Fragmentos de una mujer | Netflix La propiedad del duelo

Shia LaBeouf y Vanessa Kirby, protagonistas de este drama sobre la pérdida y el duelo. Shia LaBeouf y Vanessa Kirby, protagonistas de este drama sobre la pérdida y el duelo.

Shia LaBeouf y Vanessa Kirby, protagonistas de este drama sobre la pérdida y el duelo.

En la que es su primera película norteamericana, canadiense para más señas, el húngaro Kornél Mundruczó, otrora protegido de Béla Tarr (Johanna) y presencia recurrente en Cannes abanderando el cine de autor de su país (Delta, White god, Jupiter’s moon), aborda el retrato de una pareja en crisis después de perder a un hijo tras las complicaciones de un parto casero.

Tal vez para dejar más huella de la tragedia, el cineasta elige abrir su película con la dilatada secuencia del parto, rodada casi en tiempo real y en plano secuencia, decisión tan virtuosa como controvertida que se mueve entre la fidelidad realista y un cierto sensacionalismo que han sido siempre marca del autor.

Superado el duro trago, Fragmentos de una mujer se abre entonces a una serie de cortes temporales puntuados por metáforas obvias (el puente que se construye, las plantas que se marchitan, las nuevas semillas que brotan…) que dan cuenta de la vivencia inmediata del duelo, la distancia y la frialdad que se instala en la pareja, también de sus complejas relaciones con la familia de ella (Vanessa Kirby, premiada en Venecia), liderada por una madre manipuladora (Ellen Burstyn) que intenta llevar las riendas de una demanda contra la partera como vía de restitución por la pérdida.

La cinta se abre así a demasiados caminos y tramas más allá de lo que promete su título, aunque parece evidente que el foco de su interés, no siempre conseguido, reside en la cercanía a una mujer encapsulada en sí misma que ha decidido gestionar el duelo a su manera, vivirlo de acuerdo a sus propias decisiones, lejos de las injerencias de su pareja (Shia LaBeouf) o su familia. Hacia ese proceso catártico se dirige un filme irregular que echa demasiada materia argumental al asador (el pasado judío de la madre) y algún que otro balón fuera (la salida del marido) a la hora de ser fiel a esta mirada femenina y feminista.