.
Popurrí
Este grupo, que no maneja tanta versatilidad como otras comparsas, se sustenta en su potente cuerda de tenores. No da para muchos alardes, pero sí despliega contundencia y seguridad en la interpretación. Las cuartetas llegan más desde la música que desde las letras, que redundan en torno al muñeco de trapo, una idea en la que durante algunos pasajes les cuesta aportar algún foco más diferencial.
Los arbadacarba | El conjuro era la magia del Cervantes
Merchán ha tenido unos últimos años guadianescos en el concurso, pero desde luego las ausencias no le han hecho olvidar cómo se invoca la magia del Cervantes, que acabó entregado a su caldero de pegotes. Yendo claramente de menos a más, tanto en la misma sesión como de preliminares a semifinales, habrá quien le podrá achacar que su manera de hacer humor es invariable; habrá quien lo llamará sello. Cada cual que se acoja a su teoría, pero lo cierto es que el público acabó en pie tras una actuación que se volvió especialmente contagiosa en el popurrí.
Presentación
Punto muy positivo recurriendo a Antílopez y La Gatita Presumida (también hay otra para abrir el popurrí). Ahora que se van a separar, sus músicas, tan ligadas al Carnaval, son un recurso de buen gusto siempre. Esta pieza es la menos potente del grupo. Se echa en falta alguna parodia más novedosa para sorprender aquí, pues la estructura de la presentación invita a ello.
Pasodobles
Cantarle al Málaga un pasodoble siempre es bien. Merchán lo hace con una letra que apela de manera sencilla al aficionado blanquiazul, al que directamente lo convierte en el conjuro que podría reverdecer los tiempos de gloria en Primera y en la Champions. El segundo reivindica Andalucía en el nombre de referentes históricos de la comunidad, un recurso que no sorprende a estas alturas. Se le han cantado ya muchos cuplés al domador de calculadoras gallego, Alberto Núñez Feijóo, pero el autor opta por un pasodoble en esta ocasión.
Cuplés
A partir de aquí, Merchán empieza a competir como él sabe. Sus acertados pegotes al presentar los conjuros, alusivos a otros rivales de la modalidad, van creando el caldo de cultivo perfecto con el respetable. El primero, de rrrrrrrabiosa actualidad, porque la actualidad es menos rabiosa con una sola erre, escenifica un remate previsible con el ambiente gay de Torremolinos, pero arranca la carcajada con la alusión final a José Antonio Pino y esa nada indiferente comparsa de drags que se quedó en el corte. Cuplé concursero que funciona. El segundo hila bien algunos términos que usa la juventud de hoy. La hostia que se lleva del padre por hablar así se va viendo venir, pero es buen momento para recordar lo emotivo de ver a Merchán cantando con su hija Paula a su izquierda. “Málaga, no te arregla ni un conjuro”, el remate del estribillo, pone de manifiesto el poso crítico de Merchán en los últimos años.
Popurrí
El grupo llega a la pieza final ya muy suelto y disfrutón, y se crea una química bonita con el público. La cuarteta de la suegra-gato, los pegotes y la música contagiosa de las pócimas que traen (muy merchenaria, sin duda) y la cuarteta sobre la magia negra con los sones de la Macarena terminan de cautivar al respetable, que los despide en pie tras habérselo pasado muy bien con ellos.
La cura | Unos chamanes fríos e irregulares
Si los conjuros de Merchán funcionaron, los chamanes granadinos no lograron invocar un buen resultado. Su actuación, que pinchó considerablemente en los pasodobles, estuvo presidida por la irregularidad y la frialdad. Tan pronto sacan partido a la luminosidad de la escena con sus luces de flúor y forillo dinámico como su atuendo resulta difícil de descifrar conceptualmente más allá de sus calaveras (muy logradas) en la cabeza.
Y tan maravilloso es el carácter mixto de esta agrupación sin género como difícil armonizar esas voces, varias de ellas muy bellas, pero que nos recuerdan que eso de “comparsa bien empastada” no es un tópico, sino una de las principales vértebras en la modalidad. Esa ausencia de sonido coral, pese a que traen un buen trabajo musical, les pasa factura en algunos momentos de su pase. Quizá también con una disposición que podría haber mejorado el resultado final.
Resulta muy complicado sacar una comparsa y aunar todos los factores que se necesitan para alcanzar la brillantez. Este grupo es interesante, pero hay años con mejor resultado que otros. Y en ello no hay drama, sino aprendizaje. Porque sin tener grandes achaques que hacerle más allá de la elección de los pasodobles, la propuesta nazarí no termina de calar.
Presentación
Aunque gusta y crea un buen aperitivo, aquí ya se percibe una sensación muy presente en toda la actuación: las músicas llegan a hacer algo largas. No es una cuestión temporal, sino de dinamismo.
Pasodobles
La elección del primer pasodoble debe estar justificada en una experiencia que haya marcado bastante al autor, porque resulta bastante complicado empatizar con ella. Versa sobre la ilusión de ir a ver un concierto en el que, por sorpresa, los acaban metiendo en la zona de Movilidad Reducida. A buen seguro, la temática y su desarrollo sin giro final les penalizará bastante. El segundo apela a una conversación padre-hijo que acaba condenando el parricidio y abrocha una tanda floja de la suerte estrella de la modalidad. Cuplés
Cuplé
de comparsa dedicado a los cuplés de comparsa cantado como los cuplés de comparsa. Les honra que lo reconozcan. El segundo, ya sin ese maquillaje de dignidad, es en un cuplé de comparsa cantado como cuplé de comparsa que no está dedicado a los cuplés de comparsa. Tampoco aquí les ayuda que la estructura de los cuplés sea tan larga.
Popurrí
En el popurrí se mojan (gracias). Su momento cumbre, de esta pieza y del repertorio es esa tan agradable cuarteta con estribillo: “¡Pachamama Chamán llaman a Momo como dios de nuestros carnavales!”. Esta pieza nos deja claro que con una idea mejor hilada en su conjunto algún día podrán dar un zarpazo en las puntuaciones del jurado.
Los ahumaos | Roquetas al desnudo
Esta murga suele gustar tanto en Málaga que a buen seguro más de una persona estará implorando que se pongan el albornoz cuando canten en la calle. Norman y los suyos vienen siempre muy trabajados musicalmente y en la interpretación apenas salen con una toalla, pero lo cierto es que cada año se desnudan cuando vienen a nuestro Carnaval. Y lo que Momo ha unido, que no lo separe una sauna. Vinieron sudando y se marcharon con el calor del Cervantes.
Presentación
La réplica a los Leones por su robo de la toalla para comenzar la presentación fue una gran manera de romper el hielo (ejem). Porque al Cervantes se viene a concursar, y el Carnaval es un arte vivo que exige estar al día, al minuto y al segundo. Más en murga, donde este mundo viral exige renovar pegotes con los que sorprender. Aunque es inevitable por definición, se agradece que no hay sobredosis de golpes escatológicos.
Pasodobles
Sueltan con una ración de andalucismo puro y duro en el primer pasodoble. Y aunque suelen desarrollar su repertorio sentados, con la dificultad torácica que ello conlleva, no pueden evitar levantarse para el remate, bien canalizado desde la música. El segundo es para el rey emérito. Sería interesante medir si ha sido más veces cazador en sus safaris o cazado en las letras carnavaleras.
Cuplés
La tanda gusta y llega. Porque llevan Málaga muy dentro, algo que les recuerda un bañista de Guadalmar que les sorprende por la retaguardia, y porque ponen sobre la mesa una original propuesta: los problemas de sudoración de una señora que acaba encontrando un trabajo sui géneris en el Aquapark. El estribillo es de esos de construcción noventera que no rompe pero prende la sonrisa.
Popurrí
Roquetas sabe armar las cuartetas, sin duda. La eurovisiva de los carbones desparramados, la ruptura del tablón del Ikea y la sauna del suegro de Pedro Sánchez nos lo dejan claro un año más. Su cierre de popurrí nos recuerda por qué los roqueteños son hijos adoptivos de Málaga: tanto su canto como el aplauso del público llega desde el corazón.
La comparsa del Valle | El dulce musical de la literatura
La comparsa de Fátima dejó las bocas y las carnes abiertas. La dulzura de su interpretación también supuso una moraleja pedagógica y necesaria en el concurso: no hace falta gritar para transmitir. Sus voces se diseminan por el teatro para conectar directamente con la piel en esta oda a la literatura de Dede Cortes.
La escena, el vestuario y el maquillaje meten en la escena de esta compañía teatral desde el minuto uno. Esta elegante propuesta se convierte en un musical que discurre por los clásicos de nuestra literatura y que emociona con sus voces. El listón lo han puesto bastante alto.
Presentación
Su puesta de largo es purista. La compañía de la familia del Valle llega con una presentación directa y en cuyas letras se filtra también veladamente esos 13 años de espera sin Carnaval. Y ya nos han un avance del juego de voces y el carácter interpretativo de sus intenciones en esa Plaza Alta que traen desde Alhaurín.
Pasodobles
El primero, que arrancan cogidas de la mano y con rictus de compromiso, denuncia la superficialidad en la que se quedan las reacciones oficiales tras el asesinato de otra mujer. La lacra del maltrato en torno a la figura de Victoria, vecina de Alhaurín el Grande en esa “lista interminable” que lamentan durante el desarrollo y que termina con el teatro en pie. Después, Dede Cortés, muy al tipo, edifica un piropo a Málaga a través de títulos de obras y personajes de la literatura española, incluso con algunos de sus pasajes recitados por una de sus componentes recitándolos en una actuación innovadora.
Cuplés
Comienzan con otro pitido de orejas para Teresa Porras con una historia que les lleva a pensar que la concejala está “ciega” ante los problemas de la basura. Luego, con la excusa de la retirada de los coches de caballos, hacen un repaso por los problemas de la fauna español para respirar aliviadas, celebran, porque “hasta la presente de los conejos no han dicho nada”. El estribillo, sencillo, potencia también su idea. Rematado con el “Gracias por venir” con el que el vedetismo de Lina Morgan creó un himno de despedida y reconocimiento a esa conexión de los artistas y el público en la era dorada del teatro.
Popurrí
Durante algo menos de diez minutos, el tiempo se rebobina en el Cervantes, que vive un musical bajo la batuta de la cantante y actriz María Gazares. Su maravillosa vis tragicómica amplifica todo el desarrollo de un repertorio que nos pone a estudiar a nuestros grandes dramaturgos. Se agradece el esfuerzo de Dede de aunar la fuerza del Carnaval con los códigos del teatro. Hay un momento que lo sublima todo: la elegante cuarteta a la maternidad, en la que también cuentan con una violista, Celia Viñolo, para conferir a la escena más delicadeza. Aquí no necesitan interpretar, lo cantan y lo sienten en primera persona.
Cabe destacar también la deconstrucción machista de los mitos de Doña Inés, Rosaura o Adela, de nuevo con la maestría de María Gazares a la cabeza. El popurrí, que da la importante que tiene tener a los buenos engarces, acaba, cómo no, con la alusión a Calderón de la Barca. Porque los sueños, sueños son. Y los de esta temporada, sin duda alguna, resultan inmensos.
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